Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Alemania campeonó, como así se esperaba (y VII)

Herme Cerezo
Herme Cerezo
lunes, 5 de febrero de 2007, 22:04 h (CET)
Les decía en mi anterior crónica que ojalá que no tuviéramos que hablar de España. Y así ha sido y así va a ser. En el partido para el séptimo y octavo puestos, victoria española, 40-36, contra Islandia, a la que el combinado hispano dio demasiada vidilla. Enfrentamiento sin historia aunque con trascendencia, sin excesivo interés y, sobre todo, carente de tensión. Sesenta minutos de goles intercambiados, donde el más fallón cayó fuera, mientras el otro se matriculaba para el Pre-olímpico.

En la mal llamada Final de Consolación, en realidad debería denominase la Final Desconsolada, Francia perdió 27-34 ante Dinamarca. ¿Quién lo habría dicho a priori? No sé cuantos, la verdad, pero yo no. Sin embargo, la derrota ante Alemania, especialmente por el modo en que se produjo, les ha pasado factura a los descendientes de Astérix y Obélix. Sin olvidar tampoco la condición física, muy menguada en Francia a estas alturas de Mundial. Los recursos físicos son paradójicos: si cualquier equipo va ganando, aguanta el tirón e incluso se supera. Sin embargo, si acumula derrotas, se hunde en la más profunda miseria. La mente del jugador de balonmano, del ser humano en realidad, es la verdadera condición física y eso es difícil de entrenar, aunque no imposible.

El partido para el tercer y cuarto puesto, la Final Desconsolada, es el más difícil de jugar. Los dos contendientes vienen de perder y llegan a él con las ideas puestas en otro sitio, donde no deben, o sea justo en la Final, ese encuentro en el que pudieron estar pero al que no accedieron. Así que quien se sobrepone primero suele ganar. Y Dinamarca, esta tarde, pintaba más motivada, quería irse del Mundial con la sonrisa del bronce, sin el rictus amargo de la exclusión del podium. Fue un choque desbocado, roto, loco, sin control. Y en esto, los franceses llevaban las de perder. Como así ha sucedido. Pero a los discípulos de Claude Onesta no debe importarles demasiado, porque han hecho un buen Mundial, siguen en la pomada y están llamados a desempeñar un papel relevante en los próximos eventos internacionales.

Pero hablemos ya de la Final. ¡Deutsland, Deutschland! Hay una tonadilla española, creo que de la posguerra, bastante chauvinista por cierto, que decía algo así como "la victoria fue tuya, como así se esperaba". Y eso es lo que ha ocurrido esta tarde en el Kolnarena, ante 19.000 espectadores. Alemania campeonó, tras vencer a Polonia por 29 a 24. ¿Esperaban algo distinto, ustedes? Yo, no. Estaba todo muy bien orquestado para que la victoria no se les escapara de las manos, nunca mejor dicho tratándose de este deporte. ¡Deutschland, Deutschland! Un escalofrío, un ramalazo de indignación me sobrevino cuando descubrí que los jueces de la Final eran franceses. ¿Qué lumbrera, con lo que ha caído ― pensé ―, ha tenido la feliz ocurrencia de designar a una pareja gala para la Final? Hacer una designación de este calibre para el partido más importante del Mundial, es como amordazar a los árbitros antes de que pisen el parqué. Otra cosa no, pero ‘les messieurs’ Bord y Buy sabían a priori que su trabajo iba a ser estudiado con detenimiento, con minuciosidad, con una enorme lupa. Una mala actuación suya, en detrimento de Alemania, podría significar salir del escalafón a perpetuidad por "sospecha de revancha". Así que, para evitar suspicacias, los colegiados franceses se han apuntado a lo mismo que sus colegas en días pasados, sobreponiéndose a las circunstancias y hoy también, ¡cómo no, ‘mon ami’!, a los germanos se les ha permitido de todo en defensa. Roggish, uno de los dos centrales del 6:0 alemán, no debería haber terminado el partido en la pista y ni siquiera ha sido amonestado. Como muy bien decía Alberto Urdiales en la retransmisión realizada por Teledeporte, los trencillas se han adaptado al modelo arbitral que impera en la Bundesliga, rayano en lo antirreglamentario, y, así, los anfitriones han salido claramente beneficiados. Añadamos a esto, las amenazas de pasivo bastante frecuentes contra los polacos y algunas decisiones puntuales, agitémoslo en la coctelera y tendremos el arbitraje de esta tarde. Total que las "cosas raras" a que aludía en mi crónica del sábado también han aparecido, como no podía ser de otro modo, en esta Final.

Sin embargo, hay que dejar claros otros aspectos. Alemania es muy superior a la Polonia de Bogdan Wenta. Es superior en riqueza técnica, en defensa y, especialmente, en potencia física. Su ritmo defensivo, que deviene en un contraataque feroz y letal, es infernal (que se lo pregunten a Bielecki, Tkaczyk y Lijewski, los primeras líneas polacos). Su portería está espléndidamente bien cubierta. Fritz es un hombre de plenas garantías que, por lo visto esta tarde tras su lesión, tiene las espaldas bien guardadas por Bitter, que empezó flojo pero terminó entonándose. Si, además, juegan ante 19.000 compatriotas que les jalean continuamente, ¡Deutschland, Deutschland!, el escenario queda completo. Sólo durante un instante en el segundo periodo, pudo Polonia igualar el marcador, coincidiendo con la lesión anteriormente citada de Fritz. Fueron tres oportunidades seguidas cuando todavía faltaban quince minutos para concluir, las tres a cargo de su extremo derecho, Jurasik, quien con sus lanzamientos se encargó de despertar a un asustado Bitter, que todavía no había asimilado que el resto de la Final era suya. Ahí murieron todas las opciones polacas. Luego, un lanzamiento de Pascal Hens, que terminó en gol, y sucesivas acciones ofensivas del zurdo Zeitz, hicieron transcurrir el tiempo hasta el final del encuentro. ¡Deutschland, Deutschland!

Polonia, que había derrotado a Alemania por dos goles, 27-25, en la primera fase, a mi juicio, no hubiera podido ganar esta tarde el partido por mucho que se lo hubiera propuesto. Por eso todavía duelen más las ayudas arbitrales, por innecesarias. Otra cosa distinta es que los polacos mereciesen o no llegar a la Final, en lugar de otras selecciones de mayor enjundia. Pero las cosas son como son y allí estaban ellos, por propio derecho. Los resultados de la Primera Fase, los puestos de clasificación de la Segunda, los cruces de Cuartos de Final y las Semifinales así lo quisieron.

Alemania 2007 ya es pasado. La próxima cita mundialista es Croacia en 2009. ¿Se repetirá la historia?

Noticias relacionadas

Crisis política catalana

Las medidas aprobadas irán al Senado y se verá lo que sucede

Dos peligros al acecho: elecciones y contagio prematuro

“La verdad se fortalece con la inspección y con el examen reposado; la falsedad se aprovecha de la prisa y de la indecisión” Tácito

A vueltas con nuestra democracia

Unas modestas reflexiones sobre el poder y las leyes

Quien deja de aprender no puede madurar espiritualmente

¿Por qué y para qué hago esto y lo otro?

¿Llama la muerte a la puerta?

La muerte es un problema que preocupa pero que no se le encuentra solución
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris