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Etiquetas:   Punto crítico   -   Sección:   Opinión

Elena Salgado: tomando medidas

Raúl Tristán

martes, 6 de febrero de 2007, 21:51 h (CET)
Ya era hora.

Parece mentira que, hasta la fecha, alguien no se hubiera puesto manos a la máquina de coser, a la aguja y el dedal, a los patrones, preguntándose si diseñaba ropa para muñecas de plástico o para cadáveres embalsamados en polvo de coca.

Que nadie, entre los que cortan la tela en el mundo de roperío, al acudir a una boutique chic a comprarse unos trapitos, se hubiera preguntado el porqué del irracional sistema de tallaje, que impone unas medidas absurdas, que obliga al personal a introducirse en el probador con tres o cuatro prendas diferentes, sin que por ello se tenga la certeza de que alguna vaya a sentarle como un guante.

Falta de uniformidad, de homogeneidad y, por desgracia, también una imposición bárbara: tallas minúsculas, sólo aptas para las mujeres-espantapájaro que desparraman sus huesos por el papel couché o los spots televisivos. Una terrible falta de cordura, la de la moda cadáver, que ha destrozado la vida de miles de mujeres en el mundo, esclavas de una imagen falsa, irreal, imposible de modelar en una cuerpo sano.

Eso es lo que hasta ahora se venía soportando, cada vez que uno se decidía a variar su trasnochado look.

Por esta vez, y sin que sirva de precedente, debo felicitar a la Ministra de Sanidad. Gracias a ella, y al acuerdo alcanzado con la Asociación de Creadores de Moda de España, se van a llevar a cabo estudios antropométricos que determinen tallajes uniformes y, lo que es más importante, que establezcan un canon de belleza saludable.

En breve, las jóvenes de éste país no tendrán que sentirse bichos extraños por el estúpido hecho de no encontrar su talla en la sección de moda juvenil, en la que resulta imposible ir más allá de una 38. En breve, tal vez, algunas mujeres se den cuenta de que la belleza no consiste en plantarse delante del espejo y decir: ahora estoy guapa, tengo un cuerpo de sílfide, pues no peso más que 46 kilitos y, si descontamos los casi dos que me he metido de la silicona de los pechos, me quedo en 44. ¡Qué guay, si se me marcan todas las costillas, los omóplatos y el esternón!

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