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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Mentira pública y manifestantes

Wifredo Espina
Wifredo Espina
@wifredoespina
lunes, 5 de febrero de 2007, 22:04 h (CET)
Ya dura demasiado y nadie le pone remedio. ¿Cuántos asistentes había en esta o en la otra manifestación? Las cifras que se publican son escandalosamente contradictorias. Tanto las que se dan desde organizaciones privadas, como desde las públicas y gubernamentales. Cuando se dan -¡en tantas ocasiones!- cifras desorbitadas por una parte e ínfimas por otra, no cabe duda de que alguien o todos mienten. Las diferencias, que a veces sobrepasan el millón de manifestantes, como acaba de ocurrir con la última celebrada en Madrid, no son un fallo de cálculo, ni una simple manipulación de mala fe, sino una auténtica mentira pública para engañara la opinión.

Y esto no solo es intolerable, sino que, como denuncié tantas veces, como, per ejemplo, con ocasión de manestaciones a favor o en contra del Estatut de Cataluña, de la llegada de Tarradellas, a favor o en contra de Ibarreche o de Jordi Pujol, debe ser castigado, duramente penalizado. Mentir tan descaradamente, quien sea el que lo haga, va contra la verdad, contra la buena fe de la gente, contra la salud de la opinión pública y contra las mismas organizaciones, partidos políticos, organismos públicos -municipales, autonómicos o estatales- que propagan estas mentiras. No es lícito decir que en una manifestación, como la última, por ejemplo, han asistido unas 181.000 personas, que un millón y medio. Aquí no hay excusas que valgan. Los métodos e instrumentos de cálculo pueden ser imperfectos y cometer errores, pero no decir mentiras de ese calibre, que se repiten con tanta frecuencia. Y hay organismos especializados en este tipo de cálculos. Esto no puede quedar impune. Los medios de comunicación, los defensores del pueblo y las propias fiscalías debieran denunciarlo y tomar cartas en el asunto. No es lo mismo mentir privadamente que hacerlo públicamente para confundir y engañar a todo un país. No se puede instaurar la democracia de la mentira pública.

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