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Etiquetas:   Crítica literaria   -   Sección:   Libros

'El último lector', de Ricardo Piglia

Gabriel Ruiz-Ortega
Gabriel Ruiz-Ortega
martes, 17 de julio de 2007, 23:47 h (CET)
El argentino Ricardo Piglia es uno de los más importantes narradores latinoamericanos en los últimos treinta años. Y a su labor de creador puede destacarse la de crítico literario. Esta segunda faceta es la que quiero abordar de Piglia, aquel que se preocupa por comunicar y enriquecer el imaginario de cualquier lector, combinando bien la sencillez del lenguaje con el sesudo análisis, cosa que de por sí es muy difícil de lograr. Como dicen por ahí, “la fuerza de la compleja sencillez.”

Una de las más grandes satisfacciones que me dejó el año pasado fue sin lugar a dudas la lectura de este apasionante libro. Pero antes, definamos lo que es la crítica literaria: ¿qué es?, ¿quién la debe hacer?, ¿qué lenguaje usar? Preguntas sencillas, en apariencia, pero que a la vez nos brindan los alcances que debería tener un crítico o aspirante a crítico, y este posible crítico tiene que cumplir por lo menos con un par de suscripciones: la lectura compulsiva y la capacidad de especulación. Eso es lo que la crítica literaria debe ser, pura especulación.

Piglia es muy valorado como narrador gracias a un par de novelas que deben ser leídas por cualquier persona dedicada a la letras: La ciudad ausente y Respiración artificial. Ambas tienen la cualidad de tener a la literatura misma como foco de desarrollo, utilizando un lenguaje llano, diáfano, pero a la vez sumamente hermético, del cual pueden desprenderse no pocas interpretaciones. Pero si esta riqueza textual es patente en sus libros de ficción, imagínense de lo que ha hecho en textos de crítica literaria como Crítica y Ficción y Formas Breves, en los que ha conjugado el punto de vista personal con la objetividad del conocedor. Podemos o no estar de acuerdo con Piglia, pero es axiomático que para especular él es un grande.

Leer los ensayos de Piglia es confirmar lo que siempre se ha dicho y que muchos literatos apegados a la jerigonza académica (la misma que solo puede ser leída por un par de gatos aburridos) se esfuerzan por negar (cuándo no): que la mejor crítica literaria es la ejercida por los mismos creadores. No hay texto crítico de verdadera importancia en la historia de la literatura que haya salido de los predios de la academia. Duela a quien le duela.

Por eso es tan gratificante leer este último libro de Piglia. Este delicioso libro está construido desde la base de la autobiografía. Esto llama la atención puesto que meter mano a la autobiografía es un peligro, peligro tan tentador como desgarrador, por el cual el autor logra explicar el desarrollo de la literatura contemporánea desde la misma literatura, llegando a declarar su personalidad lectora. Fascinante.

Por supuesto, puede objetarse que Piglia se valió del artificio para esgrimir El último lector. Y qué tiene de malo, basta este influjo de novedad para ver la propuesta que no es otra cosa que el gran acierto del autor para darle una mirada en la que se acrisolan las pasiones, desdenes y desbordes que genera la lectura, y por ende, explicarnos su apego a autores claves en el proceso literario mundial como Kafka, Tolstoi, Joyce y Borges.

Piglia logra con El último lector lo que sostiene: generar la personalidad lectora en el otro, entender lo que se ha leído cuando se escribe, descubriendo un mundo paralelo al real, constituido además por lo que se narra, y eso es lo que Piglia nos quiere decir con ahínco, que mientras haya alguien que sueñe y escriba, será el complemento de la gran tradición literaria constituida por los escritores. Es irrefutable que con esta idea no se piense en Borges, pero Piglia reactualiza esos conceptos borgianos para ejercer en ellos una vuelta de tuerca, lo cual, nos lleva a valorar a la escritura y su base lectora como motor inacabable y reciclable que la coloca por encima de las otras artes.

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