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El error de la UE, cuando rescató a Grecia, lo vamos a pagar ahora

“Cuando la situación es adversa y la esperanza poca, las determinaciones fuertes son las más seguras” Tito Livio
Miguel Massanet
martes, 30 de diciembre de 2014, 08:19 h (CET)
Hoy se ha producido en Grecia, concretamente en su Parlamento, una votación que bastaría para poner los pelos de punta a cualquier persona sensata que tuviera un mínimo interés en seguir la situación de Europa, sus altibajos y su volatilidad, en cuanto se trata de enfrentarse a problemas surgidos, en muchas ocasiones, de su propia incapacidad, de los intereses de los lobbies de naciones y de la evidente falta de un sentido de unidad supranacional que, en un principio, parecía que tendría que impregnar un proyecto de la envergadura del que se puso en marcha, cuando se decidió elevar un escalón más el antiguo convenio económico existente en Europa, al que se habían comprometido los primeros países del núcleo de la UE. El primer escollo: el gran fracaso del proyecto de una constitución común, en el 2004, que se intentó paliar con un apaño descafeinado, mediante el Tratado de Lisboa, firmado por los estados europeos el 13 de diciembre del 2007.

La última votación que podía dar continuidad al actual gobierno griego del partido conservador Nueva Democracia del señor Antonis Samarás, ha confirmado los resultados negativos obtenidos en las dos anteriores votaciones y enfrenta a Grecia a unas nuevas elecciones ( ya se ha convertido en una costumbre, en un país que fue rescatado en el 2010) para las que sale en primer lugar el partido del señor Alexis Tsipras, líder de la coalición de partidos de izquierda griegos de carácter extremista, SYRIZA. Es notorio el Vía Crucis por el que han pasado los gobiernos griegos que tuvieron que enfrentarse a una falsificación de cuentas públicas, a cargo del anterior gobierno conservador de Karamanlis, en las que se declaraba un déficit público de un 3`7% cuando, en realidad, resultó ser de un 12`7%. Debemos recordar que Grecia tuvo que ser rescatada en el 2010 mediante unas medidas extraordinarias por las que los países de la UE le hacían un préstamos de 80 mil millones de euros y el FMI otro de 30 mil millones de euros.

Las condiciones que se impusieron al país griego fueron draconianas: disminución salarial de los funcionarios públicos en un 10%; reducción de la paga de Navidad en un 30% y retraso de la edad de jubilación de 61 a 63 años; un aumento del IVA del 0’50% y un recargo del 2% además del impuesto sobre hidrocarburos, tabaco y alcohol. Todo ello motivó el descontento popular que se tradujo en huelgas alborotos y demás actos de protestas. En Abril del 2011 Papandreu se comprometió a aplicar un nuevo plan de ajuste por valor de 23.000 millones de euros y privatizaciones por 50.000 millones más. En septiembre del mismo año se presiona a la UE para un nuevo rescate. El plan de ajuste comprende: 30.000 funcionarios a la “reserva”; los jubilados menores de 55 años, pierden el 40% de la jubilación; reducción de un 15%; impuesto propiedad inmobiliaria de 0’50 a 16 euros por metro cuadrado y se obliga a pagar impuestos a los que perciban mas de 5.000 euros anuales. Los actos de protesta se multiplican y la situación social llega a la tensión máxima.

En febrero del 2012, ante el deterioro de la situación se añade otro plan de ajuste que supone el despido de 15.0000, funcionarios; la rebaja del salario mínimo de un 22% y 3.300 millones de ahorro del gasto público. En este contexto se producen nuevas elecciones parlamentarias en mayo del 2012 y, como no es posible formar gobierno, deben repetirse en junio del mismo año. Desde entonces se puede decir que los griegos han ido de mal en peor, entre luchas de la oposición con el Gobierno y la vigilancia de la UE que no ve por donde darle salida. Hoy, por fin, se ha producido el hecho fatal que les obliga volver a las urnas, con la particularidad de que, si en el corto plazo que queda para los comicios, el centro¬-derecha no reacciona, todas las posibilidades (que ya han anticipado los mercados con una bajada de la bolsa griega de cerca de un 26%) están a favor de un gobierno de extrema izquierda dirigido por el señor Tsipras del partido comunista-anarquista SYRIZA.

La sola idea de que esta circunstancia se pueda dar, después de los esfuerzos económicos y diplomáticos que se han llevado a cabo entre la UE y el gobierno griego; nos plantea el tema de si los que decidieron el rescate de Grecia, mediante la inyección de miles de millones de euros, no hubiera sido mejor que hubieran dejado que Grecia cayera y quedara excluida de la UE, recuperando su divisa, el dracma; lo que les hubiera permitido hacer devaluaciones competitivas para impulsar sus exportaciones que suponen el 10% del PIB griego. ¿Por qué se rechazó esta medida? Pues está claro que había países cuyos bancos poseían mucha deuda pública griega, como era el caso de Alemania. Por otra parte, la señora Merkel sabía que Alemania tenía una deuda Histórica con Grecia que, acumulada, representaban en 2011 la cifra de 575.000 millones de dólares, cifra lo suficientemente importante para que los griegos pudieran solucionar sus problemas de deuda evitando tanto sufrimiento a la población griega.

Evidentemente, a la vista de la precaria situación de la actual Grecia y del río de millones de euros que las ayudas de Europa han ido vertiendo en su apoyo, vista la preocupante situación social y el evidente avance del comunismo leninista extremista; mucho nos tememos que, las decisiones de Bruselas, probablemente inspiradas por aquellos países que más perdían si Grecia caía en quiebra soberana, como es el citado caso alemán, estuvieron equivocadas porque, si en aquel momento puede que hubieran evitado problemas al euro, es obvio que si el país cae en manos del señor Tsipras y sus colegas soviéticos y ponen en marcha el plan que tienen de retrasar el pago de la deuda, de recuperar los salarios perdidos y de crucificar a impuestos a las empresas y ciudadanos griegos; lo primero que va a suceder es que las inversiones huirán de ella como de la peste; lo que tendrá un segundo efecto negativo si se nacionalizan los bancos y se toman medidas expropiatorias de la propiedad o limitativas de ella.

Sabemos que España contribuyó, en su día, con 9.972 millones y, en un segundo rescate con 15.600 millones de euros, de los cuales difícilmente va a poder recuperar alguno, si es que tenemos suerte. ¿Ha valido la pena este sacrificio, cuando nosotros mismos teníamos necesidad de cada uno de ellos para paliar nuestro desempleo? Nos parece que la respuesta no tiene duda. Todo lo que se ha hecho no ha servido nada más que para poner en aprietos al pueblo griego y, por si faltara algo, ponerlo en manos, por despecho, de unos señores cuyas fórmulas de gobierno son las mismas que se aplican en Venezuela, Cuba o Bolivia. Un único factor positivo, si es que a la desgracia ajena se la puede calificar de este modo. Si el señor Tsipras de Syriza sube al poder, cuando tengamos las elecciones legislativas, el año que viene, ya habremos tenido ocasión, los españoles, de comprobar los efectos de un gobierno comunista en Grecia y las consecuencias que se derivarán de su política de apartarse del euro y dejar de pagar sus deudas e intereses al resto de países. Por si pudiera servir de orientación, podemos decir que las agencias de ratings, como Standart and Pours ya han calificado la actual deuda griega como C o, lo que es lo mismo, cercana a la quiebra soberana.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos la impresión de que ha llegado el momento de que, los españoles, empecemos a poner nuestras barbas a remojar, los que las tengan, naturalmente.
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Casas Viejas 30/dic/14    12:14 h.
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