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Etiquetas:   La tronera   -   Sección:   Opinión

Desde mi viejo escaño

Jesús Salamanca
Jesús  Salamanca
miércoles, 7 de febrero de 2007, 21:45 h (CET)
Visualizo y repaso con detenimiento el video del debate sobre el estado de la Nación, siendo jefe de la oposición Rodríguez Zapatero. Demostró que aún precisaba un hervor para liderar al principal partido de la oposición y, sin embargo, hoy comprobamos que le ha salido todo a ‘pedir de boca’, tras el atentado del 11-M. En aquel momento, contaban las malas lenguas que en Castilla y León estaban muy contrariados destacados militantes socialistas y algunos de los líderes regionales, como consecuencia del planteamiento y el contenido del discurso.

Pocas veces un debate sobre el estado de la Nación levantó menos expectativas; si acaso el morbo de saber cómo se defendería Rodríguez Zapatero ante el entonces presidente Aznar, escurridizo y curtido en mil batallas. Casi olvidados quedan aquellos finos, estudiados y meditados dardos dialécticos entre Felipe González y Adolfo Suárez, acompañados del ingenio posterior y del balance sarcástico de Alfonso Guerra.

En los “mentideros políticos” se dijo que Zapatero era un líder consumido. No pasó desapercibido para el analista político el estado de noqueo en que se encontraba Rodríguez Zapatero durante los turnos de exposición y réplica: confusión, desconcierto, pérdida de papeles, ideas sin hilvanar, tartamudeo, inseguridad, mirada humillada,... Hasta los componentes del otro sector socialista mostraron su sarcástica y huidiza sonrisa al comprobar que su todavía secretario general atravesaba por momentos de agobio y zozobra. Hoy ha aprendido un poco, pero peca de ‘Bambi’ inmaduro.

Las cuatro propuestas de Rodríguez Zapatero destacaron más por “perogrullada” que por iniciativas de interés y, por supuesto, las reiteradas y desencajadas alusiones al Quijote fueron para nota. Se le notó perdido con el instituto Cervantes; desorientado con la pobre “Carolina”; descentrado con la Ley de Universidades; inseguro ante la actitud de su partido con el Plan Hidrológico; huidizo con la Ley de Calidad; desconocedor de la Ley de la Formación Profesional y de las Cualificaciones, así como temeroso con la propuesta de reforma fiscal. Olvidado parecía estar su buen oficio en lo que se refiere a los Pactos antiterrorista y de la Justicia, méritos fundamentales del PSOE, así como la sabia estrategia de hacer una oposición sin insultos.

La sensación de que el PSOE estaba sin líder se extendió entre las bases, a pesar de algunos ‘medios amarillentos’ que pretendieron realzar a Zapatero; quizá ante la necesidad de colaborar para poner orden en el principal partido de la oposición. La cara de Almunia, Guerra y otros líderes socialistas era todo un poema en las Cortes, incluso no faltaron lágrimas de cocodrilo en la confusión de la noche. Pero la tranquilidad y sosiego volvieron al partido socialista tras la Conferencia política, el resultado de la misma y el eco en los medios de comunicación; máxime, cuando las jornadas de los presidentes y secretarios regionales y provinciales del PP resultaron ser más de lo mismo; es decir, una programación paralela o, en palabras de José Blanco, una mera y burda contraprogramación.

Actualmente el entendimiento entre los dos grandes partidos nacionales está distante. Para mayor vergüenza de unos y otros predomina el interés de partido, en vez del interés social y democrático. Tanto Rodríguez Zapatero como Mariano Rajoy se han equivocado al elegir los “monosabios” capaces de sacar adelante la suerte del consenso.

La confusión a la que han llegado conservadores y socialistas debe zanjarse de inmediato, para no seguir dando la impresión de trapicheo con ciertas instituciones, alguna de ellas bastante desprestigiada desde hace tiempo. Y es que si no son capaces de pactar en aquello a lo que obliga la Constitución, ¿qué podemos esperar de otros asuntos del máximo interés social? De vez en cuando deberían acordarse de Thomas Jefferson y saber que a todos nos gustan más los sueños del futuro que la historia del pasado.

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