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Etiquetas:   Libros   Autores   -   Sección:   Entrevistas

“Cuando empecé, trabajaba en un medio dominado por hombres”

Mayra Gómez Kemp, actriz, cantante, presentadora de televisión y ahora escritora
Herme Cerezo
jueves, 11 de diciembre de 2014, 08:31 h (CET)



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Mayra Gómez Kemp nació en La Habana en 1948, hija de los famosos artistas cubanos Ramiro Gómez Kemp y Velia Martínez Febles. En los años 70 llegó a España y trabajó en la versión española de la famosa obra de teatro ‘The Rocky Horror Show’. Colaboraría después durante ocho años en Antena 3 Radio dentro del programa ‘Viva la gente’. En 1976 debutó en televisión como actriz en el mítico ‘Un, dos, tres’. Un año más tarde, junto con María Durán y Beatriz Escudero formó el trío musical ‘Acuario’. En 1978 emprendió su carrera musical en solitario y comenzó a trabajar como presentadora de televisión en el programa ‘625 líneas’, con el que consiguió su primer TP de Oro. En 1982 Chicho Ibáñez Serrador la escogió para presentar el concurso ‘Un, dos, tres’, con el que obtuvo otros tres premios TP de Oro a la mejor presentadora. En la década de los noventa condujo los concursos televisivos ‘Luna de miel’ y ‘La ruleta de la fortuna’. En estos últimos años ha participado en diversos programas como ‘El show de Flo’ y ‘Pasapalabra’. Actualmente es contertulia habitual de Aragón TV dentro del magacín vespertino ‘Sin ir más lejos’. Recientemente le ha sido otorgado el Premio Iris a Toda Una Vida por su dilatada trayectoria profesional.

Después de ser galardonada con el Premio Iris a Toda Una Vida, el más importante de la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión, por su larga y fructífera trayectoria profesional, Mayra Gómez Kemp regresa a la primera plana de la actualidad con un libro de memorias titulado ‘¡Y hasta aquí puedo leer!’, editado por Plaza & Janés, donde lo cuenta todo: desde el exilio que vivió en su infancia hasta su llegada a España y sus comienzos como actriz y cantante, sin olvidar su paso por el mítico programa ‘Un, dos, tres’, emitido por Televisión Española durante varias temporadas. Mayra respondió a mis preguntas con enorme cordialidad en la cafetería del Hotel Ayre Astoria de Valencia. La cita fue un martes del mes de diciembre a primera hora de la tarde.

Mayra, ¿cómo surgió la idea de escribir este libro?
Dos editoriales llevaban más de diez años detrás de mí para que escribiera mis memorias, pero soy muy pudorosa y les contesté que no. Después de mi enfermedad, mi marido, que sí quería que las escribiera, me dijo que, si me pasaba algo a mí, alguien que no era yo las escribiría. Esas palabras me hicieron reflexionar y el hecho de que acudí a presentar el libro ‘Yo fui a EGB’, donde los asistentes comentaban que yo era la persona a la que más recordaban de su época joven, me animó a escribirlas. Pero antes de ponerme a la tarea reflexioné si escribiría Mayra en el País de las Maravillas o mi verdad. Y entonces escogí la segunda opción.

¿Estas memorias son selectivas?
Hay cosas que no he contado conscientemente, pero no sólo de mi vida sino de todo lo que he visto a lo largo de los años. Podía haber sido un libro más escandaloso. Me he centrado en aspectos que me atañen a mí y he contado la verdad, incluidas mis relaciones antes de conocer a Alberto, sin olvidar mis experiencias laborales, también las desagradables, como cuando me tiraron de Antena 3.

¿También son memorias dulcificadas?
Yo no le llamo dulcificar sino escribir las cosas elegantemente.

Has adelantado algo antes, ¿qué relación te une con Javier Ikaz y Jorge Díaz, autores de ‘Yo fui a EGB’?
A través de su blog, Javier y Jorge descubrieron que yo era el personaje que más les había impactado a sus seguidores. Ellos le pidieron a la editorial que hablase conmigo para que les presentase su libro. La editorial llamó a mi casa varias veces y les respondía siempre mi marido, porque yo me encontraba en Estados Unidos, a donde había ido a visitar a mi hermana. Pero no se lo creían y pensaban que era una excusa para no hacerlo. Cuando regresé del viaje, acepté y lo presenté. Y mira por donde, de un libro salió otro.

Como presentadora, en ‘¡Y hasta aquí puedo leer!’ destacas tu facilidad para improvisar, ¿qué cualidades se precisan para ser una buena improvisadora?
Creo que la gente que improvisa es porque saber hacerlo, pero para improvisar hay que estar bien preparado, tener mucho bagaje porque si no, se nota y es imposible. Si una persona no tiene una cultura o unas vivencias detrás, con mucha probabilidad al hablar meterá la pata. No hay que olvidar que la mejor improvisación es la que está preparada.

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Ese bagaje al que aludes y que, sin duda, tú posees, ¿tiene algo que ver con el hecho de que al año y unos pocos meses ya sabías leer?
Todos los conocimientos que yo pueda tener se los debo a mis padres, especialmente a mi padre que me inculcó el amor por el conocimiento. Eso de que el saber no ocupa lugar es cierto. En mi caso, además, me ayuda mucho tener una memoria fotográfica, que ocupa mucho espacio en mis neuronas. También es muy importante el hecho de que me gusta aprender, soy curiosa y muy aficionada al cine. Enterarme de las cosas me apasiona.

A veces las personas que no salen en un libro son las que protestan, ¿has recibido ya reacciones y comentarios sobre ‘¡Y hasta aquí puedo leer!’?
Al principio del libro me dirijo justamente a todas las personas que no aparecen en el libro, porque era imposible que saliesen todas. Mis editores, además, me dijeron que no podía sobrepasar un determinado número de páginas, así que tuve que andar con cuidado porque si me pasaba contando detalles podía convertirlo en un texto aburrido, lleno de cosas innecesarias. He ido directa al grano y las personas que aparecen es porque realmente han tenido algo que ver conmigo a lo largo de mi vida.

En el libro hablas de la trastienda de la televisión.
Sí, yo quería que el lector dispusiera de una visión de la trastienda televisiva, porque de eso no se habla nunca y yo la viví en primera línea. Pensé que me lo agradecerían, dejando aparte los líos que hayan podido existir entre personas.

Como no podía ser de otro modo, aparece Chicho Ibáñez Serrador, ¿qué significó su presencia en tu trayectoria profesional?
Trabajar con Chicho fue como hacer un doctorado y descubrir cómo se mira la televisión desde el punto de vista profesional. Con él estabas aprendiendo constantemente. Tenía un olfato enorme para saber qué es lo que iba a gustar y qué es lo que no, conocía donde estaba el límite de lo políticamente correcto y no lo cruzaba, pero llegaba a ese límite. No sé si hoy se podría hacer lo que él hizo entonces. Fue pionero en mucho aspectos.

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Desde entonces hasta hoy las cosas han cambiado mucho, sobre todo en lo referente a la incorporación de la mujer al mundo del trabajo, ¿no?
Cuando empecé, trabajaba en un medio que estaba dominado por hombres. Incluso en mis tiempos de empleada de una agencia de publicidad, la única mujer era yo. La televisión ha experimentado un cambio enorme. Ahora hay muchas mujeres detrás de las cámaras, en tareas de producción, etcétera. Entonces se ocupaban de la peluquería y del vestuario, eran poco más que bustos parlantes o chicas florero. A Chicho se le ocurrió que yo presentase ‘Un, dos, tres’ y, como él mandaba mucho, la idea fue adelante.

Sigamos con la televisión: ¿antes era mejor que ahora?
Eso es mentira. Reniego. Ningún tiempo pasado fue mejor. Yo vivo el hoy y espero vivir el mañana. Lo único que permanece es el cambio, la tecnología he evolucionado enormemente. Hoy tenemos muchas posibilidades: desde cambiar de canal o poner un deuvedé, hasta apagar la televisión, una opción que de vez en cuando es muy sana. No se puede comparar, sin olvidar la guerra de audiencias, las redes sociales, twitter…

Aparecer en la pequeña pantalla implicaba gozar de mucha popularidad, ¿cómo se lleva eso?
Para mí forma parte de la letra pequeña que la gente no lee. Cuando sales en un medio de comunicación, sobre todo la televisión, entras en las casas sin pedir permiso, mientras la gente está en pijama o en calzoncillos. Por tanto, has de aceptar la situación y atender a las personas bien, siempre que se acerquen a ti con respeto y educación.

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Trabajaste para la Trinca en el programa ‘Luna de miel’, ¿cómo eran como jefes Josep Maria Mainat, Toni Cruz y Miquel Àngel Pascual?
Fue una experiencia distinta. Tenían a su favor que sabían lo que era estar en un escenario y ponerse delante de una cámara, conocían la servidumbre del profesional y la respetaban. En el primer ensayo del programa ‘Luna de miel’ acabamos a la una de la madrugada y el realizador nos dijo que a las ocho del día siguiente había que estar en el estudio. Toni Cruz le dijo que no, que de eso nada, que Mayra tenía que dormir ocho horas porque el profesional, ante la cámara, ha de poner buena cara y eso solo se conseguía con descanso.

Precisamente con ‘Luna de miel’ superaste el share de ‘Un, dos, tres’, ¿qué sentiste en aquel momento?
Lo superé y lo dupliqué. Sentí una enorme satisfacción, tanta que casi, casi, creo en Dios aquel día.

Sin duda, el momento más duro de tu vida se produce cuando te detectan un cáncer. Para que tu marido no recaiga en su depresión, decides afrontarlo todo en primera persona, ¿hay que ser muy fuerte para hacer eso, no?
O ser tan inconsciente como yo. Sabía lo importante que soy para mi marido, lo que significo para él y lo que le iba a afectar la noticia. Cuarenta años a su lado dan para mucho, lo conozco perfectamente y sé de qué pie cojea. Le mentí todo lo que pude y le expliqué que el cáncer me lo habían cogido a tiempo. Yo misma firmé todas las autorizaciones para que me operasen, incluso para que me partieran la mandíbula, si era necesario, durante la operación.

En las memorias desvelas que en Mayra Gómez Kemp se esconde una peluquera, una habilidad desconocida en ti por el público.
[Mayra se gira y me enseña su peinado] Soy tan osada que he llegado a cortarme el pelo yo misma. Siempre pensé que, si no me iba bien en la televisión, podía montar un negocio de este tipo, porque las mujeres, por muy mal que estemos, no dejamos de ir a la peluquería al menos un par de veces al mes.

La última por hoy: de todo lo que has hecho en tu vida profesional, ¿con qué momento te quedas?
Me encantó conocer a Jacques Cousteau. Jamás pensé que estaría en mi mano conocerle y, además, entrevistarle. Probablemente, le admiraba por haber leído mucha ciencia ficción. Estaba muy familiarizada con la ecología y preocupada por el desarrollo sostenible. Cousteau me parecía un adelantado a su tiempo. Una sociedad ha de medir el grado de su civilización por la forma en que trata a los otros seres vivos con los que convive en el planeta. Como somos capaces de pensar, creemos que estamos autorizados a todo y yo no estoy de acuerdo con eso.
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