Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Políticamente incorrecta   -   Sección:   Opinión

Vamos a peor

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
sábado, 10 de febrero de 2007, 09:50 h (CET)
Todo comenzó en el año 2000, año en que la derecha española alcanza aquello que, según una izquierda sectaria y antidemocrática que, creyéndose moralmente superior, sólo permite a ésta gobernar un ratito y si no queda más remedio, le está vedado: mayoría absoluta. Es en ese momento cuando los progres comienzan a ventear que les quedaba oposición para rato. Así que, el mismo instante en que José María Aznar arrasaba en las urnas, comenzó a extenderse sobre media España un cordón sanitario. Eso sí, por entonces aún envuelto en buenas palabras y celofán. Pero el objetivo ha sido fijado: hay que expulsar a la derecha del gobierno e imposibilitar su vuelta al poder. Y todos deben colaborar en su consecución. Políticos, militantes socialistas, cantantes, actores, escritores, juntaletras, catedráticos, periodistas, fiscales… hasta el último zombi o durmiente tiene que despertar.

Pese a aparecer ya difuminado por el paso del tiempo y el ritmo frenético
que los hechos nos han impuesto, Rodríguez Zapatero, durante sus primeros
años en la oposición hablaba del “cambio tranquilo”. ¿Recuerdan la “tercera
vía” que propugnaba? Poco duró. El campeón del talante se dedicó durante un
tiempo a convencer a los ciudadanos de que él había conseguido llevar a José
María Aznar por la buena senda en la lucha antiterrorista, al proponer y
firmar el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. Le siguió el
Pacto por la (in)Justicia. ¿Qué fue de aquellos pactos? Fueron dinamitados
en el mismo momento en que Rodríguez pisó La Moncloa.

Después del numerito, que no fue más el ensayo del asalto totalitario al
poder, organizado por la cosa aquella del “Nunca Mais” –ahora tienen su
propio “Prestige” en Algeciras y por ahí no se ha visto aparecer a ninguno
de estos hipócritas salvapatrias que sólo consideran como desastre ecológico
una victoria electoral del PP-, le siguió la campaña contra la guerra. Irak,
la guerra, los muertos importan un pimiento. Lo importante es acabar con el
PP. ¿Recuerdan a Angels Barceló, tan sectaria ella, retransmitiendo las
campanadas? ¿Recuerdan a los cargos socialistas desfilando detrás de
carteles en los que aparecían las caras de los diputados populares con la
gráfica expresión: “asesinos”? ¿Recuerdan al vociferante Bardem? Poco a
poco la violencia fue en aumento. Comenzó la cosa con algún bote rojo de
pintura lanzado contra la fachada de alguna sede popular y acabó en
agresiones a sus militantes, cargos públicos, simpatizantes e incluso
empleados –en Majadahonda (Madrid) el guarda de seguridad de la sede tuvo
que ser atendido de las lesiones causadas-. A cosificar, a cosificar…

El cúlmen fue el asqueroso golpe mediático (y, por cierto, el terrorista
suicida de la SER sólo fue una más de las manipulaciones que sufrieron los
traumatizados ciudadanos esos días) orquestado a raíz de los atentados
terroristas del 11 de marzo, cuando la izquierda literalmente cercó las
sedes de los populares y los medios de Polanco se volcaban en la
convocatoria. “Vuestra guerra, nuestros muertos”, “asesinos, asesinos”,
“¿Quién ha sido? ¡Queremos saber!” (ahora ya no quieren saber nada).

Pronto, una vez que Sonsoles practicaba el buceo en las piscinas de la
Guardia Civil, nos percatamos de lo que será la legislatura: íbamos, sin ser
consultados, a ser conducidos a una segunda transición que pasaría,
inevitablemente, por la legitimación del terrorismo, la alianza con
separatistas y comunistas y la destrucción de España como Estado-nación.

Pero en el plan de perpetuación en el poder surgió un problema, un escollo:
el PP demostró que su base social era mucho más sólida de lo que nadie había
sospechado. Y la oposición, con todo en contra, había obtenido casi 10
millones de votos. Y tres meses después de las generales, contra todo
pronóstico y estadística, empató en las europeas con el PSOE. Y encuesta
tras encuesta queda claro que su base electoral se mantiene firme. El PP
sigue, pues, pese a todo, siendo alternativa de gobierno. Por lo tanto, hay
que destruirlo. Como sea. Y es que para el delito lo mejor es no dejar
testigos. Resultan incómodos.
Y en esas estamos: en el intento de legitimación del terrorismo y
destrucción de la oposición. De ahí la operación de tratar de romper el PP
en dos (dividiendo a los populares en "extremos" -los molestos- y los
moderados" -los sumisos al socialismo o, en su defecto, al imperio mediático
que lo ampara-, con el inevitable Gallardón por medio). De ahí que las
víctimas del terrorismo sean insultadas desde el gobierno. De ahí el
nombramiento, ya fracasado, de Peces como Comisario para el control de
víctimas. O que el número dos del PSOE, José Blanco, se atreva a ofender a
la familia Blanco o a un enfermo de polio. O que la señora vicepresidenta
–qué está más mona posando sobre abrigos de pieles en el Vogue- se permita
el lujo de dividir manifestantes en buenos y malos. De ahí las declaraciones
del “rojo justiciero de las mujeres”. De ahí la Ley de la Memoria Histórica.

En las últimas semanas, el gobierno de ZP, desnortado por la resistencia del
centro-derecha y noqueado por el fracaso de sus enjuagues con los criminales
se ha ido quitando la careta. Del talante al cordón sanitario. De ahí que
El País publique una “cosa” vomitiva y nazi en la que se afirma que el
asesino de Blanco y el partido de Blanco son lo mismo. De ahí que Luppi,
seguramente necesitado de algún contrato o subvención, venga a rebuznar por
aquí. De ahí el nombramiento del sectario y totalitario fiscal Mariano
Fernández Bermejo (“soy de izquierdas y actúo como tal”) como Ministro de
(in)Justicia (¿llevará consigo como secretarios de estado a Jiménez
Villarejo y al juez Carlos Fanlo?). De ahí que les moleste tanto que suene
el himno nacional. De ahí su alergia a la bandera de España. Y es que todo
eso va contra su plan.
¿Creen que la cosa ya no puede ir a peor? Estén atentos a las noticias.

Noticias relacionadas

Hacer República

J. Hernández, Málaga

Un blanco sueño por Astún (Huesca)

V. Rodríguez, Zaragoza

La Navidad, Trump y los demás

M. Ferraz, Barcelona

Demasiadas ‘normalidades’

S. Madrid, A Coruña

Un regante alimenta a 155 personas de media al año

D. Martínez, Burgos
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris