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Etiquetas:   Con permiso   -   Sección:   Opinión

Bandas latinas y la dejación de autoridad

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
miércoles, 24 de enero de 2007, 21:14 h (CET)
Lo que menos me gusta de la labor de las autoridades, de todas las autoridades, es tener que armarse de valor para salir a los micrófonos y quitarle importancia a los conflictos sociales, políticos o laborales que surgen durante su gobierno. Se trate del conflicto que sea siempre habrá una autoridad que venga a decirnos que exageramos y que se trata de un hecho concreto (No, bueno, no, ellos siempre dicen “puntual”, pobres de lenguaje que son) y que “no es extrapolable a la vida ordinaria” de su ciudad, lugar de trabajo o grupo social. A las autoridades les gusta mirar para otro lado. Siempre. O son extraterrestres que sólo “pasaban por aquí”.

Eso que los ciudadanos de Alcorcón llevaban tanto tiempo viendo venir para la Delegada del Gobierno en Madrid es algo delimitado y debido a un conflicto preciso, pero bandas latinas... no, no hay en ningún lugar bajo su jurisdicción. “Faltaría más” le faltó añadir. Pasar de esa manera tan evidente supone poner las primeras piezas de un rompecabezas que... Uf, qué juego de palabras se me ocurre..., prefiero seguir por otro sitio. A ver:

Pasar de esa manera tan evidente es exactamente lo mismo que el tradicional esconder la cabeza debajo del ala. Si en Alcorcón u en otros sitios se llega a la tremenda situación del pasado fin de semana se debe también, y subrayo el adverbio, a la dejación de funciones de quienes tenían que haber evitado que se llegara a esto. El malestar permanente que manifiestan muchas de las personas a las que los medios entrevistan permiten ver una olla a presión que lleva mucho tiempo calentándose. Ésta es la mejor forma de preparar el terreno tanto a la extrema derecha y a la xenofobia como a situaciones radicales como la que incendió meses atrás los arrabales de las grandes ciudades francesas.

La tentación de los agentes políticos por suavizar lo acontecido supone cerrar los ojos a la realidad y permitir que la maldad y la violencia importada, como si fuera poca la autóctona, se implanten entre nosotros. Y conste que me estoy refiriendo exclusivamente a esa ínfima minoría de inmigrantes que han viajado hasta España con la clara idea preconcebida de delinquir, idea que les ha acompañado en cada momento de su viaje y que ahora pretenden desarrollar. Esa ínfima minoría, tan radicalmente opuesta a sus compatriotas interesados en labrarse un porvenir contribuyendo a levantar el lugar de acogida, es la que provoca que surjan aquellos que se creen predestinados a salvar a la Patria.

Fomentar la impunidad de los delincuentes, cualquiera que sea su procedencia, es darles alas y allanar el camino a los intolerantes, a los que se toman la justicia por su mano y a la Ley del Oeste. Lo estamos viendo ya en multitud de lugares donde los vecinos, ante la inacción de las autoridades patrullan sus propias calles, en sus propios coches y ¿con sus propias armas?

Nunca las maras, las terribles pandillas que asolan media América, serán tan débiles y fáciles de controlar como ahora, como hace un año, como antes de implantarse y echar raíces. Nunca serán tan fáciles de combatir. Nunca la violentísima delincuencia de países del Este de Europa estuvo tan poco y mal implantada como hace una años, hace dos. La debilidad y los complejos de los Estados les lleva a su propio declive, que corre paralelo a la fortaleza de estos grupos criminales.

Ah, que a nadie se le olvide que aquí siempre hemos tenido nuestra delincuencia propia, no hemos sido un país virginal hasta la llegada de los malhechores extranjeros, no somos mejores que nadie, bastante hemos tenido siempre en España con nuestros propios bandoleros que tan rica historia tienen. Pónganse las pilas nuestras autoridades, no cierren los ojos a la realidad ni los oídos a sus ciudadanos, son los que más pisan las calles en las que pasan estas cosas, en los despachos no suele haber batallas campales, al menos que nos hayamos enterado.

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