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Etiquetas:   Crítica de cine   -   Sección:   Cine

'Noche en el museo': para poder entrar, primero hay que dejar salir

Pelayo López
Pelayo López
sábado, 21 de abril de 2007, 09:12 h (CET)
Los museos son lugares que incitan al sosiego, a la contemplación y, por supuesto, de manera añadida, al silencio. En el cine, estos recintos han servido de marco a cintas relacionadas con crímenes, robos, y, también, historias románticas, algunas de ellas incluso un poco pedantes. Lo que ocurre ahora en el escenario de esta película, el Museo de Historia Natural de Nueva York, es que, los antaño protagonistas de carne y hueso, recobran de nuevo la vida, eso sí, únicamente cuando el reloj marca las doce, cual Cenicientas invertidas. Y todo ello ocurrirá para enrarecer la ya de por si sufrida existencia de un recién llegado vigilante nocturno, sobre quien penderá el filo del posible cierre del mismo. El argumento, así, en bruto, bien podíamos firmarlo cualquiera de nosotros –seguramente a todos nosotros se nos ha pasado por la cabeza una situación similar-, pero lo han plasmado por escrito dos amigos que, como no podía ser de otro modo, pasaron igualmente numerosas horas de su infancia en una de estas “máquinas del pasado”.

Títulos como Doce en casa, o la última versión cinematográfica hasta el momento de La Pantera Rosa, llevan el sello del director-actor Shawn Levy, realizador que, dados los precedentes, podría haber hecho cualquier otra cosa menos conseguir el objetivo primordial de las películas de este estilo: entretener. Sin embargo, he de reconocer que entretenimiento es lo que ofrece, precisamente, esta poco más de hora y media de metraje que no es una comedia al uso sino, más bien, una cinta de aventuras cual “Indiana Jones” sin salir de esas cuatro paredes. Reunir en una misma historia otras como las de El Mago de Oz, Jumanji, Parque Jurásico, Solo en casa, las denominadas “peplum” o los “westerns” menos míticos, supone tener gran parte de los ingredientes necesarios para conseguir un resultado en taquilla más que aceptable, y, al mismo tiempo, ofrecer al espectador un desarrollo narrativo lo suficientemente fluido y ágil como para no decaer. No obstante, hay que avisar que la segunda parte de la cinta se muestra algo repetitiva y se convierte en excesivamente previsible. Y eso sin contar con las incoherencias basadas en la lógica con las que podemos encontrarnos, que las hay. Por ejemplo, si los personajes del museo son de cera y no son los cuerpos de los difuntos personajes históricos, ¿cómo es que tienen en su poder la cualidad de la memoria sobre los hechos vividos?

Seguramente, si el talento del opiáceo Chris Columbus hubiese dado la cara al completo, y no se hubiese quedado únicamente entre bambalinas, la cinta hubiese tenido mayor solidez en su conjunto y algo de lo que carece casi por completo: el humor que proporciona las risas entre el respetable. Quitando un par de momentos, en el que no se puede contener, lo cierto es que nos pasamos casi todo el tiempo a la espera de que se produzcan esos chistes, gags o lo que quiera que sea que nos permita reírnos sin remedio. Volviendo a la senda de los aspectos positivos, los efectos especiales, sobre todo los de uno de los protagonistas incontestables, el T-Rex, están sorprendentemente muy logrados, aunque quizás la fotografía oscurantista sirve para atenuar posibles defectos. Tanto una como otra labor son mérito de los responsables de películas como El Señor de los Anillos y Las crónicas de Narnia o las historias de Guillermo del Toro, respectivamente.

El peso de esta historia, al estilo “montas un circo y te crecen los enanos”, recae casi exclusivamente sobre las capacidades de Ben Stiller. El cómico, si en otras películas que ha protagonizado no encaja, sobre todo en los papeles más histriónicos –Zoolander, Starsky y Hutch, Cuestión de pelotas…-, en este caso lo hace muy bien, ya que, sin caer en los excesos de otros compañeros, sus facciones faciales contribuyen fecundamente a este propósito -de la misma manera que en títulos como Los padre de él –y también de ella-, Duplex…-. Junto a él, la chica, Carla Gugino, la compañera de Antonio Banderas en la saga Spy Kids, quien con su papel “provoca” casi tanto como en Sin City, Robin Williams –en el papel del Pte. Roosevelt-, Owen Wilson –compañero de Stiller en alguna que otra película y aquí diorama “cowboy de museo”-, Mizuo Peck –una suerte de Pocahontas a la que dentro de poco veremos con muchas más asiduidad en la gran pantalla-, y los veteranos Mickey Rooney y Dick Van Dyke –la salsa de la historia con su encerrona argumental-. Junto a ellos, dinosaurios, guerreros, emperadores, faraones, macacos con directos pujilísticos… un grupo variopinto y resultón que pone en evidencia eso de que “para entrar, primero hay que dejar salir”.

FICHA TÉCNICA
- Calificación: 2
- Director: Shawn Levy.
- Reparto: Ben Stiller, Carla Gugino, Dick Van Dyke, Mickey Rooney, Robin Williams y Owen Wilson.

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