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La tolerancia no sirve para combatir el islamismo

RIA Novosti
Redacción
martes, 23 de enero de 2007, 21:02 h (CET)
Ya se ha hecho axiomático que el islamismo va echando sus raíces en Europa, despejando el camino para Al-Qaeda, su destacamento de choque, que campa por sus fueros gracias a un carácter "demasiado civilizado" de oposición europea a los extremistas islámicos.

Las normas de inmigración europeas refrenan poco a los islamistas que son religiosos radicales, predicadores de la supremacía del Islam y expertos en actos terroristas.

Lo que les más conviene a los islamistas es la cortesía política europea que les permite lanzar impunemente ataques antioccidentales y anticristianos, amenazar al pontífice romano por citar un pasaje en su discurso. Pero a un europeo que se atreva a ponerse en defensa de su civilización y su religión le van a acusar de chovinismo sus propios conciudadanos que están dispuestos a tolerarlo todo para apaciguar a los fanáticos. Muchos países musulmanes están inundados de libros de pacotilla que arrojan lodo sobre el cristianismo y judaísmo. Pero no bien un europeo pone en cuestión alguno de los postulados del Islam tendrá que esconderse de la venganza de los radicales islámicos, como ocurrió con el científico francés Robert Redeker y aun antes, con el escritor Salman Rushdie, ciudadano británico.

Es a Gran Bretaña a la que los islamistas consideran un eslabón flojo de la cadena europea, y no en vano Al-Qaeda escogió este país como blanco de sus ataques. Esto lo confirman los atentados terroristas en el metropolitano de Londres, en julio de 2005, las tentativas de perpetrar actos terroristas en las líneas aéreas británicas en agosto pasado, los planes recién descubiertos de una treintena de atentados. Los islamistas perciben las realidades del mundo exterior a través del prisma de sus propios dogmas, estimando los valores democráticos como muestra de debilidad del Estado. Esta es la razón por la cual Gran Bretaña les parece un país de libertad absoluta donde ellos pueden imponer sus propias reglas y condiciones. Por algo a la capital la llaman irónicamente "Londonistán". Los islamistas ya exigen que los musulmanes británicos acaten leyes musulmanas y no británicas.

Entre los países de la civilización occidental hay aquellos en que los fanáticos islámicos o se comportan quietos o no se asientan. Por ejemplo, Australia. La fórmula de represión es bien simple: si no les conviene nuestro sistema, el camino hasta el aeropuerto más cercano está libre, y en lo sucesivo, cuando llegas un país ajeno, donde estuvieres haz lo que vieres. No tiene sentido tratar de meter en razón a los fanáticos. Se les puede aplicar únicamente una postura rígida e irreconciliable, para combatir con éxito el terrorismo internacional es preciso apaciguar el islamismo, extirpando sus raíces en Europa y Cercano Oriente junto con la mayoría de los países islámicos que quieren mantener relaciones normales con el mundo exterior. Si el terrorismo se ve privado de su caldo de cultivo será posible acabar con el mismo más rápido posible.

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RIA Novosti.
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