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Etiquetas:   TEATRO CRÍTICA   -   Sección:   Revista-teatro

Intriga a lo salsa rosa en el salón de belleza

Pels pèls
Redacción
viernes, 2 de febrero de 2007, 13:02 h (CET)
Con Pels pèls, una se siente como cuando va a la peluquería de su barrio a cortarse el pelo: cotilleos de esta, del otro, del de más allá, del de la calle de en frente… No hay metro cuadrado de cualquier centro de estética al que no lleguen las habladurías. No, no lo hay. Y es que no importa la condición cultural-sexual de su peluquera o peluquero. No nos engañemos: el cotilleo forma parte del ser humano. Y las peluquerías son una de sus mayores manifestaciones (un puesto después de los programas del corazón, claro). En Pels pèls se mezcla el género de la novela policíaca con al más puro estilo rosa.

Mª Teresa Caballero
Al principio, el espectáculo parece salvarse gracias y únicamente al peluquero (Eduard Farelo), un gay venerador de Madonna y tan diva como ella, al que le encanta hacer sus coreografías y con las que se gana al público. Sin embargo, a medida que la trama va desarrollándose, la buena interpretación de grandes veteranos cae por su propio peso: Mercè Comas como clienta (aristócrata y cotilla hasta la muerte) i Enric Majó como cliente (dejemos la definición de su personaje en friki, bien podría ser uno de esos personajes que te puedes encontrar por los rincones de esta ciudad). Gracias a ellos, sin duda, se salva todo el tinglado. Àlex Casanova y Pep Planas, más que actores, ejercen la función de desarrolladores de la historia en pleno escenario y Beth, que interpreta a la ayudante de la peluquería, resulta al principio forzada y poco creíble, aunque cabe decir que al final hace un monólogo en estado crispado en el que no está nada mal.

Pels pèls es una comedia a lo novela policíaca donde la intriga y el cotilleo vecinal van cogidos de la mano. El asesinato de Isabel Goula (la propietaria del edificio de la peluquería) es el delito-eje de toda la historia y más que investigación, la obra es un pozo de comidillas sobre unos y otros que gira entorno al delito cometido. Vamos, que los policías hacen más trabajo de investigación rosa, que otra cosa (he aquí quizás una gran crítica a los responsables del orden, sí señor). Todos los personajes de la peluquería pasan directamente a ser sospechosos del asesinato de Goula y es que todos tenían o habían tenido algún roce con ella. Queda pues en manos del espectador la responsabilidad de decidir quien ha sido el culpable. Para ello, los espectadores pueden interrogar a los personajes en la tanda de preguntas. Con esta medida, la obra apuesta por la idea de que la objetividad no existe, puesto que el final de cada representación es la suma de las opiniones, de las subjetividades de los espectadores que han acudido a las butacas del teatro ese día. Podríamos hablar así de Pels pèls como una obra democrática donde el pueblo (los asistentes al teatro) es quien tiene la última palabra.
Aún así, la trama no queda bien definida, ya que todos los personajes tienen muchos puntos como para ser culpables. El espectador se queda atónito ante muchas acciones extrañas que al final no tienen resolución puesto que la culpa solo recae sobre uno de ellos. He aquí el talón de Aquiles de este formato teatral: que el argumento se sostiene con pinzas.

La adaptación de la obra en lo que a la ciudad donde se enmarca se refiere es buena: desde luego Barcelona se respira por todos los lados y las referencias locales hacen que la obra resulte más familiar y cercana para el que la ve (por ejemplo, el hecho de que el centro de estética esté situado en pleno gayxample).

Lo mejor del largo espectáculo son, indudablemente, las improvisaciones que regalan los actores durante las rondas de preguntas.

Los más vagos dirán que se les hace pagar para encima tener que trabajar parar resolver el caso y los más activos dirán que este formato utilizado en Pels pèls les encanta puesto que les hace ejercitar sus neuronas y su olfato delictivo.

La obra hace justicia a su título: Pels pèls se salva “por los pelos”. Poca idea tuvo el que ideó el rótulo para el espectáculo a sabiendas de su calidad… Hay que tener más ojo, rotulistas míos de la obra. Más ojo y no tanto pelo.

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