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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Unanimidad tendenciosa

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 28 de enero de 2007, 22:28 h (CET)
Si a ustedes o a mí se nos ocurriera pensar de manera independiente, ¡Atengámonos a las consecuencias! Tampoco estos son buenos tiempos para que cada uno esté pensando según sus ocurrencias. No vayamos a engañarnos, corren aires desabridos para esas inclinaciones respecto al libre razonamiento.

Con toda probabilidad, la parafernalia al uso, declaraciones impetuosas, consignas tenaces, publicidad engañosa y manipulaciones; constituyen un potente conglomerado, este tiende a satisfacernos en las inquietudes, haciéndonos creer en esa libertad incuestionada y magnífica. Enseguida apreciaremos algunos aspectos contradictorios de esa pretendida libertad en ejercicio. Veamos si no algunas consideraciones.

El undécimo principio de Goebbels para pergeñar sus perversas propagandas, era precisamente el "Principio de unanimidad". Cualquier mentalidad de jerarca lo verá de ese modo, girará sin discusión posible sobre su propia y grandiosa realidad. Si todo el mundo lo ve de esa manera, si nadie lo discute..., ¿Cómo podrá defender nadie otras visiones descarriadas? Precisamente por que es un principio antiguo, en lo moderno habrá que considerar sus repercusiones equívocas. ¿Qué se cuece detrás de ese concepto? ¿Basta con la promulgación de ese principio?

Cuando uno observa esos movimientos autodenominados de "Intelectuales posicionados", a favor o en contra de un gobierno o de unos partidos políticos, algo se atisba con respecto a eso de la unanimidad. ¿Qué significa esa autodefinición de intelectual? La pertenencia a un partido político concreto, las prebendas de la fama o las subvenciones, una determinada profesión; no parecen un acervo suficiente para una catalogación de tanto fuste. Si se tratara de intensas reflexiones, aún sería más llamativa esa conjunción tan uniforme. La agrupación monolítica sugiere algo más pasional e irreflexivo.

Además de llamativa, es un ESCÁNDALO cuando se acompaña de los silencios gregarios en otras cuestiones; por citar solamente unas, cuando no denuncian las unanimidades forzadas con las que osan aturrullarnos a diario, en los párrafos siguientes mencionaré algunas de ellas. ¡Demasiados plumeros al viento! sobre todo por el terreno partidista, con poca intelección sobre el fondo de las cuestiones.

Por desgracia, no queda al margen de la actualidad el planteamiento ANTITERRORISTA. Aunque los hechos tozudos se esfuercen en demostrar otra cosa, más que plantear nada, cada uno trata de imponer "unánimemente" su postura. Los diferentes sectores sociales están implicados, desde los más abertzales hasta las víctimas, desde unos enfoques políticos a otros. Vemos como el fundamentalismo musulmán y otras violencias se envalentonan a cada momento, el sector terrorista se amplía. Pues bien, la gravedad de estos desmanes lleva a toda persona bien pensante a pronunciarse con un NO rotundo al terrorismo.

Cabe pensar en ese NO como una postura general poco discutible. Más allá de esa negación surgen los intentos conflictivos; lo son por que enseguida echamos en falta un auténtico diálogo entre las fuerzas vivas de la sociedad. Sencillamente, no se buscan los puntos en común. Así no podrá ofrecerse una unanimidad, de todos, con lo que piensa "un sólo grupo". No es un defecto exclusivo de una zona geográfica. Además, son evidentes las posiciones irreconciliables e incluso las cerrazones irracionales. ¡Muy bien! o ¡Muy mal!, pero no nos expliquen una unánime posición, por que no la hay. ¿Qué postura se deberá tomar? Para la solución habrá que recurrir a criterios democráticos, pero nunca falseando una pretendida capa uniforme cuando hay tantas diferencias dentro. En todo caso persuasión frente a tergiversación.

Últimamente estamos contrayendo una fiebre muy contagiosa, aunque nada infecciosa. Tal parece al haberse llegado a un acuerdo generalizado y quién sabe si eugenésico. Los gobiernos, los medios de comunicación y los entramados económicos, solos o como conjunto, quieren imponernos un ESTILO CORPORAL uniforme. Para ello pugnan para reglamentar el peso permitido, qué drogas y cuándo se podrán tomar, prohibiciones de determinados alimentos, o el grado de asistencia sanitaria autorizada, según se cumplan o no aquellos preceptos. Debe tratarse de algún escozor importante para ministros y jefazos; se consideran albaceas para ajustar las biologías de cada sujeto. Sacan a la superficie sus subconscientes como controladores de la salud, se ven en la obligación de marcar las trayectorias a los demás. Increíble, asqueroso y bien cierto. Como simples recomendaciones tendrían un pasar; de ahí a medidas correctoras, coercitivas o de peor calaña, lamentable.

Entre estos comentarios referidos a imposiciones de muestrarios idénticos, no quisiera dejar sin mención a las UNIFORMIDADES MEDIÁTICAS. Cómo no reflejar esas cabeceras de los grandes periódicos, parecen las mismas noticias, las mismas curiosidades. ¿Cómo es posible tamaña igualdad? ¿Tan pequeña será la entidad propia de cada uno de ellos? Qué diremos de las emisoras radiotelevisivas, programas y sus contrarios, tal para cual en todas las cadenas. Si uno grita antes de las noticias, si otro persigue al famoseo cutre; todos tosen de forma similar. ¿De verdad debiéramos convencernos de esa falta de matices? ¿No parece artificiosa tanta similitud?

Si nos aproximamos a las secciones culturales de cada medio, el panorama ofrece tendencias de parecido formato; esos libros, esos cuadros, esos montajes y esas valoraciones tan similares. ¿Se limitan a unas copias rutinarias y sin sustancia? ¿Pura pereza? Los libros de las ferias representan un curioso fenómeno, por muchos expositores presentados y su coincidencia casi completa evidencian una nula selección cualitativa del material acumulado. Estos sectores ofrecen moldes para dejar atado en sus movimientos al público, lectores, etc.

En toda la historia de la humanidad se han venido utilizando argumentos, presiones y lo que fuera necesario, para la transformación de los sujetos en GREGARIOS manejables. Supersticiones, mitos, ideologías, mentiras o propagandas, son asumidas como válidas para esos objetivos.

Se perfeccionan las manipulaciones. Sorprende el grado de complacencia con que son recibidas. Quién sabrá si hubiera cabido la esperanza de unos comportamientos individuales más selectivos contra esas opresiones. Quizá sea posible un tono menos abrumador en el terreno sociológico.

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