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Etiquetas:   Con permiso   -   Sección:   Opinión

Franco, ese alcalde

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
domingo, 28 de enero de 2007, 22:28 h (CET)
Cuánto y cuánto me gustaría entender a los partidos políticos. A lo mejor cambiaba mi vida, me afiliaba a alguno y me hacían ministro, delegado del Gobierno o alcalde de mi pueblo, que mola mucho. Pero no, me resultan incomprensibles muchas de las cosas que pasan en su interior, como eso que llaman “disciplina de partido” y que consiste en que te tienes que callar verdades como puños sólo porque el que circunstancialmente está al mando no piensa como tú, en que tienes que comulgar con ruedas de molino sólo porque los demás que están a tu lado tienen unas inmensas tragaderas, en que tienes que aceptar mansa y dócilmente el adoctrinamiento ideológico y negarte a pensar por cuenta propia porque para eso entre otras cosas te has afiliado.

Conste que me pasa por igual con los dos grandes partidos, no los comprendo, lo siento, no los comprendo. Miren, la crítica de hoy se la voy a hacer al PP, pero que los simpatizantes del PSOE no se equivoquen, que no cuenten conmigo ni para enviarme la papeleta de voto a casa. Ah, y que los supersimpatizantes del PP “haga lo que haga”, que los hay, no se me echen encima y me llamen rojo peligroso ni progre estúpido. Ambos me la refanfiflan, y ustedes perdonen que me ponga tan evidente grosería como venda antes de que me tiren la primera pedrada.

Ya a finales de diciembre quedaba bastante rarito que los concejales del PP en Salamanca impidiesen que se aprobarse la retirada de la moción de destitución de Miguel de Unamuno en 1936. Sí, ya sé que aprobar o rechazar eso no mejora ni empeora la calidad de vida del ciudadano medio salmantino al que la cuestión le trae al pairo. ¿Pero el PP no fuerza estúpidamente su asimilación con el franquismo y el espantajo de “la derecha extrema” que agita Zapatero y sus ayrgamboys? ¿No es darle armas de razón a sus contrarios? Eso si ya hubiésemos aclarado que no hay razones para no rehabilitar a alguien tan elevado como Don Miguel. Y sobre todo: ¿Y por qué no, qué ha hecho de malo Don Miguel de Unamuno, qué daño iba a hacer a nadie su redención?

Ahora, un mes más tarde, me resulta incomprensible la negativa del mismo partido, de los mismos concejales, a revocar la concesión de la primera medalla de oro de la ciudad a Franco, sin debatir el asunto ni aportar ninguna justificación de voto. Oiga, que dichos concejales ni siquiera tenían que forzar su voto, que bastaba con que se abstuvieran.

La moción del Psoe pretendía “dejar sin efecto” y de manera excepcional, la concesión de la primera medalla de oro de la ciudad de Salamanca al dictador Francisco Franco Bahamonde", acordada por la corporación el 12 de marzo de 1948. Otra moción socialista proponía anular el acuerdo del 1 de abril de 1964 que concedió a Franco el título de alcalde honorario a perpetuidad. Bueno, pues no hubo manera, Francisco Franco, dictador de España durante cuarenta años sigue siendo “alcalde honorario de Salamanca a perpetuidad” y gracias al PP.

Uno, que querría tener más respeto por los partidos, se pregunta que por qué, que a que tiene miedo el PP, que si depende tanto de los votos de la extrema derecha franquista, que si simplemente por estrategia no convendría... Bueno, miren, allá ellos, con su pan se lo coman, pero me gustaría respetarlos más.
Dice el refrán castellano que no hay dos sin tres. A la espera quedo.

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