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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

El himno, la roja y gualda

José Carlos Navarro (Mérida)
Redacción
martes, 6 de febrero de 2007, 21:51 h (CET)
Todavía recuerdo hace más de un año cuando el primer ministro francés Dominique Villepin, compartiendo podio con Zapatero y Maragall se quedó mudo, denodado y extrañado. Ante su actitud de respeto y en silencio mientras sonaba el himno español, Zapatero y Maragall al margen del símbolo nacional que une a los españoles, hablaban y reían. Días atrás después de un brutal atentado terrorista de ETA se realiza un manifestación apoyada por el Gobierno y organizada por los sindicatos UGT, CC.OO. y una federación de ecuatorianos, cuya nota dominante eran carteles que ponían PAZ y alguna que otra bandera anticonstitucional del trágico período de la II República, y ni una sola constitucional.

El sábado pasado discurrió por las mismas calles otra manifestación contra ETA y el brutal atentado, reivindicando la no negociación con los terroristas: su uniforme colorido fue el rojo y gualda de la España constitucional, centenas de banderas con el escudo de la monarquía constitucional vigente. Se cerró el acto con los sones del himno nacional, que debería enorgullecer a cualquiera que se sienta español, esté en un acontecimiento deportivo, corridas de toros o las celebraciones populares más diversas. Resulta que al portavoz del grupo parlamentario socialista le parece apropiación indebida del himno de todos, que muchos de sus socios ni lo consideran ni escuchan porque no acuden a los actos oficiales en los que se tañe. De "actitudes de regímenes autoritarios, uso partidario y sectario" lo califica López Garrido, ya que no es el espíritu de un decreto de himnos del primer Gobierno Aznar. Nada que ver tiene ese decreto , de manera que sólo protocolizaba para militares y civiles el acto oficial en el que fuese tocado el himno. Así que de exclusión y espíritu de las leyes, nada de nada, ojalá todas las manifestaciones apoyadas por su partido y los socios de gobiernos llevaran en sus manifestaciones tantas o más banderas españolas que las de la manifestación del 3-F. Encantados estaríamos muchos que en éstas y todas las manifestaciones se tocara el himno nacional. Que fuera de la misma forma que en otros países en cualquier acto popular o público, como el de los norteamericanos, su himno, las barras y estrellas a la mayoría de sus ciudadanos -demócratas o republicanos- les hace vibrar y llorar.

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