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Rusia-Georgia: ¿Acaso la mejoría de relaciones puede tener límites?

Sergei Markedónov
Redacción
domingo, 4 de febrero de 2007, 12:01 h (CET)
La semana pasada, Rusia y Georgia retornaron a la discursiva práctica diplomática en sus relaciones.

El 22 de enero de 2007 el jefe de la misión diplomática rusa, Viacheslav Kovalenko, regresó a Tbilisi. Tras esa decisión política muchos expertos y políticos volvieron a hablar del “alivio” de las relaciones bilaterales.

Entretanto, los últimos acontecimientos demostraron que para normalizar realmente las relaciones hay que recorrer una distancia muy larga. El 24 de enero de 2007 en la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU se perfilaron de nuevo las opiniones divergentes de Georgia y Rusia respecto al problema abjasio. La delegación georgiana se negó a participar en la sesión de la Comisión Mixta de Control, la primera en 2007, dedicada a la situación en Osetia del Sur. Y, por último, el “escándalo en torno al uranio”: los rumores de que el uranio ruso llega al territorio de Georgia burlando el control. Aunque es prematuro sacar conclusiones definitivas sobre el particular, está claro que Tbilisi busca presentar a Rusia no como Estado fuerte, sino débil e incapaz de ejercer el control de los propios “recursos estratégicos”.

En esta relación, parece sumamente importante examinar las posibilidades políticas que conducen a la normalización de las relaciones ruso-georgianas. No estaría de más poner cruz y raya al período de “miniguerra fría” de 2006 entre Moscú y Tbilisi. ¿Habrá significado el alivio iniciado un fracaso de la política de sanciones y, de ser así, quién carga con la responsabilidad personal?

Actualmente, muchos políticos y expertos rusos y extranjeros abogan por la mejoría de las relaciones ruso-georgianas. Entretanto, esa tiene sus límites objetivos que no dependen de la voluntad de Vladímir Putin ni de Mijaíl Saakashvili. Ningún presidente de Georgia (sea cual fuere) no estaría dispuesto hoy (mañana o pasado, no importa) a renunciar a las pretensiones políticas a Abjasia y Osetia del Sur.

Hablando ahora de la normalización de las relaciones ruso-georgianas, hay que dar prioridad a la tarea de que Tbilisi renuncie a reincorporar por fuerza esos territorios.

El 31 de enero del corriente el ministro de Georgia para Arreglo de Conflictos, Merab Antadze, anunció que Tbilisi está dispuesto a que su presidente se entrevistara con Sergei Bagapsh, “de facto jefe de Abjasia”. Al decir del ministro georgiano de Exteriores, Guela Bezhuashvili, Georgia está abierta a las negociaciones, pero sin condiciones previas de Sujumi. Dudosamente pueda considerarse constructiva semejante actitud. Sin embargo, Moscú también habrá de expresar su opinión respecto a esa iniciativa. Las negociaciones son una vía más segura de avanzar hacia la paz que las “operaciones de Kodory” tramadas por Tbilisi. Pero ¿será posible convencer a Tbilisi de prestar oído a la opinión de Abjasia, hacerlo comprender que lo necesita no sólo Rusia, sino también Georgia (para que pueda comprender adecuadamente sus propias posibilidades políticas)?

Al mismo tiempo, para lograrlo, es necesario cooperar con Georgia en aquellos problemas que puedan ser concordados ya ahora. Rusia y Georgia podrán mantener cooperación en las medidas tendentes a garantizar seguridad en los sectores de la frontera con Chechenia, Ingushetia y Daguestán. Son posibles y necesarios los contactos en el ámbito de negocios. La penetración de Rusia en la economía de Georgia haría a las élites de este país más aptas a las negociaciones. En lo que respecta a Abjasia y Osetia del Sur, no hay que hacerse ilusiones. Actualmente, esos territorios no están dispuestos a reincorporarse a Georgia. Hay pocas esperanzas de que se produzca el “cambio de prioridades” en los ánimos de la población abjasia y osetia. Además, Tbilisi deberá comprender que las posibilidades de Moscú de ejercer influencia sobre esos territorios tienen sus límites. Por consiguiente, es necesario reconocer estas repúblicas como realidad política (lo que no es idéntico al reconocimiento formal de jure); reconocer que esa realidad posee su propia voz y no es un “dispositivo grabador y reproductor” manipulado por Moscú. La diversificación de las relaciones (es decir, mejorar lo posible y congelar lo que por el momento es irrealizable), permitirá conseguir un mayor “alivio” en sus relaciones.

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Sergei Markedónov, jefe de sector del Instituto de Análisis Político y Militar, para RIA Novosti

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