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Etiquetas:   Reales de vellón  

Las cifras de la Caixa en 2006

Sergio Brosa
Sergio Brosa
martes, 30 de enero de 2007, 11:17 h (CET)
La principal caja de ahorros de España y la tercera entidad financiera del país, es La Caja de Ahorros y Pensiones de Barcelona, resultado de la fusión, en el año 1990, entre la Caja de Pensiones fundada en 1904, y la Caja de Barcelona fundada en 1844, acaba de hacer públicas sus cifras correspondientes al ejercicio de 2006.

Las cifras son espectaculares, desde luego, con esas ganancias –excedente– deslumbrantes de 3.025 millones de euros. Aunque no todos corresponden al ejercicio bancario, propiamente dicho, sino que, prácticamente la mitad de ellos, 1.520 corresponden a la venta de participaciones empresariales. Los restantes 1.505 millones de euros sí provienen del negocio bancario, propio de una caja de ahorros.

Si observamos un poco más de cerca las cifras, caben algunas fantasías que podrían no deslumbrarnos tanto; a saber: la entidad declara un patrimonio neto, a final del ejercicio, de 209.123 millones de euros y sus ganancias declaradas son de 3.025 incluyendo la venta de participaciones, lo que representa un rendimiento neto sobre el patrimonio del 1,45%. Cabe preguntarse si denota una excelente gestión del patrimonio obtener un beneficio del 1,45% del mismo, muy por debajo de la inflación del ejercicio, lo que supone una pérdida de valor real. Poniendo ese dinero a plazo fijo, la rentabilidad estaría en torno a un 3% sin necesidad de tanto esfuerzo gestor.

Por lo que hace al negocio bancario propiamente dicho, los recursos de clientes, con los que se practica la banca, ascienden a 168.275 millones de euros. El rendimiento obtenido por ello es del 0,89% sobre tal monto de recursos. ¿Es esto indicativo de una acertada gestión de los recursos? Si consideramos además que el ratio de cobertura es del 444,4% no parece tampoco que se asuma un gran riesgo en las operaciones. Aunque convenimos que hay otras cosas a tener en consideración en una corporación de la índole de la Caixa que condicionan el beneficio de explotación.

Otra cuestión a considerar es la política de las participaciones empresariales. A este respecto, dice la Caixa de sí misma: “Con el objetivo de diversificar ingresos y con el deseo de participar en el desarrollo de empresas que ofrezcan servicios básicos para la sociedad, “la Caixa” ha optado, desde hace muchos años, por una estrategia de inversión en participaciones empresariales. Actualmente, el Grupo “la Caixa” tiene una importante cartera de participaciones industriales en sociedades de los sectores de las infraestructuras, la energía y las comunicaciones, entre otros.” Es claro que repartir los huevos entre cestas distintas es una práctica inversora atinada. Pero la pregunta es si tales participaciones han de conferir a la entidad inversora, la Caixa en este caso, un papel preponderante en la vida de la sociedad participada. ¿Son los hombres de la Caixa quienes han de dirigir los destinos de tales empresas?

Por si hubiera dudas al respecto del papel dominante de la Caixa en sus participadas, la prensa de este último fin de semana, interpretando las declaraciones de su presidente, decía: “La Caixa deja entender que Gas Natural renunciará a competir con E.ON por Endesa.” Ciertamente, ni el presidente de Gas Natural ni su vicepresidente ejecutivo, hombres ambos de la Caixa, se han pronunciado aún sobre ello, pero el principal accionista, la Caixa, ya dice lo que piensa y es lo que deberán hacer los ejecutivos de Gas Natural.

Y abundando en este renglón, es objetivo de la Caixa sacar a bolsa la sociedad que agrupa a la mayoría de sus empresas participadas, Caixaholding, para colocar entre el 15 y el 25% de su capital, manteniendo en todo caso la Caixa, el 51% de la cartera. Dicho de otro modo, venden una participación global de toda la cartera, con una gran plusvalía –y si no al tiempo– pero sin perder el poder absoluto sobre las mismas empresas.

Cabe preguntarse además, si una entidad eminentemente de carácter social, propiedad en definitiva de toda una comunidad, como es La Caixa, no debiera destinar una buena parte de sus excedentes, a mejorar el precio de adquisición de terrenos para construir viviendas de carácter social, asequibles a tantos jóvenes que han de independizarse de sus mayores y organizar su vida en común con su pareja, pues sabido es que la repercusión del precio del solar en el precio final del piso es determinante.

Pudiera parecer este un comentario demagógico, pero no lo es en absoluto. Por supuesto es el cometido específico de los gestores de cualquier entidad y la Caixa no es una excepción, procurar el incremento de valor de la propia entidad, pero destinar un dinero a que las viviendas por ella promocionadas consiguieran un precio de venta asequible, sería sino un beneficio económico que cabría compensar en parte con los créditos con garantía hipotecaria al uso, sí un indudable beneficio social, como tantas obras de infraestructura se realizan en todo el mundo, con tal objeto.

En cualquier caso, es evidente que la gestión de los directores de la Caixa es encomiable, dando trabajo directo a más de 25.000 empleados con contratos estables y bien remunerados. Tiene más de 10 millones de clientes, con un grado de satisfacción más que aceptable. Otro caso es la remuneración de la alta dirección y la que ha de fijarse para su presidente que los estatutos han fijado entre un mínimo del 50% y un máximo del 100% de la que percibe el director general. Lo que no sabemos es si eso incluye también la remuneración por formar parte de consejos de administración de otras empresas participadas de la propia Caixa y por razón de que es la entidad la que arriesga su dinero en tales inversiones.

Y en otra ocasión, acometeremos el asunto de la diferencia entre un empresario que es el que arriesga su dinero en una empresa y el empleado que sólo arriesga su puesto de trabajo, aunque esté con contrato de presidente.

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