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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Sindicatos? ¡Va de retro Satanás!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 25 de enero de 2007, 21:52 h (CET)
El otro día leí, en la prensa diaria, que la UGT había entregado, si la memoria no me falla, unas cinco mil viviendas en alquiler a personas que las tenían solicitadas. ¡Bravo!, es posible que sea su primera reacción ante esta noticia, pero yo les recomendaría que retuviesen la interjección admirativa hasta que hayamos pasado revista a los antecedentes de dicha operación.

Conviene recordar que la principal misión de los Sindicatos de trabajadores es velar por los trabajadores en sus relaciones de trabajo con las empresas. En España existen dos grandes sindicatos: CCOO y UGT que están adscritas respectivamente al PSOE y al Partido Comunista en función de sus ideales políticos. Parece que lo lógico sería que, tanto uno como el otro, se financiaran como cualquier otra organización, o sea, de las aportaciones o cuotas de los trabajadores que están afiliados a ellos. Nada de esto ocurre en nuestros sindicatos que, a pesar de que presumen de tener un millón de afiliados CCOO y unos ochocientos mil UGT, lo cierto es que las cuotas que perciben de ellos sólo representan una mínima parte de lo que recibirían si todos los afiliados pagasen las suyas. Recuerdo que hubo un tiempo en que ambas centrales sindicales llegaron a pretender que fueran las empresas las que descontaran de las nóminas de los trabajadores las cuotas del sindicato, todo ello de forma obligatoria.

Entonces ¿cómo se las arreglan para cumplir con su cometido y atender al pago de las nóminas de los miles de empleados que tienen? Muy sencillo, acudiendo a Papá Estado para que los subvencione. Pero no se vayan a creer que con unos cuantos miles de euros, ¡qué va!, con un chorro imponente de millones que les permiten mantener a una legión de paniaguados, aparte de una cúpula estructurada como una empresa de grandes dimensiones, con sueldos acordes; de tal peso específico, por sus recursos, que ríase usted de las multinacionales estadounidenses.

No se crean que todo sea trigo limpio porque, especialmente la UGT, ha sufrido en sus propias carnes la experiencia de una mala administración, que dejó sin viviendas a una serie de trabajadores que experimentaron los efectos de perder sus inversiones. Creo recordar que Papá Estado acudió en su ayuda y que, por fin, todo se arreglo; pero esta operación nos costó a todos los españoles un puñado de millones de euros ( entonces miles de millones de pesetas) que tuvimos que pagar con nuestros impuestos. Y aquí esta el “quid” de la cuestión: ¿es lógico que todos los españoles tengamos que contribuir con nuestros impuestos a subvencionar los sindicatos de los trabajadores?, ¿es función de los sindicatos convertirse en macroempresas de la construcción subvencionadas por las arcas del Estado? Sería lógico que, si se financian con dinero del Estado, todos los españoles supíeramos qué es lo que se hace con ellos, por ejemplo: ¿Cuánto cobran el señor Méndez y el señor Fidalgo? ¿Cuántos empleados trabajan en las oficinas y cuántos contratistas y subcontratistas se benefician de sus contratas? ¿Qué se hace de los intereses de los miles de millones que recaudan?, etc.

Pero sobre todas las anteriores consideraciones existe una cuestión de principios. ¿Qué´hacen los sindicatos en beneficio de la Nación para que debamos ser todos los españoles los que los subvencionesmos? Una buena pregunta a la que tengo que confesarles no logro encontrarle una explicación satisfactoria.

A la vista de lo que se puede observar, por poco que uno se tome la molestia de seguir un poco la evolución laboral del país, su principal misión es: incordiar. Me explico, allí donde ellos suelen meter baza, que es en las relaciones entre empresas y trabajadores (que, para ello, ya están los comités de empresa y los enlaces sindicales), los problemas en vez de solucionarsea se agudizan. Es lógico, al sindicato le interesa que se hable de él y si todas las empresas lograran entenderse sin su mediación con los trabajadores, ¿para qué servirían ellos?, ¿cómo podrían justificar sus nóminas y sus gastos desorbitados? Cuando se tensan la relaciones e intervienen los agitadores profesionales ( una clase muy bien remunerada, por cierto) lo normal es que la negociación se vaya a hacer puñetas y, entonces, llega lo que más les encanta a los sindicatos: la huelga, la interrupción de la producción, que ellos ya se encargan de jalear por las calles con profusión de banderolas, pancartas alusivas a los patronos y a sus familias, y piquetes para impedir que los trabajadores sensatos ( que son la mayoría) puedan acudir a su labor ¡esta es la expresión máxima de la libertad que predican!

Y, de todo ello, se deriva que cuando usted va tranquilamente por la calle se tropiece de pronto con una serie de individuos mal carados que le miran como a un bicho raro y que le impiden continuar normalmente su camino o cuando usted espera, con impaciencia, embarcar en su avión; una multitud descontrolada le invade las pistas para que no puedan despegar los aviones o cuando usted quiere coger un taxi y le dicen que no, que no puede ser porque ¡están en huelga! Esto, señores, es una de las labores de los sindicatos que usted subvenciona con sus impuestos. para que después ¡le chinchen!

Pero ustedes me dirán ¿cómo estos miles de millones que el Estado les entrega, no los dedica, directamente, a constuir viviendas protegidas? Si, señor, veo que es usted muy sagaz, pero se olvida de que, si lo hicieran así, ¿de dónde sacarían los pobrecillos paniaguados sindicles la pasta para vivir? ¿O es que usted pretendería que se pusieran a trabajar de veras, dándole al mazo¡ hasta aquí hemos llegado!¡Ni lo sueñe, eso de trabajar: nunca.

Sería interesante saber lo que nos han venido costando, a los ciudadanos de a pie, los miles de huelgas legales y salvajes que se han producido a lo largo de nuestra reciente democracia.Les aseguro que la cifra sería astronómica, sin contar con los miles de empresas que, por culpa de la intervención sindical, han tenido que cerrar y despedir a todos sus trabajadores. Les habla una persona que ha dedicado cuarenta años de su vida a esta especialidad y les aseguro que tengo experiencia sobre la materia.

Debo añadir que ha existido una gran diferencia entre los sindicatos españoles y los de otros países, por ejemplo Alemania. Son igual de reivindicativos, pero están mejor preparados y saben perfectamente hasta donde se puede tensar la cuerda aunque,con la misma frnqueza debo reconocer que tampoco los empresarios españoles se parecen a los de aquel país, al menos los que yo conocí hace unos años.

Lo que parece evidente es que no es misión de los sindicatos dedicarse a amasar un patrimonio dedicándose a actividades para las que no han sido constituidos. Lo que sí queda patente es que, el Estado, al menos el gobierno que ahora nos toca soportar, mejor haría dedicando los impuestos que recauda a otras obras sociales mejores que a nutrir las arcas, ya de por sí repletas, de unos sindicatos que ya han perdido, estando en una democracia representativa, gran parte de las funciones que, en su día, justificaron su presencia en la escena social. Ahora, si les parece pueden gritar su ¡Bravo!, pero, lo siento, yo no los voy a acompañar porque prefiero decir: ¡Carajo, sí que nos han jodido!

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