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Si España fuera roja, la independencia no tendría sentido

Juan Carlos, Bizkaia
Lectores
@DiarioSigloXXI
miércoles, 24 de diciembre de 2014, 08:32 h (CET)
Uno ha de ser fiel a si mismo, eso es lo primero, y abrirse a debatir de todo y con todos, a leer todo y de todos, pero siempre desde la fijación de una posición propia. Al primero al que hay que convencer de lo que uno cree es a uno mismo. Eso se consigue con la lectura sosegada y progresiva de documentos. No sólo los que van coincidiendo y en la línea de nuestro argumentario, sino, también, en los que están en las antípodas, pues es un buen ejercicio, o bien para generar argumentaciones que lo desmientan, o para asumir parte de lo que se afirma, aunque no necesariamente con la interpretación del autor. Construir un argumentario propio, unas ideas, un proyecto, en suma, constituirse en ciudadano es el mejor servicio que se puede hacer a la patria: conciencia crítica y pensamiento autónomo y propio. Que otros no piensen por ti, que otros no decidan en tu nombre.

A raiz del surgimiento de fuerzas llamadas populistas, pero que en realidad, siguiendo el pensamiento marxista serían fuerzas del sistema surgidas para canalizar el descontento social con una fórmula de insurgencia controlada, que, precísamente para ser un catch all party, siguiendo las normas de la ley de hierro de la oligarquía de Michels, no se definen ni como de izquierdas ni como de derechas. Y aunque en lugares como Irlanda, esta clasificación no existe como tal, y se debe a que en la asamblea nacional (sic) francesa de la revolución los oligarcas se sentaron a la derecha y los burgueses a la izquierda. Es evidente que es una clasificación arbitraria y que, como mínimo, debe ser repensada. Pero, la cuestión en este caso, es otra, pues los que huyen de esa clasificación sí tienen claro que es lo que son, pero no lo dicen, al menos, hasta mucho después de tomar el poder. Y esto ha sucedido con casos de todo el espectro político.

Si España fuera roja, la independencia no tendría sentido, han dicho más de una vez presuntos izquierdistas y, por añadidura, independentistas canarios, es decir, los aproximadamente 3.000 exiguos votantes que apoyaron la candidatura conjunta con eHBildu, que sirvió, como todos sabemos, para ser segunda fuerza en Euskal Herria, frente a la primera, Euzko Alderdi Jeltzalea-Partido Nacionalista Vasco, y a conseguir un eurodiputado que, en vez de ir al grupo tradicional de EA y Aralar, la Alianza Libre Europea, se ha ido al de la izquierda unitaria, donde IU permitió el acceso a esta nueva formación española, Podemos, que ya ha dicho claro que ellos son la mejor garantía para evitar la ruptura de España. En verdad, es sólo a ellos, a Podemos, para quien si ellos fueran quienes mandaran, la independencia no tendría sentido.

Dije Euskal Herria porque es la denominación que les gusta, aunque los territorios que suman son los de Euzkadi, que es la patria de los vascos, nuestra única patria. Algunos dirán, siguiendo la estela de un tal Otegi, que en 2004 estaba declaradamente cercano a la hoja de ruta de Zapatero y no a la de Ibarretxe, que se puede decir que Euskal Herria es una nación dentro de España, algo así como lo que decían los catalanes, pero eso supondría una doble traición, porque, por un lado, sería expulsar fuera de la nación a los vascos que no viven en España, como son los de ipar Euzkadi, al otro lado de los pirineos, o, mismamente, la diáspora. Y, por otro lado, porque Euskal Herria, que es más extensa y profunda que los actuales territorios vascos, y como prueba está el libro “Arquitectura de las naciones” de Jon Nikolas, no es ni puede ser una nación, porque es una realidad cultural, y lingüística. Y, por otro lado, esa Euskal Herria sigue siendo la denominación usada por gente como los carlistas, que siguen existiendo, siguiendo a su rey, Carlos Javier I de Borbón y Parma, y, actualmente, miembro de la familia real holandesa. Y sería la denominación de Podemos, si no fuera porque han decidido asumir la realidad estructural interna de las 17 comunidades autónomas, sin la menor postura crítica. Obviamnente, como los carlistas, a los 4 territorios del sur de los pirineos se están refiriendo. Ah, por cierto! Si alguna vez toman el poder en España, y se vuelve una España roja, que impide que, a lo largo del tiempo, esta vuelva a ser azul o verde?

Una lección hay que no han querido aprender los que vieron caer el muro de Berlín, y esto va, precísamente, por Juan Carlos Monedero, especializado en la antigua RDA. La RDA deja de existir por una realidad bien simple: lo único que la mantenía con vida, aparte de la existencia de la URSS (Dabai, Dabai, Rabotai), era el tener un sistema político completamente (sic) diferente del de su hermana la República Federal Alamana. Cuando esta distinción cayó por su propio peso, como en el resto de la denominada Europa del Este, la propia existencia diferenciada de la RDA dejó de tener sentido, y, por eso, en base al principio de la autodeterminación de los pueblos, el conjunto de la nación alemana volvió a unificarse. Y es este hecho el que explica la continuidad de otras realidades nacionales, con el simple hecho del tránsito de un sistema a otro, como fueron Polonia o Hungría.

Guste o no, un sistema político que alcanza el poder, e instaura un régimen nuevo, que produce un cambio de régimen en un país no tiene ni de lejos asegurada su perpetuidad, pues, como es lógico, debe basarse en la voluntaria adhesión de la mayoría de la población, en base a criterios de pluralismo, de libertad, de democracia, de igualdad. Lo mismo que llegan, pueden ser revertidos con el tiempo. La propia revolución comunista rusa lo demuestra. Nada es irreversible, salvo la determinación de los pueblos de ser libres. Ningún pueblo que ha asumido mayores cotas de autogobierno han hecho retrocesión de dichas capacidades de autoorganizarse y autogestionarse. Y es que este es el verdadero mehollo de aquello de España antes roja que rota. Porque saben perfectamente que una España roja es como un sarampión que, con mayor o menor tiempo, acaba por pasarse. Una España rota es para siempre. Y esto lo demuestra la lista de países que se han independizado en los últimos 500 años, empezando, precísamente, por Holanda, quien, para recordarlo, guarda en su himno nacional un recordatorio al rey de España, a quien sirvió en el pasado, pero ya nunca más.

Si España fuera roja, la independencia no tendría sentido… este podría ser el transfondo del presunto maridaje de una eHBildu y un Podemos, traducido por ellos como Ahal dugu, lo cual no deja de ser curioso, porque, en euskera, se puede poner con un simple Dezakegu, una contracción, que, perfectamente, puede ponerse como Bildu Dezakegu, que tiene significado propio. Esperemos que no sea premonitorio, aunque precísamente, la contradicción primaria y secundaria del marxismo está en contra de una separación de bienes. Aunque, el mayor problema, está en que hay gente que se dice de izquierdas, liberada y libre, pero desconoce completamente que significan los argumentos que manejan, y son incapaces de explicar porque creen lo que creen, que es, curiosamente, las acusaciones que lanzan hacia aquellos que identifican, enfrente, como de derechas. Y este es un problema. En nuestro pais se identifica con dos olvidos voluntarios por parte de la izquierda, y por añadidura, abertzale, como son el Señorío de Bizcaya, que, a partir del siglo XIV, fue el eje de poder vasco, tras el anterior dominio del Reyno de Navarra. Nuestro Maestro, en su generosidad, junto a Bizcaynos y Navarros en una realidad conjunta nacional que llamó Euzkadi, con un sacrificio importantísimo por su parte, como Bizkaino y Bizkaittarra. La otra es la foralidad, que muchos se toman a slogan, pero implica mucho, pues, a veces, no hay que ir fuera en busca de fuentes de derechos universales, están en el mismo pueblo de uno. Como asevera el dicho, beberé de la vieja fuente agua nueva, siempre nueva, de la vieja fuente de siempre. Ahí está el principio de renovación del fuero. Siempre dentro del mismo. Si es desde fuera es imposición.

Conocer la realidad, partir desde concpeptualizaciones propias, desde una visión apegada al terreno, tener claras las ideas, y cuales son las voluntades de cada cual, empezando por cada uno de nosotras y nosotros, como individuos. Sin negar la realidad de que el ser humano nace en comunidad, nadie nace aislado, y las comunidades naturales se reunen en torno a la lengua, la cultura, la tradición, una forma de ser y organizarse, asumiendo la indivisibilidad de derechos humanos individuales y colectivos. Y esto empieza con el simple hecho de conocerse uno a sí mismo, donde se encuentra y que puede hacer a partir de esa realidad. Porque la mejor manera de acceder a lo global es aportar lo que cada pueblo, cada nación, es. Por sí y la humanidad. Lo peor que se puede hacer es negarse a uno mismo, como individio y como colectivo. Es por todo ello que, con el concurso de podemos o sin el, la reivindicación ha de seguir siendo la misma. Por lo menos aquellos que creen en la independencia como algo proactivo, reflexivo e interiorizado, que, en teoría, es el que refleja el independentismo vasco. ¿O es que cambia algo realmente las circunstancias el hecho que Podemos pueda gobernar España? No puede ser que, como otros antes que ellos, estén dispuestos a admitir un derecho a decidir siempre que no estemos dispuestos a ejercerlo, y sólo lo saquemos de la vitrina el 14 de Abril para acompañar el desfile de la española tricolor por la Castelllana en Madrid. ¿Acaso no están claras las razones por las que se reclama una forma de Independencia? Si España fuera roja, tendríamos unos vecinos rojos. Y la independencia tendría el mismo sentido que ahora. Independencia foral, por supuesto. Euzkadi, con futuro.
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