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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

75 años de esfuerzos perdidos por culpa de unos insensatos

Miguel Massanet
lunes, 29 de diciembre de 2014, 08:05 h (CET)
Si, como dicen los entendidos, a partir del año 1.800, las generaciones se pueden contar en periodos de 30 años, es fácil llegar a la conclusión de que, desde la finalización de la Guerra Civil española, en 1.939, han transcurrido dos generaciones y media de españoles (75 años), lo que puede que, para algunos, teniendo en cuenta que a la Tierra, desde su formación a partir de la nebulosa protocolar, se le pueden calcular 4.570 millones de años, puede resultar una cifra ridícula; pero que, para los que ya hemos entrado, desde hace tiempo en la llamada tercera edad, podemos entender como un periodo de tiempo suficientemente largo como para valorar que los sacrificios, los esfuerzos, las calamidades, los desengaños, las experiencias y los experimentos sociológicos que, durante este periodo, han afectado a los españoles a través de las distintas experiencias sociales por las que han pasado, hayan sido lo suficientemente explícitos, instructivos, didácticos y comprensibles como para poder sacar las conclusiones que nos permitan, aunque sólo de forma inexacta pero suficiente, hacer una evaluación general de los resultados que, para el pueblo español en general, han tenido estos años de paz y progreso.

La guerra que el 18 de julio de 1.936 se inició por el general Franco y que, contrariamente a todo lo que se podía esperar, consiguió ganar; provocó, a su finalización ( como sucede con casi todas las contiendas) un largo periodo de desestabilización económica, falta de mano de obra ( las bajas fueron, en los dos bando, muy cuantiosos), escasez de productos de primera necesidad, falta de materias primas y carencia de industrias, debido a las destrucciones causadas por tres años de guerra que afectaron a todo el país. Los supervivientes tuvieron que pasar hambre, calamidades, escaseces, penurias y enfermedades, debidas a la miseria que se extendió por todo el territorio nacional. Fueron años duros en los que, por si faltara poco, fuimos sometidos a un boicot por todas las naciones aliadas, que no nos perdonaron nuestro apoyo a los alemanes y, especialmente, por parte de los caciques rusos (el señor Stalin el primero), que todavía se sentían afectados por su fracaso en hacer de la península Ibérica una parte de sus dominios.

Sin embargo, contrariamente a todos los pésimos augurios que se esforzaban en divulgar los países que querían hacer caer la dictadura de Franco, la nación fue saliendo de sus apuros y algunos países, como la Argentina de Perón, nos empezaron a vender trigo y el bloqueo, si bien formalmente seguía vigente, se fue relajando de modo que, a partir de los años 50, la situación fue mejorando y, en España, se empezaron a notar verdaderos signos de progreso, lo que permitió que los planes sociales del gobierno empezaran a surtir efecto, empezando por la posibilidad de los hijos de los trabajadores de acceder a la enseñanza, no sólo a la primaria y secundaria sino también a la universitaria. Se estableció la Seguridad Social, los Sindicatos Verticales, las viviendas protegidas, las pensiones de jubilación, los salarios mínimos y, se establecieron (algo desconocido a hasta entonces) los derechos de los trabajadores fijados en el Fuero del Trabajo, algo que marcó un hito en la defensa de la clase obrera contra los posibles abusos de los empresarios. La llegada de los tecnócratas al poder (López Bravo, Ullastres, López Rodó etc.) fue uno de los aciertos del régimen ya que se abrieron muchas puertas, se derribaron tabúes y la economía empezó a conseguir entrar en el mercado internacional.

La entrada de la democracia a la muerte de Franco, la encomiable labor del señor Suárez y el comportamiento ejemplar de quienes habían ostentado el poder hasta aquel momento permitiendo la democratización de la sociedad; permitieron que la nación entrara en una era de desarrollo y prosperidad que la sensatez, tanto del PSOE de Felipe González como de la UCD de Adolfo Suárez, permitieron superar unos momentos difíciles y encaminar al país hacia una época de paz y prosperidad. Los finales del gobierno de F.González quedaron enturbiados por los sucesos del GAL y diversas corruptelas que permitieron subir al poder al PP del señor Aznar, que supo dirigir con habilidad a la nación llevándola a altas cotas de bienestar y riqueza.

La fatalidad permitió que le sustituyera, después de dos mandatos, un socialista, Rodríguez Zapatero que, en sus casi dos legislaturas, consiguió poner a la nación al borde de la quiebra, momento en el que convocó elecciones para pasarle la patata caliente, al PP del señor M. Rajoy. La urgencia de salvar a la patria del peligro de tener que ser rescatada y sufrir el acoso de los famosos “hombres de negro”, fue la que impidió aplicar, de momento, el programa electoral del partido; siendo necesario emplear un plan de choque, impulsados por Bruselas, que obligó a serios recortes de beneficios sociales, a aumentar los impuestos y a tener que aplicar medidas poco populares, como fue la disminución de los salarios de los funcionarios, la congelación de los aumentos y recortar prestaciones sanitarias, estableciendo el copago en las medicinas.

Luego que lograron restablecer la confianza de los países extranjeros en nuestra deuda y la prima de riesgo regresara a niveles aceptables; se controlara el déficit público y se consiguiera restablecer la confianza de los países vecinos con un crecimiento de PIB superior a la mayoría de ellos; el gobierno del señor Rajoy, que ha dejado sin cumplir muchas de las promesas que le hizo a la derecha, ahora se ve atacado por una izquierda que, habiendo sido la principal causante del desmoronamiento de nuestra economía y de los millones de desempleados que ello ha producido, parece decidida a tirar por la borda todo el trabajo que estas dos generaciones y media han tenido que llevar a cabo para intentar salir del abismo al que, precisamente, los del PSOE y su compañeros de la izquierda, nos condujeron. Resulta vergonzosa la cara dura del señor Pedro Sánchez cuando, ante la evidencia de una incipiente recuperación económica, se empeña en negarlo y en insistir en que ellos, los sucesores de Zapatero, esgrimiendo sus mismas alocadas ideas sociales, serán los que sacarán a España del agujero que ellos mismos cavaron para hundirla. El método de siempre, mamado del comunismo internacional: el engaño y la mentira como arma de lucha contra la derecha.

Pero no van a ser los socialistas los que puedan acabar con todo el trabajo de recuperación que ha llevado a cabo el pueblo español durante estos 75 años. No, señores, ahora han salido unos fanáticos todavía peores, unos cuervos surgidos de una universidad en la que más que enseñar, se ha dedicado a crear larvas de terroristas políticos, con el único objeto de llevar a cabo una labor destructiva dentro de las masas, prometiéndoles mejoras, distribuciones de riqueza, trabajo para todos y sueldos para toda la población que, trabaje o no, va a recibir, como los israelíes del Éxodo recibieron, por mediación de Moisés, el “maná” caído del cielo. Podemos y su capitoste, el señor Pablo Iglesias, se nos han presentado como nuevos redentores de la humanidad. Como mesías laicos, que exhiben sus títulos como garantía de que sus promesas se van a convertir en realidad. Gente culta y, por tanto, más peligrosa porque saben como convencer a aquellos pobres inocentes, siempre dispuestos a creerse al que les ofrece convertirlos en ricos sin que para ello tengan que mover un dedo. ¿Cómo van a pagar lo que ofrecen, cómo van a dar trabajo a todos los parados o a pagar las pensiones de los jubilados? No lo saben, porque son incapaces de decir más que lo que quienes les siguen quieren oír sin necesitar más explicaciones. Con ellos los 75 años de paz, esfuerzos y progreso pueden derrumbarse en sólo un par de meses de estar en el poder.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, se avisa de que los milagros ya no se producen y que quienes, siendo ateos, creen en ellos, son unos simples incautos. .
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Casas Viejas 29/dic/14    12:43 h.
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