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Etiquetas:   Crítica literaria   -   Sección:   Libros

Will Eisner, mucho más que un dibujante

Herme Cerezo
Herme Cerezo
martes, 17 de julio de 2007, 23:47 h (CET)
Parece que fue ayer, pero el pasado día tres de enero se cumplieron dos años de la muerte de Will Eisner, maestro de maestros en eso de la historieta. Siguiendo la estela de los grandes ilustradores americanos (Winsor McCay, Hal Foster, Milton Caniff o Alex Raymond), Will Eisner, (Manhattan 1917), hijo de emigrantes judíos, encumbró el cómic a una de sus más altas cimas. Dotado de una peculiar forma de dibujar y, sobre todo, de distribuir sus imágenes, el neoyorquino fue todo un innovador del llamado Octavo Arte. En alguna ocasión ya he insistido en la necesidad de desterrar la idea de que el cómic es un género menor, para niños o adolescentes. Es cierto que hay tebeos específicos para estas edades, aquéllos que leímos de pequeños y que, cargados de nostalgia, repasamos años después, pero es innegable que existe otro cómic: el Cómic como género, mayusculeado, que no respeta barreras generacionales. Will Eisner, junto con muchos otros, se encuadra ya para siempre en este segmento.

El cómic norteamericano, estrechamente vinculado a los vaivenes sociales y políticos de su país, contribuyó a la integración de los miles de emigrantes que, hacinados en enormes buques, arribaban a sus costas. Parecía fácil ascender socialmente en los Estados Unidos, eterna tierra de promisión, y encontrar allí lo que en sus países de origen se les negaba. La sofisticada conjunción de imágenes y texto que ofrecía el cómic desempeñó un papel fundamental en el aprendizaje del idioma inglés para los recién llegados. Fue, sin duda, una didáctica involuntaria, pero enormemente útil.

Tras el crack del 29, en el mundo de la historieta aparecieron personajes que marcaban la superioridad del hombre blanco sobre individuos y culturas más primitivas: The Fantom, Mandrake el Mago o el propio Flash Gordon. Eisner, integrado en el Quality Comics Group, dibujó para este grupo una serie de héroes y villanos (Blackhawk, Espionage y Uncle Sam), pero es en 1940 cuando creará el personaje que le dio fama mundial: Denny Colt, alias The Spirit, un tipo, vestido impenitentemente de azul, con antifaz para borrar su pasado, que colaborará con la justicia a cambio de dinero, un auténtico cazarrecompensas. Spirit comenzará luchando contra el perverso Doctor Cobra, quien en uno de sus enfrentamientos logrará eliminarle. Pero Spirit no morirá. Al tercer día saldrá de su tumba, ¿les resulta familiar esto?, y revelará al comisario de Central City, Eustace P. Dolan, su verdadera identidad. Estableciendo su guarida en el cementerio de Wilwood, que más tarde abandonará, se integrará en el cuerpo policial como un agente secreto e inexistente, cuyo nombre sembrará el pánico entre los delincuentes. Desde ese instante, Spirit acentuará todavía más su lucha contra el hampa, personificado ahora por malvados atroces como Octopus o Mr. Carrion. Denny Colt se rodeará de personajes secundarios: su fiel ayudante Ebony White, un taxista negro que irá, paradójicamente, rejuveneciendo con el paso de los episodios; Ellen Dolan, hija del comisario y su eterna novia; P’Gell, -¡¡¡¡P’Gell!!!!- una perversa vampiresa, que intentará conquistar su amor ante los continuos ataques de celos de Ellen, y Silk Satin. La gran oportunidad de The Spirit surgió cuando comenzó a publicarse como suplemento independiente, de medidas exactas (siempre de siete páginas), a diferencia de las tiras que insertaban los periódicos, enlazadas un día tras otro, to be continued. Las aventuras de Spirit incluirán, como una constante, en su primera hoja un dibujo que envolverá el rótulo THE SPIRIT, a menudo las letras serán utilizadas como parte integrante de la escena, y romperá los moldes de las viñetas tradicionales, suprimiendo muchas veces los clásicos recuadros de las tiras, intercalando páginas enteras con un solo dibujo, sorprendente y majestuoso, y utilizando encuadres puramente cinematográficos. Eisner sólo dejó de dibujar la serie cuando fue movilizado para luchar en la II Guerra Mundial, periodo en el que fue sustituido por otros dibujantes y guionistas.

La época dorada de The Spirit abarcó desde 1946 hasta 1952, momento en que dejó de publicarse. En palabras de Javier Coma "The Spirit es un lúcido testimonio de la descomposición ética de un mundo y la propuesta de un nuevo concepto del justiciero obrando por su cuenta: lejos de aplicar la ley según un código personal, se interpone (sin más éxito, muchas veces, que la triste constatación de lo irremediable) entre la dignidad del hombre y el institucionalizado abuso del poder".

Pero Will Eisner fue mucho más que el héroe del antifaz azul. Convencido de que "el cómic puede aspirar al mismo nivel literario que cualquier novela", con su libro Contrato con Dios creó la primera novela gráfica de la historia del cómic. Contrato con Dios retrata la vida de los habitantes de los suburbios de Nueva York y en sus páginas el de Manhattan conjugó relato y diálogo, en suma los mismos ingredientes que cualquier novela, con el aditamento esclarecedor de sus trazos inolvidables. Desde finales de los 70, Eisner dibujó más de una docena de álbumes de este tipo (Life in another Planet, A life force, Nueva York: la gran ciudad, Crepúsculo en Sunshine City, El soñador, El edificio, City People Notebook, El corazón de la tormenta, Invisible People, Una cuestión de familia, El último día en Vietnam, Pequeños milagros y Las reglas del juego). También adaptó al cómic obras literarias: La princesa y la rana de los hermanos Grimm; El Quijote, ¿hace falta nombrar el autor?; Moby Dick de Melville y The name of the game, extraído del relato africano Sundiata. Por último, el dibujante estadounidense, convencido como estaba de que el cómic "es una disciplina que puede ser enseñada y que su práctica puede ser aprendida", irrumpió como un teórico en el arte de la historieta, dejando claro su pensamiento al respecto en los libro El cómic y el arte secuencial y La narración gráfica), Hoy, cuando dentro de unos meses nos dispongamos a celebrar el centenario del nacimiento de Georges Remy, alias Hergé, otro monstruo, padre de ese reportero inolvidable del mechón rubio, llamado Tintín, y de su inseparable fox terrier, Milú, es preciso hacer un hueco en nuestra memoria y recordar a Will Eisner ahora que, como dije al principio, han transcurrido ya dos años desde su desaparición. Y han pasado muy deprisa, demasiado. Por fortuna, nos quedan sus novelas dibujadas, para gozarlas con tranquilidad, página a página, viñeta a viñeta, encuadre a encuadre. Gracias por todo, Will.

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