Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

La cruel mediocridad del común de los mortales

“Para regir bien a una sociedad de hombres mediocres y volubles, hay que ser mediocre y voluble como ellos” J. Joubert
Miguel Massanet
viernes, 26 de diciembre de 2014, 07:54 h (CET)
Siempre he sentido una gran preocupación por aquellos niños o jóvenes que, en las fiestas de final de curso, presencian, desde el anonimato, como sus compañeros más listos, inteligentes, aplicados o atléticos van recibiendo sus premios, las alabanzas de los profesores y las felicitaciones de sus orgullosos padres que no dudan en mirar con aires de superioridad al resto de las familias de aquellos adocenados anónimos, con esta sensación de dominio genético que les confiere el hecho de ser los engendradores de aquellas eminencias en ciernes. Como una más de estas mediocridades, recuerdo con espanto y un cierto rencor, cuando mi padre me ponía como ejemplo a un primo mío, cargado de distinciones académicas, recitándome sus múltiples cualidades e incitándome a tomar ejemplo de él. Con toda seguridad se sentía herido por tener que bajar los ojos ante la mirada exultante del padre de aquel pijo insoportable. La vida, en muchas ocasiones, se encarga de poner en su sitio a cada persona.

Es posible que, desde el castillo de poder en el que se encierran los políticos, se puedan olvidar de que la mayoría de ciudadanos pertenece a esta facción de los mediocres, que no alcanzan a comprender las “altas” razones de Estado; los intríngulis de las economías: del mercado libre, estatalizadas, mixtas etc. y precisan que se haga pedagogía de ello porque, como suele suceder en la mayoría de casos, las medidas de gobierno se suelen materializar en normas, leyes, impuestos, obligaciones, prohibiciones y un sin fin de instrucciones que, para su comprensión y su difusión, es posible que no baste el BOE que apenas nadie se lee o las informaciones de prensa, en ocasiones demasiado extractadas cuando no erróneas insuficientes para permitir que una gran parte de la ciudadanía las pueda comprender lo que, como es lógico, dificulta su cumplimiento. Esto ha sucedido en nuestra patria cuando, sin previo aviso, nos vimos sorprendidos por una crisis que transformó radicalmente el modus viviendi de la ciudadanía; de modo que, todo lo que habían sido mejoras, alegrías y progreso de años de prosperidad, en unos pocos meses devino en desastre, cuando nuestra economía se desplomó como un castillo de naipes, convirtiendo a España en un cementerio de empresas, de paro, de ruina y de desolación.

Ha sido necesario plegarse a las instrucciones que nos han llegado de la CE, se ha hecho preciso ajustar el gasto público; se ha tenido que recurrir a ajustes laborales de difícil aceptación por la ciudadanía; ha sido inevitable retrasar medidas de progreso que muchos esperábamos y, en fin, ha quedado estancada durante mucho tiempo la economía del país, que ha debido de echar el freno y retroceder, en algunos aspectos, para evitar lo que hubiera sido todavía más catastrófico: la quiebra soberana. El Gobierno, sin embargo, encastillado en la fortaleza del poder, no ha sabido hacer lo más elementar: explicar a los ciudadanos, con claridad y llaneza, los motivos de cada una de sus acciones; poner a los españoles en antecedentes de lo que han sido medidas inevitables para que éstos no pensaran ( en algunas ocasiones con bastante razón) que aquellas decisiones, aquellas leyes o aquellos aumentos de impuestos eran para enriquecerse, sino que tenían un objetivo claro: el evitar que la nación tuviera que recurrir al rescate de Bruselas, algo que, como se ha visto en los casos de las naciones rescatadas, hubiera sido todavía mucho más radical, penoso y doloroso.

En España, la gente corriente ha tenido la sensación de que no se la ha informado suficientemente de lo que verdaderamente ha ocurrido durante todo este tiempo de crisis y recesión. Esta soberbia del poder; este dar por sentado que todos los ciudadanos no somos capaces de entender los motivos por los que se mueve la economía, las relaciones internacionales, la Justicia, las finanzas o esta sensación que se trasmite a los ciudadanos de que: sólo somos útiles para emitir nuestro voto y que, luego, una vez los elegidos se afincan en el Gobierno, ya pueden actuar por libre, a sus anchas y sin tener en cuenta la sensibilidad de las bases que, en definitiva, son a las que se deben los gobernantes. Los resultados están a la vista. Hoy, esta falta de pedagogía del Gobierno, está dando los resultados previsibles. El abismo creado entre el Gobierno, los partidos políticos tradicionales, las dos cámaras de representación popular, la Administración de Justicia y el resto de ciudadanos de a pie, se ha convertido en un espacio inmenso sobre el cual no se han tendido puentes, de modo que, cada uno de estos frentes, va actuando por libre y con independencia de lo que piensan en el otro. La consecuencia ha sido evidente y, por desgracia, nada halagüeña para el futuro de España y de los españoles.

Los removedores de estercoleros, las aves de rapiña del lumpen, los oportunistas y los antisistemas, se han encontrado con terreno abonado en el que trabajar y han sabido explotar a la perfección este descontento larvado que se ha ido creando dentro de cada uno de los españoles donde el resentimiento por no haber ser tenidos en cuenta; la sensación de haber sido las víctimas verdaderas de la crisis; la evidencia de haber sido estafados por los corruptos y el sentimiento de haber sido traicionados por aquellos a los que votaron; los han convertido en pasta maleable en la que, grupos como Podemos, aparecidos de la nada pero con habilidad para vender un producto, ya caducado, pero atractivo para un pueblo desengañado; han conseguido crear a numerosos adeptos que, ante la pasividad, indolencia, falta de carisma y estulticia del resto de partidos, siguen avanzando imparables hacia una posible victoria en las próximas legislativas.

Seguramente, con una dosis mayor de humildad, un toque de mano izquierda y un raudal de información adaptada a la comprensión del español medio; una gran parte del desaguisado con el que se encuentra el Gobierno, se habría podido evitar y, esta sensación de desconfianza de los ciudadanos en las instituciones del Estado, puede que, con un poco de flexibilidad y un trato más cercano al pueblo, hoy en día, no nos encontraríamos abocados a una lucha de todos contra todos, en la que destacan las aspiraciones independentistas de algunas autonomías, la desafección hacia los partidos políticos tradicionales y una cierta tendencia al desprecio de la autoridad y a convertir las calles en semilleros revolucionarios en los que, los distintos agitadores o ambiciosos de poder, se mueven a sus anchas haciendo proselitismo y buscando, en el desorden y el caos ciudadanos, lograr satisfacer sus ambiciones espurias.

Lo peor de todo lo que nos está sucediendo es que los días pasan, la situación no mejora y los políticos pierden su tiempo en intentar justificarse y en descalificarse mutuamente; sin tomar las medidas pertinente para intentar evitar (puede que ya sea demasiado tarde) que, todo lo que se ha conseguido en los últimos 30 años, acabe siendo lanzado por la borda, sólo porque hubo una vez un señor Rodríguez Zapatero que decidió convertir España en el objetivo de sus sueños de orate desmadrado. Si el señor Pedro Sánchez no se toma en serio la responsabilidad de su liderazgo en el PSOE y el señor Rajoy no se deja de vivir en las nubes y baja a la tierra a enfrentarse con sus responsabilidades; es muy posible que los de Podemos acaben, como ya se anuncia, llevándose lo que se dice: el gato al agua. Así y todo, es muy probable que, después de las elecciones legislativas, el panorama político que exista en España sea de una complejidad tal que va a ser necesario un verdadero trabajo de filigrana política para encajar todas las piezas de tal rompecabezas. ¡Y luego darle sentido!

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadanos de a pie, vemos como la falta de sentido común y el empecinamiento en buscar el poder en lugar del bien de la nación española y sus habitantes; es muy probable que, cuando lleguen los comicios del 2016, nuestra nación se convierta, en virtud de la aritmética de las urnas, en uno más de los países sojuzgados por el régimen comunista al más viejo estilo soviético. ¡Dios no lo quiera!
Comentarios
Escribe tu opinión
Comentario (máx. 1.000 caracteres)*
   (*) Obligatorio
Noticias relacionadas

Crisis política catalana

Las medidas aprobadas irán al Senado y se verá lo que sucede

Dos peligros al acecho: elecciones y contagio prematuro

“La verdad se fortalece con la inspección y con el examen reposado; la falsedad se aprovecha de la prisa y de la indecisión” Tácito

A vueltas con nuestra democracia

Unas modestas reflexiones sobre el poder y las leyes

Quien deja de aprender no puede madurar espiritualmente

¿Por qué y para qué hago esto y lo otro?

¿Llama la muerte a la puerta?

La muerte es un problema que preocupa pero que no se le encuentra solución
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris