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Etiquetas:   Con permiso   -   Sección:   Opinión

Carta abierta al alcalde de Palencia

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
sábado, 3 de febrero de 2007, 12:27 h (CET)
Créame, Don Heliodoro, a mí me importa un comino quién vaya a ser el próximo alcalde de Palencia, aunque por otra parte tengo muy claro quien va a ganar y quien va a seguir en la oposición. A la hora de votar pienso bastante poco tanto en su partido como en el otro “grande”, los respeto como parte de la voluntad popular, aunque habría mucho que hablar sobre ello, pero soy consciente de que ambos son corresponsables de que los palentinos, y todos los castellanos, seamos el culo de España, un país, iba a escribir “una nación” pero no me he atrevido, para el que no pintamos nada, que toma sus decisiones económicas y políticas pensando sólo en las pobrecitas autonomías gravemente perjudicadas por las decadentes y opresoras estructuras del Estado, como Cataluña, por ejemplo. Y si no, piense en el Archivo de Salamanca y compárelo con el Museo Marès, donde tantas obras palentinas esperan volver algún día a su tierra. Y ya de paso recuerde la riada de millones que el Estado de todos (¡de todos!) tendrá que aportar porque así lo dice unilateralmente el estatuto de autonomía de Cataluña, estatuto que su partido apoyó entusiastamente. Con el silencio de usted, por cierto.

Si tuviésemos en usted o en su contrincante un Maragall o un José Montilla, con un par de guirnaldas inguinales bien puestas para enfrentarse al partido y al aparato del Estado en defensa de sus ciudadanos, puede que me interesara planteármelo, pero mientras ustedes y su oposición “hablen catalán en la intimidad” cuando electoralmente les conviene es algo que me trae al pairo. Si alguna vez tienen el valor de pedir para los castellanos lo mismo que sus compañeros de partido piden para Euskadi, Galicia o Cataluña cambiaré de opinión. De momento todos ustedes me demuestran día a día que sólo les interesa mantenerse en el cargo.

Valga tan largo preámbulo, señor alcalde, para decirle que, importándome poco si los actuales “affaires” urbanísticos le benefician o le perjudican electoralmente, usted sabe que “eso” iba a ser un campo de golf. Claro, claro, yo no puedo demostrarlo (¿o sí?), pero “eso” estaba destinado a ser un campo de golf, todos lo sabemos. Otra cosa es que, prietas las mandíbulas, tensas las miradas y la respiración contenida, cuando alguien preguntó por la procedencia de la financiación se cambiaran bruscamente los planes, la empresa que iba a realizar el mantenimiento “se rajara” y hubiese que buscar urgentemente una nueva por los montes Torozos. Fue entonces, las facturas podrán demostrarlo, cuando empezaron a surgir mesas de madera, papeleras, e incluso toboganes infantiles que curiosamente desembocan en lo que estaba destinado a ser un bunker. Pobres niños a los que se obligaba a aterrizar en un profundo charco cada vez que hubiera llovido, algo así sólo se le hubiera ocurrido a... J.R.

Todos los que con frecuencia nos cruzábamos aguas abajo del puente Nicolás Castellanos, usted incluido, lo hemos sabido siempre. Yo conozco la zona desde que era un erial y he visto su rápida transformación en campo de golf con green, bunkers y esos obstáculos artificialmente naturales que hay en los campos de golf. Claro que yo no tengo testigos de todo ello (¿o sí?), pero hace ya muchos meses que algunos sabíamos que esos miles de metros estaban destinados a ser campo de golf. Sólo nos faltaba ver a los golfistas accediendo en sus cochecitos eléctricos desde la isla Dos Aguas y hasta soñábamos con el día en que se iba a regar tanto césped con agua reciclada en vez de gastar en ello nueve o diez mil euros cada mes de verano. Con la escasez de agua que padecemos, con la de micro créditos que usted podría conceder con ese dinero. Cada mes, oiga.

Ni harto de vino afirmaría yo que todo ello fuese para apoyar económicamente a una acaudalada familia socialista, no, pero gastarse más de quinientos millones de pesetas en un campo de golf no es repoblar las riberas de los ríos precisamente. Además con los concejales debería pasar como con la honradez de la mujer del césar, ya me entiende. En aquella ocasión I.U. le aconsejó escoger otro caddie. Debería haber hecho caso.

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