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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Libertad de expresión y derecho a la intimidad, también para Érika

Leticia Moreno Pérez (Pamplona)
Redacción
viernes, 9 de febrero de 2007, 22:29 h (CET)
"Era de una timidez y de un "reservao" ya excesivo. Yo creo que era una mujer llena de problemas. Yo la vi muy triste". Tras declaraciones como éstas, oídas la tarde de ayer sobre Érika Ortiz, creo que yo, como estudiante de Comunicación Audiovisual, y toda la profesión periodística deberíamos reflexionar sobre nuestro verdadero cometido, y las consecuencias y los límites que conlleva.

Hay preguntas que no podemos seguir eludiendo por más tiempo, escudándonos en nuestra tremenda curiosidad, nuestras ganas de informar y de expresarnos. Porque, ¿quién es un periodista para decir que alguien fue "excesivamente reservado"? ¿Qué hay del derecho a la intimidad de los ciudadanos?

Y, ¿qué hay de la justicia? ¿Puede un muerto defenderse?

Y, en definitiva, ¿acaso eligió Érika estar en el punto de mira día y noche?

Estos días hemos podido contemplar de nuevo con espanto cómo la impiedad es algo que está a la orden del día. Hemos visto a algunos, que se hacen llamar "periodistas", incapaces de ponerse en el lugar de una niña de seis años, de una madre desesperada por esa falta de intimidad y de compasión, de familias destrozadas, de unos españoles de bien que, como es lógico, también se sienten apenados. Porque, en el fondo, ¿quiénes somos para juzgar, para ponernos por encima de otras personas, para creernos dueños de su interior y elucubrar unas causas?

Se ha visto claramente en este caso cómo los buenos periodistas no lo son por dar la máxima información posible, sino por darla de la mejor manera posible, sin olvidar nunca a ese verdadero alguien por y para el que se escriben las noticias: el pueblo normal y corriente. Desde aquí quería hacer un llamamiento para que nuestras ganas de informar, de dar nuestra opinión, no nos quiten humanidad, no nos hagan olvidar que hablamos de personas como nosotros, que merecen la misma comprensión, el mismo respeto con el que hablaríamos de nosotros mismos.

Mi sincero apoyo, cariño, respeto y oraciones por todos los familiares de Érika.

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