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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Maquiavelo y el leonés errante

José Carlos Navarro (Mérida)
Redacción
miércoles, 7 de febrero de 2007, 18:00 h (CET)
La actual expresión del poder político observado por los ciudadanos aborda la misma conclusión que Menecke hacía del pensamiento de Maquiavelo en la diferencia entre el cratos y el ethos, en el obrar por ansias de poder u obrar por responsabilidades éticas. Ansias y lucha por mantener el poder es una buena observación sobre el actual Gobierno, que hace de su capa un sayo la maquiavélica concepción anterior al Estado Moderno de adaptación al republicanismo o monarquismo -Discursos o El Príncipe- , en función de la existencia de la virtud o la corrupción generalizada.

Fracasado el Estado moderno de Marx, un gobierno occidental que se aparta de la vigencia del la concepción de Estado (aristocrático liberal) de Tocqueville supone navegar en las aguas del holandés errante, convirtiendo al buque del Estado en expresión fantasma del mismo. Libertades individuales garantizadas por Estados con contrapesos definidos por Locke y Montesquieu, tradicionalmente expresadas en sus poderes judicial, legislativo y ejecutivo, firmemente asumidas por el pueblo, son motivo de alarma a cada arañazo que se le da sin más justificación "crática" que el sostenimiento en el poder. Los dos proyectos estrellas de Zapatero están siendo golpeados, uno para la realidad y la rebelión cívica (negociación con ETA); el otro por el desequilibrio de fuerzas en el Tribunal Constitucional en la admitida recusación de Pérez Tremps, para el recurso del Estatuto catalán. Maniobras del poder aparte en la renuncia y sustitución por otro magistrado para compensar fuerzas, afianzarían el apartamiento de la credibilidad que tiene el pueblo en el actual Gobierno, Ejecutivo del leonés errante. La independencia de la Justicia debería empezar por la separación total en sus órganos de decisión y actuación de cualquier otro poder institucional. Reforma que otro Gobierno distinto al actual tendría la obligación de emprender, si su objetivo real es la consolidación de un moderno Estado con principio democráticos, y la recuperación de la confianza de los ciudadanos en los políticos así como en sus instituciones.

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