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Etiquetas:   Internacional   -   Sección:   Opinión

Atroz venganza

El islamismo radical puede hacer un daño enorme con su fanatismo violento
José Manuel López García
miércoles, 17 de diciembre de 2014, 08:09 h (CET)
La matanza causada por seis talibanes en un colegio de Pakistán es espeluznante y terrible. Deja sin palabras, ante la brutalidad de lo ocurrido. Los más de 141 muertos de los que 132 son niños ejecutados, fríamente, con uno o más disparos cada uno, además de los numerosos heridos, dan una idea de una masacre realizada por un afán de venganza y locura.

Lo que no puede ser, es que los avatares de los conflictos armados o de las guerras sean pagados en carne propia, por niños o personas indefensas e inocentes. Si el ejército de Pakistán lleva a cabo operaciones militares terrestres y con bombardeos en las regiones de Waziristán y Kyhiber en las que están los talibanes y que han causado más de mil muertos, esto no justifica, de ninguna manera, ataques armados de venganza contra hijos de militares en su colegio, para asesinarlos.

Y de nada sirve que un portavoz del grupo talibán que reivindica este ataque suicida diga que ordenaron a los seis talibanes que dispararan a los estudiantes mayores, pero no a los niños. Porque es también una barbaridad injustificable, y que repugna, absolutamente, a cualquier persona. De hecho, lo que sucedió ya está relatado, los talibanes dispararon, indiscriminadamente, desde el primer momento a todos en el colegio de Peshawar.

Las reflexiones que se derivan de este tragedia nacional para Pakistán, y que ha conmocionado al mundo, es que los círculos viciosos de violencia desatada, y sin fin provocados por la el deseo de venganza y por la agresividad deben ser neutralizados. A través de un mayor control de las fuerzas de seguridad, y con una vigilancia más intensa y minuciosa, para que no se vuelvan a repetir hechos similares.

El islamismo radical que es una parte muy minoritaria del conjunto representado por el mundo musulmán, puede hacer un daño enorme con su fanatismo violento. Ante este fenómeno del yihadismo parece que una de las posibles soluciones es la educación y la formación, para que desaparezcan las actitudes agresivas que desprecian los derechos de las personas.

La ira, el odio y el fanatismo son los caldos de cultivo de las guerras y de las luchas violentas, son los causantes de las matanzas y del exterminio de seres humanos a lo largo de la historia, ya es hora de que esta tendencia desaparezca, totalmente, de la faz de la tierra.

Las nuevas generaciones están siendo educadas en los valores de la paz, la solidaridad, la compasión, la bondad, la justicia, etc. Es de esperar que esto ayude, realmente, y sirva para vivir en un mundo que, aunque lleno de problemas, sepa superarlos con el diálogo pacífico y sin ninguna clase de violencia.

Ninguna religión puede justificar el empleo del asesinato, y el Islam bien interpretado y entendido tampoco. La guerra santa islámica es algo que sucedió en la Edad Media. Y los musulmanes pacíficos que son la inmensa mayoría la rechazan totalmente. Ningún ataque suicida está justificado, da igual el motivo que se invoque para realizarlo. Es un atentado que elimina vidas inocentes que no tienen ninguna culpa. Son víctimas directas de una salvaje brutalidad.
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