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Etiquetas:   A pie de calle   -   Sección:   Opinión

Bea y Jordan

Paco Milla
Paco Milla
miércoles, 24 de enero de 2007, 21:14 h (CET)
Ellos son hermanos, son gemelos, se conocen… desde siempre, quizás desde el primer segundo de la vida de ambos.

En los exámenes durante el embarazo, todo iba normal, pero cuando nacieron, Jordan solo tenia dos dedos en su mano derecha y dos dedos en el pie del mismo lado, mientras que Beatriz estaba perfecta y pletórica.

Quizás los padres al principio, pasaron alguna que otra noche en vela, pensando en “aquello” que faltaba a su hijo, para que la felicidad fuese plena.

Cuando les conocí, eran aun muy pequeños y comenzaron a acudir a mis clases deportivas. Por algún motivo entendí que el crío necesitaría una ayuda especial por mi parte, debido a lo que narro, pero poco a poco su hermana me fue enseñando que no, que yo estaba equivocado. Y fue así porque yo esperaba que quizás Beatriz le tratara también de una forma especial, motivada por su tara, pero lejos de esto su trato era de lo mas normal. Ella siempre le había conocido así, vio que él siempre se “arreglaba” bien , presenció como se hizo “zurdo” por necesidad, vivió como escribía, se vestía y evolucionaba con una autosuficiencia igualada a ella misma y por tanto no pasaba por su cabeza que su hermano necesitara de algún tipo de ayuda en ningún sentido. Esto me hizo darme cuenta de que yo debía hacer exactamente igual.

Pasaron los días, las semanas, los meses… desde aquel tatami, presenciamos como las nubes pasaban, dejando paso al sol y poco después como otras nuevas ocupaban el lugar de las anteriores, fuimos testigos de cómo el encargado del polideportivo unos determinados días, cambia el calendario que había quedado anticuado, yo fui perdiendo pelo, mientras ellos ganaban en altura, valentía, desparpajo y un día, junto al resto de los compañeros de su clase, entraron en una espiral que les nubló el cerebro, llamada “edad del pavo”… espiral por la que antes habíamos pasado los que ahora peinábamos ralo cabello.

Durante estos 25 años dedicado a mi sueño, tuve alumnos con síndrome Down,(las personas mas cariñosas que he conocido) alguna niña autista (sencillamente espectacular, de una inteligencia bestial) y algún que otro caso de lesionados en oído o vista de los que me ocuparé en otro momento pues todos y cada uno de ellos me enseñaron algo, sin duda alguna. Todos ellos enseñan, sobre todo enseñan, aunque ellos y ellas no sean conscientes de ello.

Por resumir diré que, además de otros 15 compañero suyos, Beatriz y Jordan, son desde ayer cinturones negros. No sé si son mas fuertes que antes, mas autosuficientes, mas preparados para el futuro, pero me quedo con que nunca perdieron la sonrisa. Se le llena a uno el alma cuando ve disfrutar a los crios, casi casi exactamente igual que a los hijos propios. Todos sabemos la cara de bobo que se nos pone a los padres, cuando vemos disfrutar a nuestros hijos, verlos felices y sin preocupaciones, sin duda es el mejor pago.

Hoy estoy contento y satisfecho. No es esta la meta final, pero es una volante importante. No recuerdo cuantos cinturones negros alumbré en estos 25 años, pero los últimos siempre te parecen los mejores, quizás por que los primeros ya andan con hijos adolescentes y metidos en plena hipoteca. Eso si que son problemas a los que yo no les puedo ayudar.

Pues eso, que este artículo me lo dedico a mi mismo, porque si bien es cierto que no elegí un trabajo que me hará millonario, si me dio oportunidad de conocer gente como Ruben (presidente de la Asociación de Síndrome Down de su región natal), Estela, la autista mas guapa del mundo mundial y premio especialísimo a su fuerza de voluntad, Sandra y Noelia, dos hermanas con algún “problemilla” muscular y a tantos y tantas otras que entrenaron, amistaron, emparejaron en el tatami y es que la vida sigue y cada día ellos nos enseñan algo nuevo y si además llegamos a casa y vemos a nuestra familia creciendo, sonriendo y viendo pasar los días…que ya se que una primitiva es el sueño de todos, pero con fecha hoy condeno a la jodida primitiva a un eterno segundo plano. He dicho.

P.D. No quiero olvidar en este escrito a Ana Diaz y su hermano, disminuidos físicos del pueblo donde nací, que habiendo venido al mundo, con todas las posibilidades para desplazarse por su propio pie, años después, esta sagrada libertad les fue cortada, postrándolos en sillas de ruedas a ambos, pero como buenos rebeldes no se rindieron y luchan cada dia que amanece. Los he seguido y estoy bien informado de su impresionante currículum deportivo. Solo quiero deciros , que si ya para mi fue agradable que me premiaran un día ya lejano por mi pobre trayectoria deportiva, el bueno, el autentico premio fue, haberlo recogido el mismo día que vosotros… porque oigan: ellos y solo ellos elevaron el nivel hasta lo mas alto. Un placer conoceros. Algunos dicen que los que tenéis algún “problema” sois los "débiles" de la sociedad… ¿les decimos la verdad o nos lo callamos y que lo sigan creyendo?

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