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Etiquetas:   Punto crítico   -   Sección:   Opinión

Sanguijuelas pirenaicas

Raúl Tristán

jueves, 25 de enero de 2007, 21:52 h (CET)
Hace unos días, podíamos leer en un medio aragonés, las clarificadoras palabras del Presidente de Aramón:

"El urbanismo es la única forma de amortizar la inversión en la nieve".

Creo que no puede haber una declaración de principios más aberrante, más usurera y más repugnante que la que se extrae de dicha afirmación, por lo demás de una absoluta falta de criterio, de razonamiento lógico desde los puntos de vista medioambiental, sociológico e incluso atropológico cultural.

Las cumbres aragonesas padecen la falta de una Ley de las Montañas que las protejan, precisamente, de este tipo de desmanes especulativos, cuyos patrocinadores gozan en Aragón de carta blanca para actuar.

Y es precisamente por la existencia de fuertes lobbys empresariales / institucionales por lo que una Ley de la Montaña no ha salido adelante en Aragón, pese a contar con el apoyo de la inmensa mayoría de los ciudadanos.

Todos estamos de acuerdo en que las gentes de nuestros valles y montañas necesitan de un gran esfuerzo inversor, de planes de desarrollo que impidan la despoblación y lleven hasta sus pueblos los servicios y comodidades de los que gozamos en las urbes. Pero son precisos estudios que nos indiquen, en cada zona, las actuaciones que resultan más adecuadas con el fin de desarrollarlas sin alterar, por contra, el entorno, la forma de vida, los usos y costumbres.

Y desde luego, el turismo de nieve, lejos de ser motor de desarrollo sostenible, constituye un importante factor de alteración del ecosistema, entendido como tal, es decir: entorno, poblaciones, seres vivos, cultura,...

La dichosa frase dice abiertamente lo que todos sabíamos: que extender las pistas de esquí, como un cáncer que devora la vida, no resulta rentable en Aragón, una tierra que tiene problemas de agua, pero también de nieve. No hay nieve, y cada vez tenemos más kilómetros cuadrados de explanaciones... que luego se encargan de cubrir con un manto blanco de nieve artificial, nieve escupida por unos cañones que para llevar a cabo su trabajo con eficiencia necesitan agua (recurso escaso, como hemos dicho), energía (para obtener energía, ya se sabe... contamina, las más de las veces) y unas condiciones atmosféricas adecuadas (que cada vez se dan menos).

Pues bien, no contentos con haber intentado vendernos la increible idea de que destruir las montañas, incentivando el turismo de esquí, es una inversión en desarrollo local, ahora pretenden convencernos de que enladrillar los núcleos rurales es una tarea solidaria que llevan a cabo por el bien denuestros montañeses...

Justifican las pistas de esquí y ahora nos justifican el urbanizar, cuando ni lo uno ni lo otro son formas adecuadas de actuar en el medio montañés.

Y ¿saben lo que más ridículo resulta?, pues que los mismos que están destruyendo una de las posibles fuentes de ingresos de nuestra comunidad (un turismo que reúna naturaleza y cultura, arte, patrimonio...) pretenden convencer, a los que todavía no tienen un criterio propio y a los mismos montañeses, de que aquellos que defendemos la conservación del medio natural estamos en contra del desarrollo local.

Eso sí que es guerra sucia.

Porque nada más lejos de la realidad: quienes defendemos el medio, propugnamos un desarrollo local sostenible que sea cimiento de futuro, y no una hipoteca para generaciones venideras.

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