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Etiquetas:   Contar por no callar  

A veces llegan cartas

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
domingo, 4 de febrero de 2007, 21:54 h (CET)
Durante años la imagen de los repartidores del correo con su cartera a cuestas ha sido habitual en nuestras calles. Lloviera, nevara, hiciera frío o calor los funcionarios de Correos pateaban las calles de ciudades y pueblos cargados con mensajes, en unos casos de alegría y en otros con tristes noticias. Hoy se han modernizado y van arrastrando un carrito, como los que utilizamos para ir al mercado, cada día más vacío de mensajes. La proliferación de los correos electrónicos hace que ahora, cuando llegamos a casa, en el buzón tan sólo encontremos publicidad y las facturas del agua, gas y electricidad amén de las misivas bancarias en la que las entidades de ahorro nos dicen que ellos son cada día más ricos y nosotros más pobres.

La figura del cartero nos ha acompañado a lo largo de nuestra vida. Ilusionados esperábamos su llegada con la esperanza de recibir noticias de los seres queridos que estaban lejos, las postales de aquellos que andaban viajando por esos mundos de Dios o las madres las cartas del hijo que andaba, generalmente de mala gana, sirviendo a la patria. Hoy, gracias a la velocidad de Internet, las comunicaciones son instantáneas de una punta a otra del mundo e incluso las postales o las fotos al pie de la Torre Eiffel son recibidas a los pocos minutos de haberlas hecho.

Cuando llegaba la época navideña los carteros, y otros empleados públicos como los barrenderos, pasaban casa por casa a recoger el aguinaldo que completase su migrado salario. A cambio entregaban una felicitación con unos ripios que intentaban ser versos. Afortunadamente todos esos trabajadores ya no necesitan de ese aguinaldo para redondear su paga ya que todos cuentan con la correspondiente paga extraordinaria establecida por convenio colectivo cuando llega la Navidad.

Pero los salarios todavía no deben ser lo suficientemente amplios para llegar con cierta tranquilidad a fin de mes. Por ello los carteros de Valencia tuvieron este año la idea de grabar un villancico reivindicativo. Podían haber hecho lo que tan de moda está en otros colectivos y haber posado desnudos para un calendario pero ya se sabe que el tópico dice que cada valenciano lleva dentro un músico y nuestros carteros se decantaron por la canción protesta para hacer llegar a la opinión pública sus reivindicaciones.

Con un estribillo que dice algo así como “somos carteros de Valencia, vaya prueba de paciencia”, el coro carteril- que no carterista- a ritmo de copla, hip-hop y rock & roll y en clave de humor presenta sus reivindicaciones al tiempo que, en medio de la grabación, se escucha la conversación de dos directivos satisfechos de que nunca protesten y estudiando cómo conseguir que todavía se estrechen más el cinturón. Ahora, y ante el éxito obtenido por la grabación, han tomado una cámara domestica y se han dedicado a grabar un video-clip con su éxito musical y con el fin de denunciar ante la opinión pública su situación laboral.

Uno de estos treinta carteros ha declarado “no pretendemos ofender a nadie, sólo queremos que la gente tome conciencia de que el salario que cobramos es mísero a pesar de que ofrecemos un servicio público”. Es de suponer que harán llegar el video-clip a sus superiores y a la administración, así como a los sindicatos que por lo escuchado en la grabación deben andar a la greña. Ya se sabe que el trabajo de funcionario es para toda la vida, cuestión ésta discutible, pero no es oro todo lo que reluce a la hora de trabajar en la Administración.

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