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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

3 de Febrero no debe ser un día más

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 27 de enero de 2007, 09:01 h (CET)
La manifestación convocada por el Foro de Ermua para el próximo dia 3 de febrero vendrá a subsanar el error que, a mi entender, cometió el PP al no sacar a la calle, en los dias posteriores al atentado, el millón de personas que, sin duda, hubiera conseguido reunir si, en vez de ser tan pacato, hubiera aprovechado la ocasión que le brindaba tener a un Zapatero noqueado, a su gobierno desconcertado y al PNV, junto con todas las minorías nacionalistas, comunistas y separatistas, en situación de coma transitorio. Era la ocasión de darle un serio varapalo a un gobierno débil, que veía como se desmoronaba el castillo de naipes que venía construyendo desde hacía, por lo menos, dos años. Pero dejaron pasar la ocasión y en política estas equivocaciones se pagan caras. El PSOE tuvo tiempo de reaccionar, puso en máquina su formidable aparato mediático de propaganda, lanzó a sus figuras al contraataque y convocó, como no, una manifestación hecha a su modelo, arropada por todos los elementos con los que puede contar incondicionalmente, por muy grave que fuera el pozo en el que hubiere caído.

El señor Rajoy luchó como un jabato el día de la comparecencia del Presidente y, en honor a la verdad, hay que reconocer que demostró su valía en la tribuna de oradores del Congreso de Diputados; pero, ya le habían tomado la delantera, y el señor Zapatero, dándoselas de víctima, se las arregló para resurgir de sus cenizas y lograr, aunque perdiendo, salir airoso del trance a pesar de que, en determinados momentos, le traicionó el subconsciente y en sus ojos apareció una mirada de miedo cerval.

Pero todo este capítulo ya es agua pasada y ahora lo que corresponde es mirar al porvenir y, en particular, a este futuro inmediato del dia tres de febrero. Nada hay todavía que sea irreversible. Persisten los efectos traumáticos del atentado de Barajas, la Kale Borroka se muestra igual de agresiva y ahora, después de la sentencia del Supremo declarando terroristas a los retoños de Batasuna (de tal palo tal astilla), es probable que salgan rebrincados como gatos escaldados y aumente su presión sobre la ciudadanía.

Es el momento de que todos aquellos que crean que el único camino para arrinconar a la ETA es venciéndola desde la legalidad –utilizando para ello todos los medios de que esta dotado un Estado de Derecho, sin concesiones ni vacilaciones; volviéndola a la situación en la que encontraba a finales de la anterior legislatura, vencida y doblegada –; demuestren a toda España que la mayoría no está por la labor de dialogar de tú a tú con los etarras ni de hacerles concesiones políticas ni territoriales. El recuerdo de las ochocienteas quince víctimas de la barbarie terrorista no puede ser relegado al olvido en aras de una paz vergonzosa y amañada para, con ella, intentar convencer a los crédulos y timoratos de que el sistema es ceder ante las presiones del adversario, rendirse a sus imposiciones y aceptar el precio de la más abyecta humillación como un bien deseable. No caben más reticencias, más dudas ni más cobardías. Ha llegado la hora de demostrar al Gobierno y a sus lacayos nacionalistas, que los muertos del terrorismo han sido un precio demasiado caro para que, quienes fueron los culpables de tales crímenes, se puedan salir de rositas por culpa de un gobierno dispuesto a transigir con todo con tal de mantenerse en el poder y sacar rédito político de su rendición.

La manifestación que se prepara para el próximo dia tres de febrero será, sin duda, la más importante de las que se hayan convocado hasta la fecha. Estará apoyada por el PP, por el Foro de Ermua, por la ATV y por todos aquellos que estaban esperando que se les convocara para, con la fuerza de la razón, bajo la cobertura de la insignia nacional y con el aval, desde el más allá, de los murieron por España; dar la cara y exigirle al señor Zapatero que vuelva bajo la cobertura del Pacto por las Libertades, cumpla la Ley de Partidos y se una al PP para, desde la unidad, luchar para erradicar esta lacra que ha caido sobre la nación diezmándola de víctimas inocentes. No a más diálogo, no a más oscurantismo, no a más cesiones ni componendas. España se merece el respeto de todos los españoles, sin cuarteamientos ni entregas a espúreos nacionalismos que buscan debilitarla.

Es preciso que, esta vez, sea muchedumbre la que se agolpe en las calles de Madrid, para que no haya dudas ni falsas mediciones ni informaciones minimalistas ni interpretaciones interesadas; no, esta vez se le debe exigir al Gobierno que la cobertura que se le de a la manifestación sea, como mínimo, la misma que le dieron a la que ellos celebraron en su propio beneficio y apoyo. No digan ahora que las manifestaciones que el PP alienta tienen fines partidistas porque, si alguna hubo en España más torticera, partidista, amañada y desleal para con la oposición; esta ha sido, sin ninguna duda, la que organizó el propio Gobierno bajo los auspicios de la UGT y CCOO, sus apoyos en la sombra. No pretendan, otra vez, ignorar la realidad, omitirla en los medios de comunicación y ningunearla en los labios de la Vicepresidenta, esto se debe de haber acabado, porque los ciudadanos españoles tienen derecho a ver y saber lo que ocurre de verdad en nuestra patria.

No queremos regresar a los tiempos de luchas entre españoles, deseamos olvidar ofensas y reivindicamos, con energía, la vigencia de la Constitución, sin interpretaciones sesgadas, sin concesiones a los independentistas, sin fronteras artificiales entre autonomías ni barreras linguísticas. España debe continuar siendo la nación alegre, limpia, unida, con un idioma común y la patria de todos.

Estoy convencido de que, en una próxima ocasión en que me asome a esta columna para comunicarme con ustedes, podremos congratularnos del éxito de esta justa y solidaria expresión popular.

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