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Etiquetas:   El crisol   -   Sección:   Opinión

La gran charada

“La gran esperanza de la regeneración, de la recuperación, de la ética, de la honradez y de la moral política, depende, sin duda alguna, de lo ejemplarizante y dura que pueda ser la Administración de Justicia”
Pascual Mogica
lunes, 29 de diciembre de 2014, 09:12 h (CET)
La inefable, la impoluta, la representante más genuina de la marca España, María Dolores de Cospedal, acaba de declarar recientemente que “hoy en España hay menos corrupción”, la verdad es que no se si refería a un día en concreto o bien a todo un tiempo presente. No obstante debo darle la razón, ya que en España está remitiendo la corrupción dado que cada vez hay menos dinero para robar.

No obstante desde el G0bierno, bajo la magistral batuta de Mariano Rajoy, está tomando medidas para que esta •enfermedad” que ataca a muchos cargos públicos sea erradicada cuanto antes. Para ello ha tomado la decisión de acortar los plazos de instrucción de los casos de corrupción y que estos se resuelvan dentro del más breve espacio de tiempo. O sea, que los jueces instructores tendrán menos tiempo para investigar, ya que solo contarán con un plazo de tiempo de seis meses para hacerlo con lo cual la mayoría de estos casos se archivarán y como dijo aquel: “Muerto el perro se acabó la rabia”. La solución, no hace falta ser un experto para verlo, no es esa, la solución estriba en dotar de más medios humanos y materiales a la Administración de Justicia, porque si no así no se hace, si sobre la mesa de cada juez instructor se siguen amontonando mil y un casos para investigar está claro que la tarea seguirá siendo misión imposible y al caso Fabra, diez años, al caso Gürtel, siete años y… a más de otros que están en la mente de todos se les unirán otros muchos que pasarán a formar parte del libro Guinnes de records en lo que a duración de la instrucción de un caso delictivo se refiere. Está claro que no hay verdadera voluntad política de combatir eficazmente a los corruptos y esto de acortar los plazos de instrucción se concreta en tres dichos populares: “No por mucho madrugar amanece más temprano”.

“Vísteme despacio que tengo prisa” y “Ni tanto ni tan poco”.

Creo que no digo ninguna barbaridad si afirmo que una pandilla de golfos desaprensivos están convirtiendo a este país en una gran fosa séptica y que la gran esperanza de la regeneración, de la recuperación de la ética, de la honradez y de la moral política depende, sin duda alguna, de lo ejemplarizante y dura que pueda ser la Administración de Justicia, pero claro, el problema, el hándicap, es muy difícil de resolver ya que la Administración de Justicia, sus normas, dependen de los políticos, y es muy raro que se vayan a tirar piedras sobre su propio tejado. Los jueces decanos han iniciado un movimiento que nos da una cierta esperanza de que este estado de cosas puede cambiar, pero no lo van a tener fácil.

El principio, el pistoletazo de salida de la corrupción en la era democrática de nuestro país, fue el cierre en falso del caso Naseiro, ya lo he dicho en alguna ocasión anterior a esta, y curiosamente se produjo en 1990 en la Comunidad Valenciana a la que han convertido en el paradigma de la corrupción en España. Cuando se hace oídos sordos a la primera y ruidosa explosión de una bomba y no se busca refugio lo normal es que a no mucho tardar se sufran las lamentables y duras consecuencias de un gran bombardeo.

Es lo que hay. Es lo que nos pueden ofrecer los que alardean de patriotismo. Por cierto y hablando de patriotismo ¿alguien se ha fijado en esos deportistas españoles que consiguen grandes victorias allende nuestras fronteras? Después de conseguido el éxito vuelven a España a celebrarlo y a ser vitoreados por todos. Vienen llenos de orgullo y de satisfacción, pero con los bolsillos vacíos porque antes de emprender el viaje para ser homenajeados por sus compatriotas han dejado el dinero en los paraísos fiscales, donde por cierto han fijado ¿su residencia? El último caso, según algún medio de comunicación, ha sido el del campeón del mundo de motos, Marc Márquez. Jovencito ha comenzado el chaval, el cual se ha apresurado a aclarar que no ha fijado su residencia en Andorra por cuestión de dinero, será por un cambio de aguas o buscando un clima más benigno para su salud. Y es que a este país, a sus gentes, les cuesta salir de la época medieval en la que solo los pobres, los siervos, pagan impuestos. Pero sí, justo es reconocerlo, estos campeones suelen darle la vuelta al circuito portando una bandera española. ¡Cuán patriotas son! Y el Rey les recibe.

Mientras tanto ¿qué hacemos lo españoles de a pie? Estar metidos de lleno en una gran charada tratando de llevar a cabo un acertijo para adivinar, partiendo de lo que estamos viendo, si lo de este país tiene solución o no. Difícil lo tenemos, me refiero a acertarlo, si tenemos un presidente del Gobierno que cuando se refiere al rey le nombra como Juan Carlos II y que cuando habla de los brotes verdes se trabuca y dice los brotes “bordes” y de un presidente del Congreso de los Diputados que se autodefine como presidente del Gobierno y que cuando menciona a la Constitución habla de la Constitución de 1968. Con este “material”, con estos que no saben ni donde están, no podemos aspirar a llegar muy lejos. Lo tenemos mal, muy mal.
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