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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Política versus Justicia?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 7 de febrero de 2007, 21:45 h (CET)
El señor Ibarretxe, en un arrebato teatral, destinado a satisfacer a su cohorte de seguidores, dijo que “sólo en un país de locos se cita a un presidente para un asunto así”. El famoso asunto era nada menos que haberse reunido con los representantes de ETA después del atentado de Barajas, cuando, como habitualmente se die en estos casos, todavía los cuerpos de los dos fallecidos estaban calientes. Claro que el señor lehendakari tiene una muy peculiar idea de lo que debe ser la justicia. Para él el poder judicial no está precisamente para evitar que el Ejecutivo se salga de la legalidad y sí, por el contrario, para protegerle cuando decida saltársela, o sea, que si a él se le antoja que es conveniente para sus planes incumplir la legislación se le debe tolerar por aquello de que “el fin justifica los medios”.Curiosa teoría la del inefable señor Ibarretche.

No voy a prejuzgar la resolución del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, pero sí voy a dar la opinión que me merece el que un Presidente de una Comunidad de España se erija en un Napoleón de pacotilla que pretenda, con soberbia, subirse a las barbas de todos los españoles. Un señor que se atreve a calificar de “barbaridad” de “sin pies ni cabeza” y “absurdo” que se le cite a declarar (no para meterlo en la cárcel ni tan siquiera para juzgarle, sino para interrogarle) por un juez del Alto Tribunal Vasco; está a su vez cometiendo el mismo absurdo, barbaridad y la misma locura que el atribuye a los demás. ¿O es el señor Ibarretche el único político que ha tenido que declarar ante un tribunal?, ¿acaso el señor lehendakari, por ser vasco, tiene más privilegios que los demás ciudadanos de las otras comunidades?

Verdaderamente podemos considerar que el País Vasco se está convirtiendo para muchos en una país de locos cuando, en él, se permite que se manifiesten partidos ilegalizados; se rindan homenajes a asesinos de la ETA; se persiga a los españoles por el sólo hecho de declararse como tales; se pida la excarcelación de asesinos que han matado a decenas de inocentes; se apoye por el propio Parlamento desobedecer resoluciones del Supremo y se pida la independencia de Euskadi. ¿Es o no un país de locos?, o quizá, de algo peor, cuando el propio Presidente de la comunidad se salta la Ley de Partidos para hacerles el caldo gordo a los asesinos de la banda terrorista. ¿Diálogo señor Ibarretche? ¿Qué va usted a ofrecerles, en nombre de los españoles, a los etarras? ¿Acaso les propondrá la inmunidad de sus delitos de sangre o la anexión de Navarra o el presentarse a las elecciones municipales como cualquier otro partido democrático o el silenciar a las victimas de sus asesinatos? ¿Qué piensa usted darles, además de la vergüenza propia, señor Ibarretche? Porque somos muchos los españoles, la inmensa mayoría, que no estamos por la labor de la rendición y, por tanto, no le concedemos ni un ápice de credibilidad y, por supuesto ninguna representación para hablar en nombre nuestro. En todo caso hágalo en el del señor Zapatero que está en su misma onda.

¿Qué pasará señor Ibarretche si por culpa suya?, si por culpa de Gara, que ha individualizado a todos los jueces de la Adiencia Nacional, que votaron el auto sobre De Juana Chaos o por culpa de los de la ETA se cometiera algún otro atentado mortal. Puede que fuera la gota que colma la copa y que se le acabaran las oportunidades de continuar tomándonos el pelo a los españoles. Existen mecanismos legales en la Constitución para zanjar estos pleitos entre las autonomías y el Estado. Personalmente pienso que hace tiempo que debieran de haberse aplicado, porque el peligro de secesión del País Vasco es algo más que una utopía y, cada día que pasa, los acontecimientos nos llevan al convencimiento de que el panorama es desalentador. Catalunya, Galicia y otras comunidades comienzan a dar signos inquietantes de separatismo y sólo falta que el País Vasco caiga en manos de comunistas etarras para acabar de conformar el panorama de una España descuartizada. Y yo me pregunto: ¿tenemos una Constitución o no? Porque si la tenemos lo que debe hacerse es aplicarla.

Me temo que vamos a ver cosas que harán que se nos ericen los vellos. Alguien escribió: “Los pueblos que ignoran su historia están condenados a repetirla”; tomen nota de ello.

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