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La próxima visita de Putin no es un acto formal

Marianna Béleñkaya
Redacción
viernes, 9 de febrero de 2007, 22:29 h (CET)
Los días 11, 12 y 13 de febrero el presidente de la Federación de Rusia, Vladímir Putin, visitará Arabia Saudita, Qatar y Jordania.

De por sí, esta gira puede considerarse histórica, ya que nunca antes un jefe del Estado Ruso visitara esos países, salvo la asistencia en 1999 del primer presidente de la FR, Borís Yeltsin, al entierro del rey de Jordania, Hussein. Tanto Rusia como los Estados árabes esperan que esta visita sea enjundiosa y fructífera.

Un rasgo característico es que solamente los últimos años, durante la presidencia de Putin, comenzó a desarrollarse activamente la cooperación entre Rusia y esos tres países. Así que su viaje al área es muy esperado. Desde 2001 el rey de Jordania, Abdullah II, visitó Rusia en seis ocasiones. También estuvieron de visita en Rusia el emir de Qatar, Hamad bin Khalifa al-Thani (2001) y el rey hereditario de Arabia Saudita, Abdullah bin Abdel Aziz Al Saud (2003). Precisamente en esa época (2001-2003) comenzó a desarrollarse intensamente la cooperación económica de Rusia con esos Estados y se mantiene un franco diálogo político.

Estos años marcaron un viraje en la historia de Oriente Próximo. Los atentados terroristas del 11 de septiembre en EE UU, el derrocamiento del régimen de Husein en Irak, el fracaso del proceso de arreglo mesoriental por vía negociada - el mundo está cambiando; también se operan cambios en el equilibrio de fuerzas en el área y en las relaciones recíprocas de los países de Oriente Próximo, cambia su actitud hacia el resto del mundo, y lo que es principal: cambia la manera de interpretar sus problemas internos que de improviso resultaron expuestos a la consideración de todo el mundo. En primer lugar, procede señalar los programas tendentes a reformar el sistema político de los países árabes y el problema de radicalizar el Islam.

En este período se observan también procesos interesantes en Rusia: se viene diversificando la política exterior que denota siempre mayor distanciamiento de Occidente en comparación con la década del 90; se registra la aspiración a asegurar la estabilidad interna, también a costa de mantener el equilibrio interétnico e interconfesional, a lo que contribuye en grado sumo el factor islámico. Rusia aboga de manera siempre más perseverante por el papel de intermediario entre Occidente y Oriente. Todavía es prematuro hacer conjeturas respecto a su éxito. Pero es un hecho la aproximación sin precedentes con el mundo islámico, el interés por intensificar los contactos de negocios con los países árabes y las importantes iniciativas adelantadas en el ámbito del arreglo mesoriental, lo que caracteriza la política rusa de los últimos años que goza de confianza de Oriente Próximo. No es casual que en 2005 a Rusia se le confiriera el estatus de observador en la Organización de la Conferencia Islámica y en 2006 se creara el Grupo de Visión Estratégica “Rusia-Mundo Islámico”.

En realidad, se intenta elaborar una visión común respecto a las crisis regionales: el conflicto palestino-israelí y las situaciones en Irak, Afganistán, el Líbano e Irán. También procede señalar la coordinación de intereses en el Cáucaso y el Asia Central. Moscú aplaude la ayuda que a los musulmanes rusos les prestan los países islámicos interesados en que éstos no utilicen el factor nacional y religioso en contra de Rusia. A su vez, la otra parte necesita también el apoyo de Moscú en la lucha contra la islamofobia. Hay incluso países que quisieran que Rusia jugara el papel de equilibrio a la influencia de EE UU en la región.

Sin embargo, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, dijo:”No nos proponemos rivalizar con ningún país en ninguna región. Aspiramos a la cooperación. Rusia ha mostrado y muestra mucho interés por la región del Golfo Pérsico y por Oriente Próximo en general, porque tradicionalmente nuestro país mantiene relaciones muy estables y profundas con esta área. La cooperación con algunos países de la región alcanza un nivel cualitativamente nuevo. Vemos que los círculos de negocios de esos países están interesados en desarrollar relaciones con sus partenaires rusos. Además, con respecto a toda una serie de problemas internacionales, muy importantes y complicados, según dicen en tales casos los diplomáticos, nuestras posturas son muy afines o incluso coinciden”.

Dicho en otros términos, las relaciones de Rusia con los países del área, incluidos aquellos que tradicionalmente se encuentran en la esfera de influencia de Occidente (Qatar, Arabia Saudita y Jordania) se estructurarán sobre una base recíprocamente provechosa en lo relativo al ambiente político y al económico. A decir verdad, este último se rezaga aún del ritmo de desarrollo de la cooperación política.

El comercio con Qatar se evalúa tan sólo en 55 millones de dólares US, 50 millones de los cuales corresponden al suministro de camiones KAMAZ rusos. Aunque en 2005 el comercio con Jordania casi se triplicó, pero sigue siendo modesto: 140 millones de dólares US. Sin embargo, durante once meses de 2006 el giro de mercancías alcanzó el índice record: 250 millones de dólares US.
De los tres países que figuran en la agenda de viaje del presidente Putin, la más prometedora en orden económico es la cooperación con Arabia Saudita. Las cúspides de ambos países se refieren, aunque no oficialmente, a un posible aumento del comercio hasta 2-3 mil millones de dólares US. También con otros países existen perspectivas respecto a la cooperación. Jordania ya ofrece a los hombres de negocios rusos importantes proyectos.

Indudablemente, el sector petrogasífero y la coordinación de la política relativa al suministro de hidrocarburos pasarán a ser ámbito principal de la cooperación. Interesantes posibilidades existen también en otros sectores, entre ellos electroenergético, de transporte, de construcción y científico-técnico, incluida la cooperación espacial. Con respecto a Qatar y Arabia Saudita, un tema nuevo podrá serlo también la cooperación técnico-militar, ya habitual en el diálogo con otros países de Oriente Próximo, incluida Jordania.
De tal modo, se cifran grandes esperanzas en la visita del presidente Putin, ya que no se trata de un acto formal, ni de cortesía.

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Marianna Béleñkaya, para RIA Novosti.


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