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Es incorrecto comprar la guerra de Irak con la de Vietnam

Eugenio Satanovsky
Redacción
miércoles, 7 de febrero de 2007, 21:40 h (CET)
Últimamente, las guerras de Vietnam y de Irak son sometidas a comparación. Lo hacen aliados y adversarios de Estados Unidos, congresistas norteamericanos y líderes terroristas, políticos y personas de a pie, periodistas y generales. Y todos erran. Irak no puede compararse con Vietnam. La situación en este país mesoriental es mucho más grave. De modo que la mayor parte de cotejos basados en los recuerdos de la guerra de Vietnam no son aplicables a la actual situación en Irak.

La diferencia no estriba en que en Vietnam los norteamericanos combatían en la jungla, mientras en Irak, en desierto y en barrios residenciales. Ni tampoco en el nivel de los armamentos y tecnologías ni en los cambios operados en las décadas transcurridas en los propios Estados Unidos.

Lo fundamental consiste en que en Vietnam estaban enfrentadas no tanto las partes Norte y Sur de este país como las superpotencias: la URSS y EE.UU. La guerra reflejaba la rivalidad entre modelos sociopolíticos que, no obstante, originariamente pertenecían a una misma civilización. El comercio y los contactos políticos entre Washington y Moscú permitían suavizar la confrontación, impidiendo que ésta rebasara determinados marcos. La guerra de Vietnam formaba parte de un Gran Juego. Las reglas de este juego eran censurables y las consecuencias, desastrosas. Pero las reglas se respetaban.

La guerra de Vietnam, a diferencia de la de Irak, no tenía connotaciones religiosas ni étnicas. A diferencia de Irak, un hombre no mataba a su vecino por rezar éste de una manera algo distinta o pertenecer a otro grupo étnico.
La guerra de Vietnam no era un conflicto de civilizaciones. En Irak, una parte considerable de los que combaten contra las tropas norteamericanas y británicas, están fanáticamente convencidos de estar protegiendo el mundo islámico contra los cruzados. La cortesía política es conveniente en los parlamentos europeos, pero no en Bagdad, Erbil o Basra.

A Estados Unidos le resultó bastante fácil retirarse de Vietnam. Vietnam del Sur sufrió derrota y Vietnam del Norte se impuso, pero aquella era una victoria obtenida por un Estado y no por multitud anárquica alimentada por el fanatismo religioso. Los vencedores de la guerra de Vietnam no tenían el propósito de continuar combatiendo en Europa y EE.UU. Aquellos que puedan triunfar en Irak, sí que aspiran a continuar la contienda y hasta han demostrado con acciones concretas que sus amenazas no son palabras vanas. Por supuesto, se puede retirar de Irak a las tropas y asesores militares. Para el Congreso, el Senado y la Administración esto significaría la terminación de la guerra, pero no significará nada para quienes combaten allí contra Occidente en persona de Estados Unidos.

La actual guerra de Irak es una guerra de todos contra todos. La guerra de los insurgentes contra los ocupantes, desde el punto de vista de los iraquíes. La guerra de EE.UU. y sus aliados contra los terroristas, desde el punto de vista de Occidente. La guerra entre los árabes y los kurdos. La guerra entre los kurdos y aquellos que apoyan a Turquía. La guerra entre los sunitas y chiítas. Irak es el principal frente de esta guerra que tiene por escenario todo el mundo islámico, desde el Líbano hasta Pakistán. La guerra de Irak son las luchas intestinas en el seno de las comunidades sunitas y los enfrentamientos entre los líderes chiítas. Es una guerra entre los militantes del partido BAAS y la gente de Al Qaeda. En esta guerra están enzarzados los jeques chiítas y las fuerzas que tienen por norte a Irán; los enemigos del Gobierno títere y sus poco numerosos partidarios. Todos estos grupos combaten juntos contra los cristianos cuyas comunidades viven los últimos años en la tierra que fue su patria a lo largo de casi dos últimos milenios. Clanes contra clanes, familias contra familias, tribus contra tribus, habitantes locales contra forasteros, indistintamente de quiénes son y de qué se ocupan, tales son los rasgos distintivos de la guerra de Irak.

Mientras en Vietnam la guerra se libraba por establecer control sobre todo el país, Irak hace ya tiempo perdió la condición de país y se convirtió en territorio. Ninguna de las partes involucradas en el conflicto, incluyendo la coalición multinacional y el Gobierno iraquí, no controla, no puede controlar y ni siquiera pretende en serio controlar lo que antes se llamaba Irak. Ya no es un país sino que una zona gris que por su extensión equivale a un país.
El 11 de octubre de 2006, el parlamento iraquí aprobó la ley del sistema federativo en Irak, legalizando de este modo la creación de regiones autónomas. En opinión de expertos, en un futuro no tan lejano ello podría conducir a la desintegración de Irak. Entre los chiítas destaca por su radicalismo el imán as-Sadr quien aboga por crear en Irak un Estado islámico a semejanza del modelo iraní. En 2006, el Consejo Consultivo de Mujahedines (organización extremista) anunció la fundación del Estado islámico independiente en las zonas sunitas. También secundan la idea del Estado federativo los kurdos y los líderes chiítas que controlan las principales áreas petrolíferas.

¿Estará consciente de todos estos factores el presidente George Bush al adelantar su nueva “estrategia”? Puede que sí. En todo caso, el mandatario norteamericano está dispuesto a asumir la plena responsabilidad por lo que sucede en Irak, una misión nada fácil para cualquier político. ¿Podría dejarse llevar por lo que sugieren sus críticos? Esto queda descartado. Y no porque lo elimine como presidente (Bush ya mereció el calificativo del peor presidente norteamericano del siglo XX). Simplemente esto carece de todo sentido. Una cosa es suavizar el efecto de la derrota militar, minimizar las pérdidas sufridas por EE.UU., subsanar los daños causados por sus acciones al Partido Republicano. Pero es algo completamente distinto adoptar una resolución que permita lanzar ataques contra EE.UU. a semejanza del S-11. Ningún presidente de EE.UU. lo aceptará. Y menos aun, Bush quien no sólo cometió error al desatar la guerra sino que organizó mal su conducción.

En 2006, el efectivo orgánico de las tropas norteamericanas estacionadas en Irak osciló entre 123 y 150 mil. Hacia el 1 de enero de 2007, en Irak estaban acantonados unos 140 mil efectivos estadounidenses. El número de efectivos de los países aliados se redujo el año pasado de 21.000 hasta 16.500. El recién llegado contingente norteamericano (21.500 efectivos) no hace sino compensar el reflujo del año pasado y permite incrementar un poco las fuerzas en las áreas en que EE.UU. sufren mayores pérdidas. Se trata en primer lugar de Bagdad y de la provincia Anbar (al Oeste de Irak), donde 30 mil soldados norteamericanos no pueden contener el empuje de los insurgentes locales y combatientes de Al Qaeda.

La “estrategia” de George Bush tiene poco que ver con estrategia de verdad. Pero podría tener cierto sentido maniobra táctica. Los norteamericanos tendrán que cambiar de posición y retirar sus tropas, emplazándolas en las bases situadas en Kurdistán (Irak), Jordania y monarquías del Golfo Pérsico. Controlando las tuberías y terminales petroleras, yacimientos petrolíferos y zonas diplomáticas en Bagdad, el parlamento y el Gobierno, podrían retirarse físicamente, pero seguir influyendo sobre el desarrollo de la situación. Un exitoso cambio de posición en medio de hostilidades puede efectuarse sólo después de asestar golpes preventivos contra el enemigo. Para ello es menester incrementar el número de efectivos, formando reservas que den cobertura a las unidades en movimiento. Son reglas elementales del arte militar.

¿Qué otra salida tiene el presidente de EE.UU.? La guerra civil en Irak ha adquirido un carácter irreversible. La democracia, en aras de establecer la cual (si olvidamos la inexistente arma nuclear en manos de Sadam Husein) fue iniciada la guerra, no trajo paz ni seguridad a los habitantes de Irak. De todas formas, bajo la tiranía de Sadam llevaban una vida mejor. Hoy, la electricidad en Irak se suministra 12 horas al día; en Bagdad, tan sólo 6 ó 7 horas. En algunas regiones el paro afecta hasta el 70% de la población. Los iraquíes huyen a otros países. Según datos de las autoridades iraquíes, en 2006, el reflujo mensual de ciudadanos fue de 100.000. En lo que va de 2003, en total emigraron de Irak más de 2 millones de personas, de las que más de 18.000 son médicos, científicos, ingenieros y profesores. Dentro del país, temiendo represiones, más de 500.000 personas abandonaron las áreas de su residencia permanente para instalarse en zonas de mayoría poblacional de sus respectivas comunidades religiosas.

Hacia comienzos de 2007, las autoridades iraquíes controlaban 3 de las 18 provincias. En 2006, el efectivo orgánico del Ejército iraquí creció hasta 119.000; el de la policía lo hizo hasta 199.000. Pero la mayor parte de las unidades iraquíes no son capaces de luchar contra los insurgentes y terroristas sin el apoyo de los militares norteamericanos. Mención aparte merecen los destacamentos kurdos (hasta 100.000 efectivos) que se subordinan únicamente a los líderes kurdos.

En Bagdad, los combatientes del Ejército Mahdi (hasta 20.000 efectivos) que se subordina sólo al líder de los integristas chiítas as-Sadr, están desplazando a los sunitas. Tan sólo en 2006, diez distritos de Bagdad con población mezclada pasaron a ser totalmente chiítas. Los chiítas ocupan posiciones dominantes también en la administración pública de Bagdad.

Al propio tiempo, las autoridades de Arabia Saudita y Egipto exhortaron a EE.UU. a no darse prisa con la retirada de sus tropas de Irak. El primer ministro de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, opina que es preciso trazar un cronograma de retirada, pero “el número de efectivos debe ir reduciéndose lentamente”, con tanta más razón que debido a las acciones de los extremistas kurdos se mantiene tirantez en la frontera entre Turquía y Kurdistán (Irak). Tampoco reina la tranquilidad en la frontera con Irán, aunque las autoridades de Teherán establecieron relaciones tanto con el Gobierno de Bagdad (de mayoría chiíta) como con los integristas chiítas, ayudándoles en la instrucción de combate y suministrando armamento. En 2006, Siria restableció las relaciones diplomáticas con Irak, rotas hace más de 20 años, pero cerró la frontera con este país al emplazar en la zona fronteriza 7.500 militares suyos.

Las evidencias vienen a apuntar que en Irak se cometieron todos los errores posibles. Los errores sucesivos la Administración USA y el actual presidente pueden cometerlos sólo en relación con Irán o Siria, pero estos errores no provocarán catástrofe regional por la sencilla razón de que esta catástrofe ya está en marcha. Las nuevas guerras o una actuación torpe de los diplomáticos tan sólo pueden acelerar o retardar su desarrollo. El tiempo es el único factor que puede remediar errores históricos de tamañas proporciones. La experiencia de los viejos imperios coloniales es hoy de mucha actualidad. Y esta experiencia insta a no correr prisa; a no retirar presurosamente las tropas deteriorando su propio prestigio; a ponerse de acuerdo con aquellos con los que se puede acordar algo y adoptar medidas rígidas allí donde no hay con quien negociar; a deshacerse de los estereotipos de la segunda mitad del siglo XX.

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Eugenio Satanovsky, presidente del Instituto de Oriente Próximo, para RIA Novosti.

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