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Opinión
Etiquetas:   Política   PP   Pedro Sánchez  

​Ahora utilizarán los tribunales en su estrategia contra el PP.

“Miente, miente, miente que algo quedará, cuanto más grande sea una mentira más gente la creerá.” Joseph Goebbels
Miguel Massanet
jueves, 10 de septiembre de 2020, 08:29 h (CET)

Hoy nos corresponde pensar en lo que está comenzando a ocurrir, desde hace un tiempo, en España y, a fuer de sinceros, no tenemos más remedio que concluir que todo tiene su encaje, su motivación y su explicación, a poco que analicemos la situación en la que se encuentra nuestro Gobierno, los retos que está obligado a enfrentarse y su descontrolada y poco eficaz respuesta a la pandemia del Covid 19, unánimemente calificada por nuestros socios del resto de Europa, como la peor y con más dramáticos resultados de todas las que se han puesto en marcha para intentar, si no acabar, con el virus o, al menos, conseguir disminuir sus efectos y paliar el número de víctimas que viene causando entre los ciudadanos de cada nación.

Durante años han venido utilizando las izquierdas, como medio de atacar al PP y de intentar desacreditarlo ante la ciudadanía española; con buen resultado, si es que nos atenemos a los perniciosos efectos que esta propaganda insistente y despiadada, sobre determinados personajes del Partido Popular, ha tenido sobre los seguidores del partido y sus efectos, evidentemente demoledores, respecto a sus posibilidades de volver al gobierno, pese a los errores garrafales y el desconcierto absoluto de los socialistas que, actualmente, no por sus méritos, sino por su facilidad para extender bulos, crear antipatías, destrozar honras y, por encima de todo, mentir una y otra vez, sin escrúpulos ni vergüenza, han tenido el PSOE y Podemos Unidas, con tal de crear en la opinión pública una suerte de desconfianza, rechazo y repulsa hacia todos aquellos que no forman parte de la idiosincrasia de quienes se han propuesto convertir España en una más de estas naciones que han decidido seguir defendiendo el sistema bolchevique de gobierno.

Sí, es cierto que les ha salido bien la jugada y que, antes de que la Justicia se haya acabado de pronunciar sobre el aireado caso Gürtel, ya ellos se ingeniaron para darlo por juzgado, mediante el eficaz método de utilizar los medios de comunicación, efectivamente tutelados en un 90% por las izquierdas, para condenar desde sus artículos y comentarios a todos aquellos a los que, directa o indirectamente, consiguieron relacionarlos con él, de tal modo que aquellos de los investigados que después se ha demostrado que no eran culpables, pero que, entre la lentitud de los tribunales en pronunciarse sobre el caso y la escasa repercusión que la misma prensa le ha dado a la sentencia absolutoria que han dictado los tribunales, se puede decir que, a ojos de la mayoría de los ciudadanos, han quedado marcados para toda su vida como personas indeseables.

Pero han pasado los años y el PP es otro, con otros dirigentes, más jóvenes y que nada tuvieron que ver con aquellos desgraciados hechos que permitieron a socialistas y comunistas atacar al PP en aquello que más lo pudiera perjudicar: su credibilidad y honestidad. No le podía pasar por alto al Rasputín de la Moncloa, el señor Iván Redondo, cuyo nombre de pila ya delata su orientación moscovita, que no ha tardado en buscar y encontrar, rebuscando en las cloacas del Estado, nuevos motivos, simples indicios, sobre lejanas “conspiraciones” atribuidas a la señora Cospedal y al señor Fernández del PP, sobre en una supuesta intriga para “sopesar” poner en marcha una “nueva operación Cataluña” similar a la que se supone que pudieron intentar el señor Jorge Fernández Díaz y la señora Cospedal en el 2017. No podía faltar, en esta trama, el señor Villarejo, convertido por la izquierda española en el comodín para poner en apuros al PP, pese a que nadie se fía de él ni de sus informes, los propios de un chantajista profesional que ha sabido jugar sus cartas con suma habilidad para evitar acabar condenado a muchos años de prisión, como correspondería a un sujeto de su calaña.

Y todo este jaleo ¿a qué es debido? Pues a lo que aparentemente consistiría en organizar alguna operación secreta para evitar que el “process” en Cataluña avanzase por el camino que ya venían anunciando sus líderes que, como ellos mismos, sin ambages, declaraban en público, querían que culminase con la independencia de Cataluña, aunque ello atentaba directamente enfrentado a la unidad de España y de los españoles, fijada en los artículos de nuestra Constitución de 1978. ¡Tanto interés en denunciar a quienes lo que buscaban era acabar con el intento de dinamitar a España y tan poco, como es evidente que está ocurriendo ahora, en poner al independentismo en su sitio que es, sin duda, fuera de las instituciones y lejos de aquellos cargos desde los cuales puedan seguir en sus intentos de conseguir la independencia; atacando a España, desobedeciendo sus leyes, infringiendo la Constitución, insultando y despreciando al resto de españoles y pretendiendo, imponer sus condiciones a un gobierno que viene demostrando que no le importa ir cediendo terrero a los soberanistas si, con ello, consigue mantenerse en el poder!! El señor Pedro Sánchez, que sigue en esta postura ambigua que lo sitúa tan pronto enfrente de ETA como, al día siguiente, lamentando, sin avergonzarse, el suicidio de un etarra que estaba purgando sus crímenes en un establecimiento penitenciario sin necesidad alguna de hacerlo y llevando la lamentación escrita en el discurso que estaba pronunciando lo que indica que no fue una improvisación del momento, pero ¿no se pudo quedar callado?

No obstante, nuestro presidente, está intentando dar la imagen , de cara a la galería, de ser un gran estadista y, por otro lado ir aventando, con ayuda de sus cómplices en el Gobierno, la ojeriza en contra de la oposición, a la que es evidente que están intentando silenciar por todos los medios a su alcance aunque, para ello, deban usar a la Fiscal General del Estado, señora Delgado, que ya viene dejando claro lo equivocado de que se nombrara a una ministra del PSOE para ocupar un cargo de tanta relevancia y responsabilidad, en el que lo primordial sería la absoluta objetividad, la imparcialidad y la profesionalidad, ninguna de cuyas cualidades tenemos la impresión que concurren en la actual fiscal jefe de los fiscales, como está quedando evidenciado, cuando es obvio que permite que, en el caso del señor Martín Villa acusado por una juez del Ecuador de “genocidio” ¿pero de qué genocidio habla esta señora y cómo se le ha permitido que juzgue a un español que, en todo caso, debería ser juzgado en España?, por expreso deseo de la juez ecuatoriana sea sometido a un interrogatorio de la policía española, petición que le ha sido concedida por la exministra, señora Salgado. ¡Habrase visto humillación semejante! Cuando lo que debería de haberse hecho sería velar por los derechos del señor Villa y actuar en su defensa ante una intromisión en las competencias de la justicia española.

Claro que aquí se juntan los deseos del gobierno de Sánchez de desacreditar, en todo lo que esté en su mano, al partido dirigido por el señor Pablo Casado y, por otra dar, satisfacción a los separatistas catalanes, expertos en negar sus delitos pero, a la vez, en cargar contra cualquiera que venga respaldado por la Constitución española, contra la que dirigen todos sus improperios y amenazas de incumplirla, cuando lo consideren oportuno. Pero ¿de qué se quejan si ellos mismo son el ejemplo vivo de la inobservancia de las reglas de la democracia, esta misma que no paran de esgrimir en apoyo de sus reivindicaciones, olvidándose de que ellos fueron los primeros en aceptar, por mayoría, una Constitución que situaba la comunidad catalana como una más de las 17 que tenemos en España? Cuando se ha visto que, medios de prensa como es el caso de La Vanguardia de los Godó, despliegue, con todo lujo de detalles y utilizando varias de las páginas de su periódico, para darle publicidad y ¡qué esmero y derroche al hacerlo! dándole bombo y haciendo hincapié a un hecho que hace años que sucedió, que no ha tenido efecto alguno ya que, en todo caso, no pasó de ser unas conversaciones que no dieron lugar a ninguna actuación ; significa que el señor Redondo ha tocado a zafarrancho de combate para intentar, con este nuevo caso ( kitchen), darle el último estoconazo al PP, utilizando para ello a la prensa “amiga” que sabe que le va a responder debido a su cooperación íntima con el separatismo catalán y a las ayudas económicas que viene recibiendo de la Generalitat.

Y mientras tanto, la señora Arrimadas, encantada de conocerse, sigue cometiendo uno de los más abominables actos de traición a la patria, al colaborar en darle alas a la izquierda convencida de que, con ello, va a sacar fruto electoral. No queremos dudar de su inteligencia ni tampoco acusarla de estar incapacitada para ocupar el puesto que tiene en Ciudadanos, pero es evidente que, con esta deserción de su partido, los únicos grupos que tenían la posibilidad de acudir juntos a las elecciones, en representación del centro derecha, ha contribuido a que España quede en manos de la izquierda durante más años de los que, probablemente, está en condiciones de resistir, sin que tenga que pagar el alto precio de seguir el camino que la historia ha reservado a todas aquellas naciones que han intentado jugar a ser comunistas y, lo único que han conseguido con este tipo de ensayos, ha sido el caer en manos de dictadores, como es el caso del señor Maduro de Venezuela.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos preocupa que los españoles que no se hayan dejado impresionar por el juego de marionetas que está empeñado en representar el ejecutivo que nos gobierna, a copia de propaganda, de artificios y mentiras, de engaños y maldades demagógicas; puedan acabar dejándose arrastrar por este tsunami, que parece que lleva camino de arrasar España, mediante una combinación de desastre económico, social, industrial, político y ético y que acabe con cualquier atisbo de esperanza para que, en alguna ocasión, el sentido común de los españoles consiga superar esta oprobiosa amenaza de aquellos que, por encima de todo, de la unidad de España y del bienestar de los españoles, están dispuestos a defender, como sea, su permanencia en el poder, aunque ello suponga el desguace y la ruina de nuestra nación. Aristóteles, como siempre, nos ayudará a pensar: “No basta decir solamente la verdad, más conviene mostrar la causa de la falsedad.”

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Casas Viejas 10/sep/20    14:36 h.
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