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Etiquetas:   Disyuntiva   -   Sección:   Opinión

Vacíos en el alma

“En un alma llena cabe todo y en un alma vacía no cabe nada”. Frase de antonio Porchia
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 26 de diciembre de 2014, 08:00 h (CET)
Es curiosa la frase, de inicio parece un contrasentido. Metidos en harina, comprendemos la enorme diferencia entre un almacén frío de cuatro paredes y la capacidad mental de los humanos para la memoria; en la que no rige la preponderancia de las dimensiones físicas, el espacio no es allí el principal indicador de su capacidad. Las estructuras de sus almacenajes son del estilo moderno, en un espacio diminuto puede caber un mundo, que siempre estará disponible para un uso dinámico de los contenidos.

Aunque no todos los pensamientos, ni aun los actos, dependen del querer; si que es necesaria una cierta DISPOSICIÓN del ánimo para ocuparnos o no de ciertos encuentros o determinados conocimientos. La falta de disposición hace caso omiso de las cualidades de la propia alma, como tampoco atiende a las manifestaciones de otros seres o del propio Universo. Esta si que es una característica personal e intransferible. La experiencia de su carencia es empobrecedora. La palpamos a diario con la gente despegada de sus relaciones, implicación o responsabilidades.

Muchos sujetos afirman tener esa disposición, pero no basta con lo dicho por uno mismo; aunque la tengan, detectamos una gran proporción de los que mantienen una fuerte CERRAZÓN. De cara a las posibles influencias nuevas sobre su pensamiento, las afines y las discordantes. El material aflorado desde el subconsciente, ni lo analizan, como tampoco el ámbito de las intenciones o intimidades. La gama de excusas va desde lo sencillo a lo inexplicable. No sé ustedes, pero yo observo tantos con esa cerrazón y poca disposición, que me parecen lógicos los malentendidos. Cada uno recogerá mejor los ejemplos de sus cercanías.

Ese almacén interior de conceptos y percepciones del que solemos alardear, aunque en realidad esté vacío; para su funcionamiento acorde con sus posibilidades, exige también algunas otras CONDICIONES. Un mínimo de preparación reflexiva con la valoración del material de ideas; así como mantener todo el bagaje liberado para la ejecución oportuna de las decisiones. Cuando falla el ensamblaje, el conjunto permanece desmadejado, ni almacenado ni utilizado; con el consiguiente descalabro personal y colectivo. Es un fenómeno social patente.

Los comentarios previos desprenden que cuando contemplamos las acciones de algún DESALMADO, dado que en esto es muy relativo lo del espacio; hablamos de una configuración de sus estructuras anímicas. Funcionan mal por las impertinencias fraguadas en su intelecto, por falta de disposición, cerrazón, etc. Haberlos, es incuestionable que abundan, de todos los grados y no pocos alcanzan la cúspide de la estupidez. Los hubo y me temo que los habrá en todas las épocas. Incluyo en este apartado a los gestores de las decisiones económicas escandalosas, políticos de signos bien diferentes, componentes de grupos decisorios y malvados en general. Son de un realismo espeluznante.

Con tantas posibilidades como caben en cabeza humana, ¿Será posible que despunten por suy actividad libertina tantos desalmados? Es muy sencillo, cada sujeto es dueño de la programación del disco duro de sus neuronas, determinó ideas y pronunciamientos consideradas como cetezas. En esta tesitura, sólo queda admitido el dictamen propio, los demás nunca aparecen como algo constitutivo de uno mismo. Son como un PIÑÓN FIJO, que no permite adaptaciones a otras formas del pensamiento. Parece una idea muy pasada de moda, eso del establecimiento de uno como ente distante de los demás. No obstante, impensable no es la palabra, puesto que son excesivos los ejemplares que pensaron y piensan de se modo.

Con frecuencia no describen el desarrollo de ciertas vidas simultáneas, en general para alabanza de sus cualidades, pero de vez en vez, también para poner de manifiesto sus desafueros. Definidas como VIDAS PARALELAS, refieren sus andanzas a través del tiempo. Sin embargo, no debemos echar en saco roto, que las líneas paralelas nunca se encuentran, discurren por separado unas de otras. Y de esto andamos sobrados hoy en día, de tan paralelos, no hacemos caso unos de otros. Deberíamos considerarnos divergentes, puesto que ni paralelos somos. Hemos descuidado el fondo de las almas y nos faltan argumentos para las confluencias…

La simplificación es un recurso empleado hasta la saciedad. ¿Cuestión de comodidad? ¿No hay más luces? ¿Utilizada como lema sencillo de dominio? Habrá momento en que sea bienvenida. Por el contrario, por sus mismas características, soslaya una de las claves humnas por excelencia, la COMPLEJIDAD, cuyo análisis es farragoso. Por todo ello, estamos poco entrenados para desenvolvernos entre numerosas variables. ¿Repúbica? ¿Monarquía? ¿Bajo qué condiciones? Pasa algo parecido con Europa, ¿Qué configuración nos hemos endilgado? Así ocurriría con cualquiera de las entidades analizadas. Las variables y los cambios son una constante huidiza. ¿Asumimos la pugna entre la organización y la creatividad personal? No parece.

Hay un matiz preocupante, si no el auténtico origen de las desdichas que nos apabullan. Las diferencias entre los humanos, las normas establecidas, la desidia y la malversación, alcanzan a todos los ámbitos de la convivencia, tejiendo la niebla espesa de la COACCIÓN. Hay grados, sí; pero algunos son muy potentes. Constituye otro de los descuidos en el almacenaje anímico de tolerancias e intolerancias. Desde la más larvada a las tremendas y ostentosas, han calado subrepticiamente en la calidad de las relaciones; sin que apreciemos una clara rebeldía ante esos forzamientos. Dejadez que nos aflige en la mayoría de las actividades emprendidas con posterioridad; toleramos en exceso los diferentes estilos coactivos.

Aún con buenas intenciones hemos de espabilar, no vaya a ser que nos quedemos como la ardilla en la fábula de Tomás de Iriarte, dando tantas idas y venidas, tantas VUELTAS y REVUELTAS, que no distingamos el rumbo. Eran los dichos del caballo, sesudo y asentado, pero que al fin no pasó de animal de servicio. ¿Con quién nos quedaremos? Con la sencillez de la ardilla sin añadidos pretenciosos en su vida o con la docta expresión del caballo? No está escrito con fundamento. Será tarea de cada cual aclararlo y pechar con las consecuencias, sin alardes en las fases favorables.

En el devenir de los acontecimientos, el talento de cada uno marcará la adaptación ante las realidades previas y las que estén por venir. Unos harán gala de sus brillantes coeficientes, pero quedará por ver como los aplicaron a los hechos concretos, puesto que la inteligencia no evita la estupidez. Otros sobrevivirán aplicando con destreza las técnicas disponibles. Pero también hay que tomar en consideración a los que cuentan con menos atributos, en ocasiones auténticas nulidades. Nuestra alma no puede soslayar estas apreciaciones. Que cada uno tire por donde le sea posible, o bien, que establezcamos las CONEXIONES oportunas, para una colaboración saludable.
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