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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Herméticos

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 4 de febrero de 2007, 21:54 h (CET)
El bueno de Platón se esforzó trás el análisis de las veleidades y las esencias propias del género humano. Su genial capacidad se plasmó en una serie de escritos, auténticos clásicos de actualidad permanente. ¿Pudo un sólo hombre razonar todo eso? ¿Existiría de verdad? La intensidad de sus reflexiones no sirvió para disminuir los despropósitos de los dioses y de los hombres; se continuan reproduciendo idénticos DESMANES, sin perjuicio de que se pergeñen otros nuevos.

Aunque voy a centrarme en uno de los relatos de Platón, no olvido el origen del término hermético, atribuido a los egipcios. Desde la alquimia fueron conociendo los efectos de barrera, estas no podían ser transpasadas por determinadas partículas; por eso se las llamó herméticas en honor al químico Hermes que trajinaba en estos menesteres. Lentamente se añadieron conceptos figurados para referirse a esencias, intenciones, a las que no se pueden penetrar o alcanzar, cerradas herméticamente.

En aquellos tiempos mitológicos se daban gran cantidad de ultrajes y tropelías entre los humanos. Eran recalcitrantes, sin rectificar para nada en sus actuaciones aunque llegaran a poner en peligro sus propias vidas. Siguiendo el relato de Platón, Zeus envió a HERMES "Para que llevase a los hombres el PUDOR y la JUSTICIA a fin de que rigiesen en las ciudades la armonía y los lazos comunes de amistad". Hermes dudó, si repartiría esas artes a unos pocos entendidos, como introductores; o bien entre todos. La respuesta de Zeus fue categórica, "Entre todos"; además "Establecerás esta ley, que todo aquel que sea incapaz de participar del pudor y la justicia sea eliminado, como una peste, de la ciudad".

En este relato se pone de manifiesto el nuevo concepto de HERMÉTICO que me interesa resaltar hoy. A Zeus se le había planteado un serio problema, la autonomía ofrecida a los hombres era empleada como fuente de algaradas y desmanes; aquello iba camino de la autodestrucción de los hombres. ¿Cómo introducirles un mínimo de pudor y justicia?¿Será que no es posible la armonía y la amistad entre ellos?¡Muy autónomos, pero poco hermanados! Aquellas cavilaciones del gran dios me suenan a plena actualidad, ¿No les parece?

Como podremos apreciar, también ahora necesitamos de nuevos herméticos en esta mitológica acepción de la palabra. Entrañables herméticos con la misma pregunta de entonces. ¿Con quién empiezo la campaña de inculcación? ¿Con los líderes? ¿ Con cada uno de los hombres? No se pierdan la última apostilla de Zeus, tan poderoso y un tanto irónico. ¿Hipócrita siendo dios? Contundente si que lo fue, dictaminó la eliminación de quienes no participaran del pudor y la justicia. ¡Ni los dioses podían con los humanos endiosados!

Varios preámbulos nos conducen a ese desconcierto de los dioses. No aprovechamos las cualidades, pero ejercitamos de lleno el descaro y las injusticias. Uno de esos preámbulos lo denomino como el batiburrillo de MENTALIDAD PLANA. En él todo circula inconexo, la confusión se disfraza de modernidad y se disfruta de una monotonía caótica. Aquí, el más impetuoso pretende ser un moderno Zeus, hago y dispongo, en un juego descarado y procaz; es un carnaval de proporciones impredecibles. El pensamiento sobre lo que somos, mística u otras elevaciones reflexivas, se desdeñan sin ofrecer a cambio propuestas alternativas. Sin embargo, por curiosa paradoja, se asumen las mayores truculencias y afirmaciones sin fundamento. Credulidad a go-gó. Con esta manera de NO pensar en demasía, no teman, apenas nos salpicaremos de restos de humanidad; por eso no debería extrañarnos el envío de nuevos Hermes para mejorar un poquito ese tono vital alicaido. Otra cosa será que los envíen.

Pensemos por un momento lo que pasa con Europa. ¿Zeus estará contento con la marcha actual del pudor y la justicia en esta zona? ¿Estamos satisfechos los ciudadanos con esa Europa conseguida? Más bien necesitamos una EUROPA HERMÉTICA, con la recuperación del significado mitológico a favor de la armonía y amistad. Sin embargo, lo tenemos difícil, por que el terreno no resulta propicio para el buenazo de Hermes. No quiero ni mencionar la ley final establecida por Zeus.

Qué decir sino de la Constitución Europea, estaba en el limbo y ahora seguramente en la inopia; tantos padres de las patrias no consiguen armonizar una mínima legislación satisfactoria, de convivencia. Esto huele a una imposición; conociéndoles, buscarán las triquiñuelas útiles y todos a callar. ¿Dónde colocan la Religión? Sus comportamientos reflejan su ignorancia sobre este concepto, ya no saben de que se habla. Así las cosas, ¿Cómo regular las diversas religiones? Si nos referimos a la Educación Universitaria, mejor hablemos de 70 planes, una verdadera difuminación de criterios, alejados de la excelencia. ¿Tampoco serán líderes para ensamblar esta parcela educativa? Veamos los planes de Energía con demasiadas dependencias de algún mercado y poca o nula consistencia en la elección de las fuentes productivas propias. No se les ve decididos ni centrados en los asuntos. ¿Sacamos a relucir la inmigración? ¿Relaciones exteriores? ¿Violencia? Al conglomerado europeo le vendrían bien unas pilas renovadas.

A diario, la sorpresa y estupefacción ante los más desgraciados comportamientos, nos enfrenta a numerosos ACONTECIMIENTOS DISPARES que sólo aportan discordia, sufrimientos y atropellos. Citemos, como algunos de esos ejemplos, a esas bandas ciudadanas de jóvenes enloquecidos, estafas inmobiliarias, usuras bancarias frente a los jóvenes compradores de las primeras viviendas, ocupaciones de pisos al puro hecho consumado, sentencias judiciales desproporcionadas; en suma, ese desdén enfurecido hacia la ciudadanía. Hasta el mero trato entre personas adquiere tintes preocupantes. Con el agravante de una dirección inadecuada en la manera de enfrentarnos a esas barbaridades. Se detecta, para mal, su incremento. ¡Cómo no añorar el pudor y la justicia!

Con el juego de la palabra hermético se pone de manifiesto una crueldad del destino. Apenas se habla del requerimiento añorado, unas intuiciones, unos criterios, introductores de las mejores cualidades. Está cerrado herméticamente el acceso a lo mejor del hombre, o está muy recóndito. Mientras, estamos abiertos a todas las veleidades y trapisondas imaginables.

Si no lo solucionan Zeus y sus adláteres, interrogaremos a nuestros ancestros, les solicitaremos algún signo de esperanza. De lo hermético cerrado, a las buenas intenciones, necesitamos abrir una vía de comunicación.

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