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Etiquetas:   Momentos de reflexión   -   Sección:   Opinión

Sufrimiento

El tiempo no lo cura todo, lo que ayuda a sobrellevar el sufrimiento es lo que se hace mientras dura el dolor
Octavi Pereña
lunes, 22 de diciembre de 2014, 08:39 h (CET)
Se conocen una serie de enfermedades raras que provocan mucho sufrimiento a quienes las padecen. Una de ellas se denomina insensibilidad química y electromagnética. Las personas que las padecen son alérgicas a las colonias, suavizantes, detergentes, desodorantes, efecto que les obliga a mantener siempre cerradas las ventanas porque les llegan los olores de la ropa tendida de los vecinos. La reacción a los olores les obliga a hacerlo. La hipersensibilidad a las antenas de telefonía, a los inalámbricos…ampliada por la utilización masiva de estos artilugios en la sociedad actual hace que sean más las personas que sufren una enfermedad que la gente no comprende. Otra enfermedad rara que altera a las personas es la fatiga crónica que favorece las depresiones. Los desahucios, el paro y otras situaciones anómalas contribuyen a mantener crónico el dolor psíquico que tiene efectos físicos. Todo ello crea un malestar que lleva a las personas al borde del abismo, a sentirse solas y con tendencias suicidas.

El sufrimiento en toda su escala de intensidad tiene dos propósitos. El primero es hacernos entender que su origen se encuentra e el pecado que cometimos cuando estábamos en el lomo de nuestro padre Adán. La primera consecuencia del pecado que cometimos estando todavía en Adán fue la muerte espiritual, es decir, dejar de tener relación con el Creador, y la muerte física que más pronto o más tarde nos encuentra de manera ineludible.. El tiempo desde la fecundación hasta la muerte está marcado por el sufrimiento que tiene la finalidad de hacernos contar nuestros días, recordarnos que la muerte se esconde en la esquina esperando encontrarnos sorpresivamente. El otro propósito del sufrimiento es poner en evidencia nuestra fragilidad y llevarnos a confiar en Jesús que por ser Dios es la fuente de donde nace el poder necesario para hacer frente a las situaciones angustiosas que inevitablemente se nos presentan, victoriosamente.

La palabra pecado es un vocablo que hemos desterrado de nuestro diccionario particular. Si se persiste en hacerlo no se soluciona el problema del sufrimiento, no se elimina, con el agravante que nos quedamos solos con él con la consecuencia de desordenes psíquicos que intensifican el dolor. Uno se lo pasa muy mal estando solo ante el dolor.

El rey David que es un tipo de Jesús , Varón de dolores, en el salmo 38 que escribió incluye un aviso que reza así Para recordar, lo cual significa que el poema no se escribió para ser leído a toda prisa, sin darle el tiempo necesario para su comprensión, para hacer una lectura pausada y reflexiva.

Antes de dedicarnos al salmo, Joni Earecvkson Tada que en su adolescencia quedó parapléjica debido a un chapuzón, escribe: “A veces Dios permite aquello que odia para conseguir lo que ama. Mediante cosas como las enfermedades puede hacer mucho bien. No entenderemos a Dios ni a su manera de hacer las cosas hasta que no estemos en el cielo, pero nos da muchas pistas para comprender que podemos confiar en Él, y que si Él permite alguna cosa que odia, ha de ser para conseguir algo maravilloso. Él quiere que Cristo esté en ti y que sea tu esperanza de gloria”.

Creo que David no especifica en su poema ningún tipo de sufrimiento concreto, se refiere a ello de manera genérica, para que cada persona que sufre pueda hacer suya su experiencia : No hay nada sano en mi carne, a causa de tu indignación, no hay paz en mis huesos, a causa de mi pecado. Porque mis iniquidades se han agravado sobre mi cabeza, como carga pesada se han agravado sobre mí. Hieden y supuran mis llagas, a causa de mi locura. Estoy encorvado, estoy humillado en gran manera, ando enlutado todo el día. Porque mis lomos están llenos de ardor, y nada hay sano en mi carne. Estoy debilitado y molido en gran manera, gimo a causa del gemido de mi corazón” (vv. 3-8).

Después de la larga exposición de sus sentimientos que son producto del dolor, David concluye su poema con una muestra de plena confianza en el Dios cuyas saetas cayeron sobre mí (v.2). De esta manera expresa su confianza en el Dios que permite que ande en valle de sombra de muerte (Salmo 23:4): No me desampares, oh Señor, Dios mío, no te alejes de mí. Apresúrate a ayudarme, oh Señor, mi salvación”.
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