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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Educación juvenil

Miguel Rivilla (Madrid)
Redacción
sábado, 3 de febrero de 2007, 14:18 h (CET)
El 31 de enero de 1888 en la ciudad de Turín moría Juan Bosco, uno de los más grandes santos y educadores de la Iglesia, fundador de la Congregación salesiana. Huérfano de padre, desde la temprana edad de 2años y medio, dedicó, tras ordenarse sacerdote, toda su vida a la educación de los jóvenes más pobres y abandonados de la industrial ciudad de Turín. Su obra educacional pronto se extendió por Italia, Francia, España y Europa, gracias a sus hijos los salesianos y salesianas y algo más tarde por toda Hispanoamérica, hasta los lugares más remotos del globo, gracias a los misioneros(as).

Pocos educadores podrán presentar una hoja de servicio a la juventud marginada y pobre, como este gran pedagogo, universalmente reconocido como Padre y Maestro de la juventud. En un pequeño tratado- Sistema Preventivo- escrito por el santo, dejó unas sabias y prácticas normas para ganarse el afecto y voluntad de los educandos. A tres palabras se reduce el secreto usado por el santo: Razón, religión y amor. La convivencia y trato cercano del educador con los educandos –según D. Bosco- obrará el milagro de ganarlos a todos para hacer de ellos unos buenos ciudadanos y buenos cristianos, meta de toda obra educativa cristiana.

En los tiempos convulsos que estamos viviendo, se necesitan personas de la talla del santo, entregadas en cuerpo y alma a los jóvenes, que son el futuro de un mundo mejor.

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