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Opinión
Etiquetas:   Tiempos modernos  

Las crisis del museo

Mar Berenguer

miércoles, 24 de enero de 2007, 21:14 h (CET)
La Ministra de Cultura ha recordado en 2007 la imparcialidad y la objetividad que ha de regir los procesos de adjudicación de cargos públicos, desplazando así la acostumbrada “tecnología digital” con la que hasta ahora se elegían determinados puestos. En su “Código de buenas prácticas en museos y centros de arte”, Carmen Calvo, propone que los directores de museo sean elegidos mediante concurso público. Este código, se debe en gran medida a las duras críticas recibidas por la actual gestión del Centro de Arte Reina Sofía. En una entrevista publicada recientemente en “El País”, la directora del centro, Ana Martínez de Aguilar, afirmaba: "Si el museo no estuviera en crisis, estaría muerto".

Se habla de desapariciones, obras innecesarias, artistas contrariados y hasta tráfico de influencias. Suposiciones o no. La directora del museo, ha defendido la necesidad de los cambios realizados y utiliza ese vocablo que en Occidente suena agónico y en China es sinónimo de “oportunidad”.
En realidad, cuando de cultura se trata, la concienciación de una comunidad sobre el valor que representa el descubrimiento e interpretación de su patrimonio, y los beneficios educativos que de éste puede obtener, debería ser una de las apuestas permanentes de cualquier modelo de gestión museística.

La preocupación por el público en la historia de los museos, se remonta a principios del siglo XX. En 1918, en el Museo Nacional de Copenhague, Thomsen, su director, explicaba personalmente al público la clasificación de los objetos expuestos por primera vez según las tres edades prehistóricas, prestando una atención especial a los campesinos, de quienes dependían los futuros hallazgos. Los Museos Reales de Arte e Historia en Bruselas, en 1922, crean los primeros departamentos de educación para atender las necesidades informativas del público por medio de visitas guiadas. Tras la II Guerra Mundial; los profesionales de los museos se vieron obligados a reorganizar y reinstalar los fondos, volviéndose a plantear la exposición, lo que favoreció una toma de conciencia colectiva de la necesidad de hacer más asequibles las colecciones para un público cada vez más amplio, debido a la generalización de la educación básica, pero también de cuya aceptación dependían las subvenciones estatales. Este trabajo se realizó fundamentalmente a través del ICOM, que desde 1948 llevará a cabo una importante labor de reflexión colectiva a nivel internacional.

Actualmente, nuevos públicos con nuevas demandas, se han añadido al visitante incondicional. Los museos tradicionales, enfrentados a la competencia de las nuevas ofertas privadas y a las nuevas demandas, han dejado de ser venerables almacenes de curiosidades y han tenido que renovarse o morir.

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