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Etiquetas:   Crítica de teatro   -   Sección:   Revista-teatro

Un móvil demasiado brillante

Rafaela Rivas
Redacción
martes, 30 de enero de 2007, 20:13 h (CET)
Muchos críticos coinciden: es el gran fracaso de la programación del Lliure. Las expectativas que se planteaban al tener un texto de Sergi Belbel bajo la dirección de Lluis Pasqual eran muchas y muy buenas. Pero al parecer los nombres sólo han servido para atraer al público y vender el espectáculo.




Mòbil

Ya nada más entrar en la Sala Fabià Puigserver vemos un escenario impactante, original, sí, pero demasiado “llamativo” debido a los 7.680 puntos de iluminación (llamados en el lenguaje técnico LEDS) que deslumbran al espectador lo suficiente como para querer abandonar la sala. A pesar de todo, la pantalla es lo que más llama la atención del espectáculo, sobretodo si tenemos en cuenta que el texto es banal y de un nivel intelectual bastante más bajo del que estamos acostumbrados a ver en el Lliure. Un texto que pasaría desapercibido si no fuese por la interpretación de los actores, a destacar Rosa Novell y Marta Marco que forman pareja en el espectáculo con Carles Francino y Maife Gil respectivamente. La historia es plana y lo que es peor, previsible, aunque los personajes elegidos por el autor, todo y tener poca coherencia dramática, pueden dar algo de juego en algunos momentos de la obra: una mujer separada y una hija histérica (Gil y Marco) y una viuda convertida en presidenta de una multinacional de telefonía con su consentido y atractivo hijo (Novell y Francino). Cuatro personajes en busca de sentido que se relacionan a través del móvil: conversaciones, mensajes, vídeos, grabaciones, mucho ruido, malentendidos cruzados... Todo gira alrededor del móvil y evidencia la incomunicación a la que inconscientemente estamos sometidos. La notificación de una separación, la manifestación de una pasión, una escena de celos: parece mucho más fácil comunicarse a través de este aparato que no decirnos las cosas a la cara...Aunque esta ficción, a pesar de este insulso mensaje, no incita más que a la desesperación. El contexto: un aeropuerto donde se produce un atentado terrorista explicado en clave de humor sin darle la trascendencia coherente (claro que cuando Belbel escribió el texto en el 2001 no podía saber que ETA perpetraría un atentado en la T4 de Barajas).




Escena.

El texto pretendía ser una obra costumbrista o como dice el mismo Pasqual en el programa de mano: “un texto contemporáneo que hable de nosotros y de nuestras cosas en el intento metafórico de reflejar nuestra vidas”, pero se ha quedado en el “intento”. Lo mejor de la función son un par de escenas brillantes de Rosa Novell por un lado y Marta Marco por otro, donde indignada y ebria lanza al público un monólogo en forma de canción que después intenta imitar versionándolo en un rap el mismo Francino, aunque desgraciadamente, su personaje (muy agradecido por el público femenino de la platea) se ha creado de tal manera que es un puro objeto de deseo sexual (sinceramente, creo que los estudios de teatro sirven para algo más ¿no?) En conclusión creo que la función no tiene el sello de calidad al que nos ha acostumbrado este tándem, más bien se trata de una comedia que podríamos ver en la televisión en la franja horaria de la siesta, seguramente te puedes reír en ciertos momentos, pero satisfecho es aspirar demasiado.

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