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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El calor de tu mano

Antonio García-Palao
Redacción
domingo, 28 de enero de 2007, 09:52 h (CET)
No hay quejido más desgarrador que el lamento silencioso de un animal que sufre. No hay tristeza más profunda que la de un animal abandonado en una cuneta. No hay mirada más suplicante que la de un animal que va a morir.

Todos y cada uno de los días del año los animales sufren la inmisericorde mano del hombre. En cualquier calle de nuestras ciudades aparecen enjaulados tras un escaparate. Las macabras escenas de su maltrato son cotidianas en los telediarios y perpetuas en Internet. En cualquiera de nuestros mercados se amontonan sus cadáveres como mero producto de consumo.

¿Qué más tienen que demostrar para conmover nuestros corazones? Porque son un ejemplo de fidelidad, de generosidad, de paciencia, de mil y una virtudes, deberíamos amarlos y respetarlos. Pero sobre todo, tienen derecho a la vida y a la libertad.

Demostrado queda que una dieta vegetariana sería mucho más saludable para nosotros y para el medio ambiente. Según el último informe de la FAO la producción intensiva de ganado es responsable de más gases de cambio climático que todos los vehículos motorizados del mundo; el 70% de la deforestación del Amazonas y el 64% de toda la lluvia ácida que produce amoniaco. Quince de veinticuatro vastos ecosistemas globales en declive pueden culpar al ganado.

La injusticia y la desarmonía pasan siempre factura. Una vida carente de amor no es vida. Un presente insensible y apático carece de futuro. Por qué nos afanamos tras la búsqueda de placeres artificiales si no hay mayor felicidad que amar y proteger la vida.

¡Oh Padre del cielo inmenso!, protege a tus criaturas de la sinrazón humana. Haz que el amor que fluye en la tierra emerja en el corazón de los hombres para que los indefensos, los desheredados, los desposeídos, los abandonados, los que sufren, sientan el calor de tu mano. La de muchos permanece fría y lejana.

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