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Etiquetas:   Política   -   Sección:   Opinión

Actitud ética

El excesivo afán de enriquecimiento de algunos, a costa del perjuicio causado a los demás
José Manuel López García
jueves, 11 de diciembre de 2014, 08:12 h (CET)
La utilidad y necesidad de la ética son evidentes, tanto en la vida individual como en la social y política. El funcionamiento coherente de la sociedad no es realmente posible, si no se respetan las normas morales. En estos últimos años, en los que han aflorado numerosos casos de corrupción económica y política, es más necesaria que nunca la ética en relación con los comportamientos de los políticos y de los ciudadanos.

La raíz de estos problemas está, a mi juicio, en el excesivo afán de enriquecimiento de algunos, a costa del perjuicio causado a los demás. Y la actitud correcta y racional es, en realidad, la cooperación para la obtención de beneficios justos, sin perjudicar buscando el máximo rendimiento económico caiga quien caiga.

Es posible a través de la prudencia y la cooperación, la construcción de un mundo diferente, más justo y solidario. Y esto se logra con la potenciación de actitudes éticas colaborativas basadas en la compasión y la justicia.

Si bien es cierto, que en la Atenas antigua la participación de los ciudadanos en su organización política democrática era directa, esto no suponía que la asistencia fuera masiva. Se sabe que el quórum necesario para algunas decisiones era de 6.000 ciudadanos respecto a los 18.000 asientos existentes en la colina del Pynix. Esto no impedía que los asuntos se debatieran y discutieran buscando las mejores decisiones políticas, en relación con el bienestar de Atenas.

Actualmente, existen técnicas asamblearias que pueden ser utilizadas, en el ámbito político, a través de las redes sociales y de otros medios digitales, para que los ciudadanos y sus representantes participen, activamente, en la elaboración de propuestas, medidas, programas, etc. Aunque la colaboración y participación presencial también es esencial.

En el fondo, se trata de que exista una integración mucho mayor entre la política y la ética. En la Antigüedad grecolatina no estaban disociadas.

Se comprende perfectamente que el economista Jeffrey Sachs escriba: «De poco sirve tener una sociedad con leyes, elecciones y mercados si los ricos y poderosos no se comportan con respeto, honestidad y compasión hacia el resto de la sociedad y hacia el mundo». En cierto modo, este es el tema clave, que explica lo que está sucediendo en este neocapitalismo liberal en el que estamos inmersos los ciudadanos. El modelo de funcionamiento del capitalismo actual debe cumplir una serie de normas éticas que benefician a todos.

Además, la democracia comunicativa debe hacerse realidad por medio del diálogo cívico sereno centrado, sobre todo, en alcanzar una justicia social que es lo más prioritario para la totalidad de la ciudadanía.

Apostar de forma clara y rotunda por la excelencia en todos los campos, y no por la mediocridad es algo deseable y que dará grandes resultados, sin olvidar que es imprescindible eliminar la exclusión, y cualquier tipo de marginación. Para esto sirve la ética, y para una transformación efectiva del mundo, en busca del bienestar de todas las personas.

Desde el punto de vista de la crisis económica, que empezó hace unos seis años, no es ético ni racional que como escribe Adela Cortina: «Y con estos antecedentes, se exijan sacrificios a los peor situados, a los que no gestionaron la catástrofe ni tuvieron parte en ella». Algo que no deberían olvidar los políticos que desempeñan tareas de gobierno, y que también es un planteamiento ético que posee un interés y validez general, porque expresa una afirmación irrefutable.

Merkel y la UE no disponen, a mi juicio, de ninguna justificación moral para pedir sacrificios a los países europeos que tienen problemas de ajuste del déficit, etc. Pueden utilizarse mecanismos de reajuste económico, que no impongan sacrificios injustos e inmerecidos a los ciudadanos.
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