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Opinión
Etiquetas:   A pie de calle  

Un empresario práctico

Paco Milla
Paco Milla
sábado, 3 de febrero de 2007, 12:23 h (CET)
Al principio de la semana, “baje” hasta León a visitar a un cliente que necesitaba cambiar la maquinaria de su gimnasio, pues había quedado obsoleta y su clientela le demandaba actualización.

Sentado en una silla con ruedas y giratoria, yo tenía la posibilidad de desplazarme a cualquier punto cardinal, incluso como digo de girar en el sentido que me apeteciera. Sin embargo, cuando Neptuno (es que tiene nombre de planeta, pero no debo nombrarlo tal cual) salió del despacho, porque alguien lloraba en la recepción, decidí que lo mejor era quedar en el sitio exacto en el que me encontraba. No desplacé la silla un solo milímetro, pues adivinaba suculentos aprendizajes. Lo que ocurre que a los cuarenta y tantos, ya no sueles oír ni vivir nada por primera vez, sino repetido y espaciado en el tiempo. Aun así decidí “espectar” ya que, no era en absoluto el momento de conjugar los verbos “protagonizar o inmiscuir”.

Cuando Neptuno salió del despacho, se encontró con una diosa… (es que tengo que decirlo así)…me la había presentado unos veinte minutos antes y era la novia de su hijo. Y digo una diosa de cuerpo y de cara. Una de las mujeres mas bellas que he conocido. Ojito, que yo me casé con otra y esta no superaba a la mía. Mi diosa es la mas guapa del universo… después las otras.

Neptuno contrató a su nuera como profesora y actualmente, ella se encarga de las clases de las mañanas. Pero coincide que además de gimnasio, el centro es clínica, con doctoras que atienden a los accidentados y ambulancia, que los lleva hasta el centro hospitalario mas cercano, dado que hablamos de un pueblo minero de montaña.

Aquella belleza (en adelante la bella) sollozaba, porque un minero había tenido un accidente y le había visto entrar en la clínica todo ennegrecido y bastante grave. La sensibilidad de la chica, que nada podía hacer por el moribundo, la estaba haciendo llorar desconsoladamente, pero Neptuno ( en adelante la bestia) después de observarla durante algunos minutos, la situó en la realidad de la forma mas… ¿cómo decirlo… brusca…real? Ustedes juzgarán…

El solo dijo: óyeme nenina, si quieres trabajar con nosotros, tienes que encallar y te voy a explicar el motivo: verás, tu trabajas aquí y a final de mes te gusta cobrar tu sueldo, pero casualmente este accidentado, por el que tu lloras nos va a dejar entre asistencia y ambulancia un millón largo de pesetas, gracias a lo cual yo podré pagarte a ti y a tus otras compañeras. Lejos de llorar habrías de agradecer que cada mes haya, no ya uno, sino varios accidentados.

¿O es que piensas trabajar gratis?

Ni pongo ni quito, ni añado ni invento. La cosa fue tal cual.

Un empresario que ha de pagar, una empresa que ha de generar y unos empleados que han de cobrar. Punto.

Es por esto que agradezco a los dioses del universo ganarme la vida como actualmente me la gano y no tener empleados a los que pagar, porque la necesidad de generar a veces y como queda sobradamente demostrado, puede ser muy cruel…o no. Y esta es la historia moderna de la bella y la bestia o… del empresario y la empleada o como ustedes prefieran llamarlo. Y colorin colorado…

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