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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Montoro, empeñado en ayudar al separatismo catalán

“Era inepto para hablar, y no podía estar callado.” Epicarmo
Miguel Massanet
domingo, 28 de diciembre de 2014, 12:51 h (CET)
Aquellos españoles que todavía intentamos presumir de tener algo de sentido común, tenemos muy difícil el comprender como algunos de nuestros ministros tienen un comportamiento que es difícilmente explicable, poco comprensible y menos aceptable, en un país regido por una Constitución cuyo contenido establece la igualdad entre todos los españoles, la solidaridad entre todos sus territorios y la unión de todos ellos en un todo político que, desde hace más de seis siglos, tiene el nombre de España.

Es posible que siga habiendo algunos ilusos que pretendan solucionar el problema del independentismo catalán utilizando, para ello, procedimientos encaminados a suavizar las relaciones entre la autonomía catalana y el Estado español, por medio de recursos que se han venido demostrando como inútiles, contraproducentes y utilizados en momentos poco adecuados; para buscar con ello “apaciguar” el movimiento independentista que, al contrario de lo que se valoró en las altas esferas del Gobierno de Madrid, en lugar de ir disminuyendo se ha ido incrementando, al menos, hasta que el señor Mas ha colocado a Catalunya como un problema que ya afecta a toda España y que, por fin, parece que ya se está tomando en serio, no sólo por el Gobierno de la nación, sino por todos aquellos catalanes, comerciantes, industriales, financieros, exportadores y profesionales, que comienzan a percibir que ya no se trata de un ejercicio de esgrima política entre Estado y secesionistas, sino que ya tiene visos de que, efectivamente, se pueda llegar a producir la gran catástrofe de la ruptura anunciada.

Si el señor Montoro, nuestro ministro de Hacienda, otrora tan enérgico, taxativo, intransigente y lanzado “p’alante”, está pensando que, en estos momentos, puede evitar el denominado “choque de trenes!” que se viene anunciando si ninguna de las dos partes en litigio decide arrugarse, utilizando el subterfugio de ofrecer a los catalanes una serie de mejoras de tipo económico y fiscal que, quizá en otro tiempo, hubieran podido paliar el problema; es evidente que se está equivocando y, si lo hace a instancias del señor Rajoy, todavía peor me lo pones. El problema del separatismo catalán tiene un antes y un después que, precisamente, está fijado en el momento de las últimas elecciones autonómicas, cuando el señor Mas estaba convencido de conseguir una mayoría absoluta y, en lugar de ello, lo que logró fue perder doce de sus escaños en el Parlament. ERC fue la que entonces dio el paso de gigante y comenzó a tener el potencial político para poder poner en apuros a CIU y a su líder Mas que, para mantenerse en el candelero, se ha visto obligado a lanzarse a tumba abierta a un nacionalismo más extremo que le hizo pronunciar aquellas fatídicas palabras de las que, con toda seguridad, se viene lamentando; cuando, públicamente, amenazó al Gobierno español de que, si no accedía a permitir una consulta popular por el “derecho a decidir”, proclamaría por su cuenta la independencia de Catalunya de España.

Resultaría hasta cómico si no se tratase de un tema de tanta trascendencia para España, ver al señor Montoro hacer de mangas capirote para construir un sistema de ayudas, claramente favorables a Catalunya, de modo que no parezca que sólo la quiere beneficiar a ella y que, a la vez, resulte aceptable para el resto, entre las cuales están la mayoría de las gobernadas por su propio partido y, en especial, la de Madrid. ¿Cómo se puede entender que, en unos momentos en los que del Gobern catalán de la Generalitat, acaba de saltarse los autos del TC, los requerimientos del Gobierno de la nación y la denegación del permiso del Parlamento de la nación, poniendo en práctica, en contra de todos, una consulta por el “derecho a decidir” que, en un alarde de ingeniería jurídica, ha pretendido camuflar como una consulta de la sociedad civil cuando, tanto el señor Mas, como el resto del Parlament, la han aprobado, la ha vigilado, ha proporcionado las urnas y las papeletas y, finalmente, ha sido quien ha efectuado el recuento.

Lo que no puede hacer un gobernante, por mucho interés que tenga en solucionar un conflicto que, evidentemente, lo supera; es actuar de forma que, para librarse de unos mafiosos que intentan separar a Catalunya del resto de la nación; actuar de forma timorata, irracional y carente de lógica, cediendo al chantaje ( en este caso ni de eso se trata ya que, hoy en día, lo que tratan el Mas y su comparsa, es formar un frente único para presentar una sola lista independentista, para las próximas elecciones del mes de Mayo); de modo que se les perdonan, a las autonomías que han recibido préstamos del Estado, entre ellas y principalmente la Catalana, los intereses de los préstamos del FLA de los años 2012, 2013 y 2014 ( años en los que los intereses eran mucho más elevados que los actuales) anunciándose que, para el futuro, el tipo de interés será 0. ¿Y quiénes piensan ustedes que van a salir perjudicados con esta medida? Pues, aparte del resto de autonomías que supieron administrase bien y no superaron su tope de déficit público, que también, todos los españoles que hemos pagado impuestos a Hacienda, a cargo de los cuales se facilitaron los mencionados préstamos, que resulta que, por si fuera poco, les hemos regalado los intereses para que, en Catalunya, puedan seguir financiando el separatismo, se creen nuevas embajadas en el extranjero, se construyan administraciones paralelas para cuando “consigan la independencia”, se paguen nóminas a todos los funcionarios encargados de tramitar los planes nacionalistas y aquellos que están preparando, como el juez Vidal, la nueva Constitución catalana que debería regir cuando se consumara la pretendida separación.

Madrid, Galicia, Aragón o Castilla y León ya han dejada clara la actitud que van a adoptar ante las pretensiones del señor Montoro y, todos, especialmente el señor Gonzáles, de la comunidad Madrileña, ya han advertido de las consecuencia que, un trato de favor a los que no han sabido cumplir con sus compromisos de déficit o no han sabido controlar su endeudamiento público, no sería tolerado. ¿Qué efectos puede tener todo en las ya, de por si, complicadas elecciones municipales del 2.015, para el PP? Pues no creo que haga falta ser un gran experto para sacar las oportunas conclusiones. No sabemos, al respecto, lo que los cerebros eminentes de la Moncloa deben pensar, ni tampoco, si ya han calculado la incidencia que en éstas o, especialmente, en las del 2016, pudiera tener el auge imparable de estos de Podemos que, curiosamente, no hacen más que utilizar en su favor tonterías como las que tiene en mente nuestro señor Montoro y los otros “sobrados” de la cúpula del PP.

Seguramente a esto se le debe llamar gobernar. Y es que, señores, este miedo cerval a afrontar los problemas de frente, sin miedos, haciendo que se cumplan las leyes y, en especial la Constitución; disponiendo de una mayoría absoluta en ambas cámaras que les hubiera permitido legislar en su momento para aprobar leyes, para derogar otras y para regenerar toda la política española; echando del partido a todos los corruptos, evitando el intentar encubrir los casos de corrupción y siguiendo una línea recta que hubiera llevado a una depuración a fondo de la justicia, limpiándola de funcionarios politizados y de sinvergüenzas vendibles; con toda seguridad hubiera levantado ampollas pero, en estos momentos, es muy posible que todos estos irresponsables que han enfangado la política y que se han enriquecido a costa de los ciudadanos ya habrían hecho compañía en la cárcel a los pocos etarras que quedan. Parece que estos asesinos son los únicos que se benefician de la rapidez y diligencia con la que los tribunales españoles se aplican a cumplir, incluso antes de que las hayan interpretado el TS, las normas que nos llegan de la Justicia comunitaria.

Y es que así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos admirados como el sentido común se va esfumando del quehacer de nuestros políticos y gobernantes.
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