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¿Cómo repercutirán las felicitaciones navideñas de Gasprom?

Leonid Ivashov
Redacción
domingo, 4 de febrero de 2007, 12:01 h (CET)
A Bismarck le adjudican la expresión: “Hay países a los que es preferible tenerlos como adversarios que como aliados”. Hitler la repitió refiriéndose a los rumanos e italianos después de la batalla de Estalingrado. Pero lo es sólo una excepción de la práctica política mundial. Tradicionalmente, todos los Estados y pueblos aspiran a tener seguros amigos y aliados, y no sólo en la guerra, sino también en la vida cotidiana. Pues, los aliados refuerzan el potencial geopolítico del Estado, amplían la zona de su influencia y elevan el grado de maniobra política, lo que, dicho en términos modernos, aumenta sus activos.

Y el gran Sun-tsu recomendó a los estrategas:”Busca a los amigos, los enemigos no se harán buscar”. La geopolítica considera: las alianzas especialmente estrechas y a largo plazo sólo pueden existir entre pueblos cuyos códigos geopolíticos conceptuales coinciden y la escala de valores es idéntica o afín. Pues bien, en el mundo no existe otra etnia tan afín al pueblo ruso como los bielorrusos. De hecho, somos un mismo pueblo, cuyos hijos se diferencian, naturalmente, entre sí, pero no demasiado. Y no sería justo limitar las relaciones entre hermanos al ámbito exclusivamente comercial.

En realidad, a veces hay que pagar por las relaciones de aliados, y con tanta más razón por las fraternales, pero se trata del presupuesto familiar común y solamente con apoyo mutuo se puede gastar de manera ahorrativa para luego engrosarlo. Procede señalar que los norteamericanos no son hermanos de los europeos, pero cubren no menos del 50% de los gastos relacionados con la manutención de la OTAN.

Lo que hoy caracteriza las relaciones entre la Federación de Rusia y la República de Bielorrusia sólo puede ser considerado torpeza medieval y traición a los intereses nacionales rusos. Ya se viene convirtiendo en una tradición de mal agüero: en el humbral de cada Año Nuevo el Gasprom interviene como las más activa fuerza de política exterior de Rusia agravando al máximo las relaciones en el sector gasífero ora con Ucrania, ora con Bielorrusia y así queda retrotraído mucho todo lo positivo, lo que se logró conservar en las relaciones entre los pueblos eslavos: rusos, ucranianos y bielorrusos.

Es difícil decir si la fiebre de los precios de gas obedece a un guión preparado o una improvisación eventual, pero dudosamente se puede calificar de acertada la práctica de semejantes “felicitaciones navideñas” que desembocan en escalada de la crisis política entre los Estados y pueblos.

Tratemos de aclarar la situación con Bielorrusia. Desde el punto de vista estratégico militar, esta república se adentra 600 km en el espacio noratlántico destruyendo el arco antirruso Báltico-Mar Negro aproximándose casi de lleno al grupo de tropas rusas en el enclave de Kaliningrado, rodeado por la alianza noratlántica. Las relaciones de aliados en el ámbito militar con Rusia forman un espacio defensivo único de los dos Estados en la dirección occidental mitigando la presión de la OTAN sobre las fronteras de Rusia. Dicho en otros términos, también en este plano Minsk es un obstáculo real para los planes de Occidente de ataques de misiles supuestamente orientados a consolidar la paz.

Pues ahora veamos el estado real de las relaciones interestatales ruso-bielorrusas. Habrán de mantenerse sobre la base de los acuerdos y documentos firmados y aprobados en el marco de la Unión Rusia-Bielorrusia. Pero se pone en claro que ninguna de las partes se proponía en serio construir tal Unión. Por esto precisamente, ni siquiera existe la fórmula científica que determine y asegure el desarrollo en teoría del mero concepto “Estado comunitario” como precedente en la práctica internacional.

No existe la concepción ni tecnología (estrategia) de la construcción por etapas del edificio de semejante Estado. Lo único que existe es un surtido de ciertos detalles no inscritos en el proyecto general que, según se puso en claro, brilla por ausencia. Procede recalcar lo principal: durante todos esos años de “construcción”, la Federación de Rusia y Bielorrusia desarrollan sus sistemas estatales e institutos en direcciones totalmente distintas y a veces de signo contrario. Esto se refiere al sistema político, al modelo económico y la estructura de la sociedad refrendados por sus respectivas constituciones y actos legislativos.

¿Por qué, entonces, hay que armar tamaño alboroto en torno a la Unión Rusia-Bielorrusia? El pueblo bielorruso, lo mismo que el ruso, creían sinceramente en las serias intenciones de la administración de sus respectivos países. Pero resulta que los políticos rusos y bielorrusos utilizaron la consigna de unificación de los dos pueblos como as de triunfo en las elecciones. Aunque solamente el miope no puede ver lo importante que es la unión con un aliado como Bielorrusia con sus empresas refinadoras de petróleo, las de altas tecnologías y la infraestructura de transporte, que lo es principal. Sin embargo, incluso a despecho de los deseos de los adversarios de la Unión Rusia-Bielorrusia, en el proceso de su “construcción” se logró conseguir resultados positivos, ante todo, en el ámbito de la defensa. Luego, en las relaciones económicas se formó una estructura de ajuste de cuentas afin a los precios de los dos Estados. Las relaciones políticas de aliados y los intereses estratégicos militares son también componentes importantísimos. Tampoco se puede echar de la cuenta la aspiración de los pueblos que aún se mantiene, a vivir en un solo Estado.

Dicho en rigor, existe un compromiso de precios recíproco, lo que no se debe olvidar. Por ejemplo, Bielorrusia no cobra nada por las instalaciones estratégicas de Rusia emplazadas en su territorio (el sistema
radar de defensa antimisil “Baránovichi” y el centro de comunicaciones con submarinos atómicos “Vileika”). Tampoco cobra nada por la información sobre la situación aérea y la cobertura de flanco del grupo de Kaliningrado, etc.
Además, todas las mercancías se exportan a Rusia a bajos precios bielorrusos, precios del productor.

Sin embargo, cuando de esa estructura Rusia substrae uno de los componentes, el de gas, se viene abajo todo el sistema, lo que los bielorrusos señalaron en su respuesta. Si no se pone coto a ese proceso, ambos países admitirán el sistema de precios europeo y de tal modo nosotros mismos abriremos Bielorrusia para Europa y al mismo tiempo eliminaremos el carácter especial de su actitud hacia Rusia, ya que se vendrán abajo los componentes estructurales de la política interestatal de precios.

Es de reconocer que, hasta cierto punto, el Gasprom va a empeorar la situación socio-económica en Bielorrusia, podrá deteriorar hasta cierto grado las posiciones políticas de Alexander Lukashenko y posiblemente contribuir al abandono por éste del puesto de presidente.

¿Qué consecuencias acarreará a Rusia tal desenlace? Se podrá pronosticar la variante más probable en el país vecino: “la revolución anaranjada”, el rígido rumbo antirruso, el ingreso en la OTAN, bases militares en las proximidades de Smolensk, la liquidación del sistema radar “Baránovichi” (como lo sucedió ya en la Skrunde letona) y la pérdida por Rusia de un aliado seguro. No voy a analizar las consecuencias políticas, estratégico-militares, económicas ni financieras de la victoria del Gasprom en la guerra contra Lukashenko, sólo recomiendo recordar lo sucedido con Georgia y Ucrania.

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Leonid Ivashov, general coronel, vicepresidente de la Academia de problemas geopolíticos, para RIA Novosti.

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