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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Zaplana en horas bajas

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
domingo, 28 de enero de 2007, 22:28 h (CET)
Desde los lejanos tiempos en los que llegó al Ayuntamiento de Benidorm ayudado por una tránsfuga Eduardo Zaplana siempre miró hacía adelante. Ser alcalde de una ciudad turística no era el fin que se había propuesto. Pronto afinó el punto de mira hacía la Presidencia de la Generalitat valenciana como un perfecto trampolín para saltar a la política madrileña en puestos de máxima responsabilidad. En su fuero interno Zaplana siempre ha tenido la ilusión de sentarse al frente del Consejo de Ministros ya que el puesto de simple ministro se le quedaba pequeño al hombre mejor vestido del Gobierno Aznar.

Cuando llegó la hora de dar el salto a la capital del Reino dejó en su sillón de la Generalitat, por unos meses y de manera provisional, a Olivas, pero movió bien los hilos dentro del partido para que quien ocupará, meses más tarde, el sillón presidencial de la calle Cavallers fuera Francisco Camps, un hombre gris al que pensaba poder controlar desde su despacho en Madrid. Camps había sido concejal en el Ayuntamiento de Valencia, Conseller y también Delegado del Gobierno y nunca había dicho una palabra más alta que otra. Durante una larga temporada las relaciones entre uno y otro fueron buenas, incluso cordiales. Pero un buen día la estrella de Zaplana comenzó a declinar y Francisco Camps le dio la espalda.

El nombre de Terra Mítica- creación y capricho de Zaplana- paseando por los juzgados por irregularidades en las facturas, los pagos del Ivex por los conciertos de Julio Iglesias, representante de la Comunidad en el extranjero, hechos en paraísos fiscales y algunas trapacerías más han hecho que el nombre de Zaplana comience a no ser bien visto incluso entre algunos de sus conmilitones. A pocos meses de las elecciones municipales y autonómicas al Partido Popular le crecen los enanos. El Presidente de la Diputación de Castelló va y viene de los juzgados por supuesto fraude fiscal, varios alcaldes están también en el punto de mira de los jueces y aunque la justicia es lenta van saliendo a la luz algunas sentencias como la que ha apartado al alcalde de una importante ciudad de Castelló de la alcaldía.

Y además de los problemas que supone ver pasar por los juzgados a destacados militantes y cargos del partido Zaplana se ha dedicado en los últimos meses a intrigar con motivo de la confección de las listas electorales. En poblaciones importantes como Ontinyent y Gandia el enfrentamiento entre seguidores de Camps y Zaplana puede llevar a una ruptura del PP en ambas ciudades con la consiguiente pérdida de fuerza electoral. Las últimas semanas la lucha entre campsistas y zaplanistas se ha llevado a cabo en el nombramiento de los consejeros de la Caja de Ahorros del Mediterráneo. Camps ha intentado dejar fuera a los seguidores de Zaplana, encabezados por el presidente de la Diputación de Alicante, y éste se ha aliado con los socialistas para dejar fuera a los futuros consejeros de la “cuadra” de Camps. El espectáculo ha sido tan bochornoso que hasta la patronal ha pedido calma y comedimiento, mientras la prensa afín se aliaba con uno u otro. ABC ha defendido la postura de Camps mientras Jiménez Losantos y El Mundo se han decantado por Zaplana.

Finalmente Mariano Rajoy ha tenido que llamar a capítulo a los implicados, desde la calle Génova han puesto firmes a ambos contendientes y finalmente será una única lista la que se presente para la renovación de cargos de la CAM. Pero en el PP valenciano están nerviosos, la posibilidad de perder el Gobierno valenciano comienza a asomar la oreja y el partido se presenta más desunido que nunca. A Rajoy con amigos como Zaplana no le hacen falta enemigos. Que se cuide de su portavoz que lleva tiempo segándole la hierba bajo sus pies. Zaplana ya va en coche de dieciséis válvulas, como le decía a su amigo Boro Palop cuando le pillaron con las manos en la masa, pero su estrella comienza a declinar y este último órdago lanzado en tierras valencianas puede hacer que, una vez pasadas las municipales y autonómicas, le cueste el cargo de portavoz.

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