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Etiquetas:   Crítica literaria   -   Sección:   Libros

Charles Bukowski, Retrato de un solitario

J. Corredor, Renacimiento 2014. Páginas: 176 pgs.
Ana Alejandre
jueves, 18 de diciembre de 2014, 10:10 h (CET)
Esta obra, es corta en extensión, pues sólo tiene 176 páginas, pero jugosa tanto en su contenido como en su exposición. No es una biografía al uso, tal como indica su autor en el prólogo de la obra cuando afirma que no cree en las biografías y cito textualmente ” …me propongo ofrecer al lector mi particular visión sobre el personaje, pues nunca he creído en las biografías al uso, llenas de datos eruditos y fechas históricas -esto lo da mejor una enciclopedia-“.

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Es de justicia afirmar que su intento lo ha conseguido, aunque no tanto el propósito de desmitificar a este escritor y poeta singular, personalísimo, controvertido e inconformista, pero siempre auténtico en su propia singularidad de poeta no al uso, lo que le ha valido ser admirado por millones de lectores que lo han convertido en un poeta y escritor de culto.

Esta obra es, por tanto, la visión de Corredor, el único escritor español que se ha dispuesto a ofrecernos una visión personal, pero siempre rigurosa, de la imagen de Charles Bukowski (1920.1994), poeta y narrador estadounidense –aunque nacido en la ciudad alemana de Aldernach, de la que partió a EE.UU. con su familia cuando tenía dos años y se instalaron en Los Ángeles, su ciudad de residencia definitiva-. Bukowski es autor de una obra siempre provocadora, caústica y sórdida, pero en la que laten una profunda humanidad, emoción y sentimientos.

Su formación académica fue bastante precaria, pues sus estudios universitarios fueron breves e inconclusos, dedicándose a trabajar en oficios manuales y siempre temporales, dándose temporadas de descansos cuando la suerte le sonreía en sus apuestas en el hipódromo, afición de la que habla constantemente en su obra. Según se aprecia en la bibliografía de la obra de Corredor, hay sólo cinco títulos publicados en castellano –contando la obra de referencia-, dedicados a plasmar la figura de Bukowski, siendo éstos Lo que más me gusta es rascarme los sobacos de la italiana Fernanda Pivano, basada en una entrevista que mantuvo con él en 1982, además de ofrecer una extensa introducción que intenta realizar un análisis de su obra; y las biografías Hank. La vida de Charles Bukowski de Neeli Cherkovski, (1991) publicada en vida del biografiado; Charles Bukowski a secas, de Barry Miles (2005); y por último Charles Bukowski. Una vida en imágenes (1998) de Howard Sounes.

Esta obra, por tanto, no pretende ser una biografía en sentido estricto (la más ajustada a ese modelo es la de Miles), ni novelar hechos reales (Cherkovski sí lo hace) ni tiene aspiraciones de ser un estudio sobre la obra del biografiado, lo que sí hace Pivano), sino que sólo quiere esbozar un retrato como indica el propio título.

Todas estas obras citadas, incluida la que sirve de objeto de este comentario, intentan aportar dato biográficos que no estén incluidos en los escritos del biografiado, aunque también los que ya constan en la obra bukowskiana, lo que provoca repeticiones ineludibles. También coinciden estas obras en que, en mayor o menor grado, intentan desmontar el mito, la leyenda que alrededor de Bukowski se tejió -a lo que contribuyó él mismo-, aunque no lo consiguen porque la personalidad de dicho autor trasciende a los deseos desmitificadores de quienes intentan suavizar o matizar ese halo de malditismo, de desgarro e inconformismo existencial que lo acompañará siempre.

La cita inicial de Bukowski es esclarecedora “El estilo es más importante que la verdad”, lo que significa toda una declaración de principios que llevó a la práctica en toda su obra, aunque para ello tuviera que modificar en ocasiones los hechos para darle una mayor intensidad o significación narrativa, tanto en prosa como en poesía, aunque no ignoraba que la forma es también fundamental para darle un sentido nuevo al contenido, es decir, a lo narrado y lo matiza y condiciona, aunque siempre la verdad emerge con fuerza arrolladora en sus escritos y pone el acento de la más genuina autenticidad. Es ese estilo personalísimo de este autor lo que lo ha convertido en un escritor que llega hasta el lector, lo emociona, lo atrapa, aunque no esté de acuerdo totalmente con lo que dice, pero no le pueda negar nunca que la fuerza expresiva de su poesía o prosa le hace profundamente adictivo para quien lo lee fascinado. Ésa es la fuerza de su estilo peculiar y único que fue el combustible que alimentó su leyenda.

La estructura de esta obra no se ajusta completamente a la cronología, ya que contiene capítulos que tienen como objeto ciertas características personales de Bukowski y de su obra, así como también ofrecer una visión de la complejidad de su personalidad no del todo conocida, intentos que se plasman en capítulos como “Hombre y política”, “El periodista”, “El crítico”, “Poética”, “Narrativa”, etc. También hay otros capítulos dedicados a narrar distintas vivencias del biografiado como son “Primeros trabajos”, “Encuentro con un mecenas”, “Viaje a Europa”, “Un final made in Hollywood•, que por su naturaleza de exposición de hechos reales se ajusta más a la cronología.

Toda la obra muestra el conocimiento de Carretero que conoce profundamente la obra de Bukowski, tanto narrativa como poética, en la que brilla la inteligencia, la mordacidad de un autor que parece que primero degusta la vida y después la escupe en novelas, relatos o poemas, sin olvidar sus múltiples artículos de opinión y numerosas críticas literarias, que siempre ofrecen un chispazo de inteligencia crítica, demoledora y cáustica; pero, a la vez, con una nota burlona que la dota de un profundo calado humano y la convierte en buena literatura, no siempre reñida con el más evidente ejercicio de irónica inteligencia y soterrada sorna que despiertan la complicidad del lector.

Bukowsky aparece reflejado en su contradictoria personalidad de hombre que aspiraba siempre a ganar mucho dinero y a vivir de forma acomodada, en casas lujosas, gozar de mujeres bonitas y coches de alta gama, según manifiestan sus personajes de ficción (Chinaski, Hank o Henry) –trasuntos del propio escritor siempre-, que reflejan los propios deseos del escritor que consiguió sobradamente en sus últimos años y que no intenta ocultar ante los lectores, aunque sea una faceta contraria a su imagen de escritor que rechaza, desencantado, la sociedad de consumo y materialista en la que vive y que, por el contrario, intenta conseguir una vida lo más cómoda y placentera posible, lo que sólo puede ofrecerle el dinero. Una vez conseguida esa bonanza económica lo refleja en una de sus mejores obras El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco (1998), en la que reconoce lo muy a gusto que vive una vez alcanzada la fortuna y solvencia económica, lo que no resta un ápice a la originalidad de su obra después de conseguir su dorado sueño de tener dinero, lo que desmiente el tópico que existe sobre su figura y la decadencia de su obra después de hacerse rico, porque su talento se fue depurando con el oficio y ganó una mayor claridad que no le hizo perder su fuerza expresiva ni desdecirse de sus propias manifestaciones y posturas vitales y estéticas del pasado. Carretero demuestra en esta obra que conoce bien a Bukowski, figura a la que trata con consideración, admiración y respeto que se muestra en todo momento, pues trata de mostrar el retrato humano de un escritor que no perteneció a ninguna de las dos generaciones literarias: la que le precedió llamada la Generación Perdida (Fitzgerald, Dos Passos, Hemingway, Faulkner, Steinbeck) porque los autores que están comprendidos en ella ya escribían y eran conocidos cuando Bukowski nació, en 1920, ni a la Generacion Beat (Kerouac, Ginsberg, Burroughs, Ferlinghetti, Corso…) con la que no tiene ningún vínculo, por lo que su obra goza de un marchamo personal e independiente que lo hace inclasificable en ningún movimiento literario y sumamente atrayente.

Hay que destacar que Carretero defiende también la teoría muy común de que Bukowski creó a su propio personaje para venderlo y que ocultaba su propia realidad, lo que era su propia verdad con propósitos interesados y mercantilistas.

Esta obra, pues, ofrece una visión panorámica del biografiado sin caer en innecesarios análisis críticos o teóricos de su obra, ni tampoco se extiende en prolijos datos biográficos, aunque no aporta nada nuevo a las biografías de Bukowski que hay en el mercado; pero su amenidad no exenta de rigor es su mayor atractivo de cara al lector interesado en la figura del escritor estadounidense y su siempre e inextinguible leyenda a la que ningún biógrafo podrá matar con argumentos y consideraciones variopintos que no calan en el ánimo del lector apasionado de su singular obra a la que siempre vuelve fascinado.
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