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Etiquetas:   Copo   -   Sección:   Opinión

Mesa para dos

José García Pérez
miércoles, 31 de diciembre de 2014, 08:36 h (CET)
Toda esta mandanga de tiempo que los sabios han dado en llamar año va a doblar esta noche la misma esquina de siempre para zambullirse en un nuevo invento de temporalidad. Se nos va la vida entre uvas y cotillones, y lo celebramos; así somos para nosotros mismos.

Hace años, pero muchos, era el padre el que anunciaba a la familia los cuartos del reloj de la Puerta del Sol; todos los miembros del clan estábamos pendientes del gesto paterno mientras Radio Nacional retransmitía las campanadas.

Todo era jolgorio: la abuela, la madre, los hermanos, el anís, el coñac, el taponazo de la sidra o el champán, las peladillas y el turrón de almendras. ¡Ahora!, decía el patriarca, y una a una, o de dos en dos, o con una atragantera de mucho cuidado, las uvas, debidamente escamondadas, eran motivo de fiesta; después llegaban los besos a todos y cada uno de los miembros de la familia y, más tarde, el brindis.

El transcurrir de la vida, la existencia, va enterrando a unos y dispersando a otros; estos, o sea, los otros, van formando nuevas familias. Es ley de vida, y la ley se cumple.

En la actualidad, la mía, no es el padre el que marca el principio del nuevo año. El padre y la madre, ya abuelo y abuela, miran a derecha e izquierda y ven solamente las campanitas del árbol de navidad; recomponen la mirada y se observan el uno al otro, estudian el paso del tiempo en sus rostros, las arrugas que brotaron al unísono y, con parsimonia, sin atragantarse y tragándose alguna que otra lágrima de vida, las uvas, al compás de cualquier cadena televisiva, realizan su rítmico caminar de una en una. Y él y ella, serenamente, se quieren de forma diferente, o sea, para siempre.

Es, decía, ley de vida. Me queda, quiero creer, quiero creer, vivir más fiestas de fin de año o de principio de otro.

Cada año, cuestión de artritis, nos costará más alzar la copa y tragar las uvas, cuestión de diabetes, pero seguiremos juntos hasta que la famosa ley de vida, la muerte, nos separe.

Va por ti, mujer. Va por todos vosotros.
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