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Rolandodependencia, Barrufet y otras cosas

Herme Cerezo
Herme Cerezo
miércoles, 24 de enero de 2007, 21:14 h (CET)
Ahora que ya se han jugado los tres partidos de la fase inicial del Campeonato del Mundo de Balonmano, que se celebra en Alemania, ahora que España, con cierta soltura y pocas dificultades (lo de Egipto fue la incógnita del partido inicial, lo de siempre, vamos) va subiendo peldaños, creo que es momento de hacer unas reflexiones sobre el juego de nuestra selección.

Y la primera reflexión que asalta mi mente es la Rolandodependencia. A fecha de hoy, no creo que quede alguien que ignore que la principal fuente de ocasiones de gol materializadas y de penalties provocados por España procede de la conexión Chema Rodríguez-Rolando Uríos. Una conexión que, además, se amplía a Juancho Pérez en los contraataques y, en ocasiones, a Garaballa en el juego posicional. Nuestra primera línea vive del jugador hispano-cubano que, listo y hábil donde los haya ― coge balones inverosímiles, ¿qué tiene este hombre en las manos en lugar de dedos? ― saca un partido más que notable de todo lo que recibe. Pero claro eso tiene su vertiente negativa. Y es que los contrarios, tontos ellos, lo saben y con trabajo de ayudas defensivas pueden cortar esta lucrativa fuente de peligro para el combinado hispano, con lo que los goles a favor pueden menguar bastante.

La segunda reflexión que se me ocurre gira en torno a nuestro ataque. Mientras los extremos (Juanín, Roberto García o Víctor Tomás) están cumpliendo con solvencia y efectividad, no podemos decir lo mismo de la primera línea, que adolece de tiro exterior, si exceptuamos a Belaustegui y algunos ramalazos aislados de Garralda, Alberto o Raúl Entrerríos. Nuestros laterales buscan preferentemente el juego combinativo con segundas líneas ― normalmente Rolando Uríos, como ya se ha dicho ― o la penetración (Iker Romero, Garralda, Demetrio), con y sin balón, a las cercanías de los seis metros. No sé qué ocurrirá cuando España se tope con un rival que reparta caramelos hasta en el pasaporte. No puedo saberlo, pero es razonable pensar que podemos pasarlo mal. Bastante razonable, sin duda. Y bastante mal, también.

Una tercera reflexión, ésta defensiva. Juan Carlos Pastor viene utilizando mayoritariamente la defensa 5:1, que baja a 6:0, en momentos puntuales (normalmente cuando no le quedan más narices) y cambia a 4:2 en ocasiones, si el rival se encuentra en inferioridad numérica. El trabajo de avanzado lo desempeñan preferentemente David Davis y Roberto García. Ambos son jugadores rápidos, con buenos desplazamientos, pero, a mi juicio, con poca envergadura, lo que origina que los primeras líneas rivales, centrales preferentemente, eludan su presión por potencia y sean origen de exclusiones. También resultan insuficientes para el trabajo de ayudas, porque por la zona derecha de nuestra defensa, tenemos un agujero notable y los rivales, el primer día Egipto y hoy la Repúblicas Checa, han conseguido superioridades con cierta facilidad. El lado positivo de esto hay que verlo en que están cortando bastantes balones, que propician fructíferos contraataques e incluso fuerzan malos pases del adversario, incluso fuera directamente. Cuando estamos en 6:0 la cosa mejora, pero creo que dejamos jugar a los rivales con demasiada libertad en la zona de 6-8 metros y un principio básico del balonmano dice que esa zona es mía y si alguien quiere tirar, que lance desde fuera de la línea de puntos, porque si entra ya sabe lo que le espera.

La cuarta reflexión es bastante preocupante ― qué agorero estoy hoy ―, a mi juicio. Barrufet aún no entró en el Mundial, aunque sí lo hizo Hombrados. Barrufet ha sido desde hace muchos años un fijo e imprescindible bajo el dos por tres, santo y seña de la escuadra española. Su calidad es incuestionable y muchos partidos, no sólo de la selección sino también de su club, el C.F. Barcelona, los ha ganado él solo con su presencia y su indumentaria amarilla ― ¿por qué te la has quitado, David? ―. Pero no lo veo en este mundial. No. Y España lo va a necesitar. Y mucho. Ojalá se esté reservando para los "momentos estelares".

Acabo. Que el miércoles comienza la segunda fase de este Mundial, que España entra en ella como primero de grupo con dos puntos y que daneses, húngaros, croatas y rusos, no hagan caso del orden, parece que serán nuestros rivales en los próximos días. Y puestos a pedir, que Dios no reparta suerte, que nos la dé directamente a nosotros y a ver si nos podemos traer el segundo mundial para casa. Porque ganar un mundial te mete en la elite, pero también te obliga a dar la talla. Y eso no siempre se consigue. Pero, al menos, intentémoslo.

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